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EXAMEN DE CONCIENCIA
Los 40 años del Club Gente de Prensa -entidad que reúne a periodistas de inspiración cristiana dispuestos a cumplir su labor profesional con rigor ético- constituye una ocasión privilegiada para hacer un examen de conciencia sobre el ejercicio de nuestra profesión.
No se trata de una actitud cosmética para congraciarnos con la gente, ni una suerte de autoflagelación masoquista. Tampoco queremos caer en una postura hipócrita ni maniquea, porque no somos mejores que nadie. Pero consideramos que es tiempo que los periodistas, que pedimos autocrítica a todo el mundo, hagamos la propia. Por lo menos, los miembros de esta institución. Creemos, realmente, que debemos ponernos humildemente delante de Dios y de los hombres para pedir sinceramente perdón por nuestros errores y comprometernos a ser mejores.
Nos inspira el ejemplo del Papa Juan Pablo II, quien consideró al Gran Jubileo de 2000 como una oportunidad para purificar la memoria y revitalizar la fe. Nosotros quizá llegamos tarde, pero estamos convencidos de que nunca es demasiado tarde para hacer rectificaciones y procurar ser mejores, aceptando las propias limitaciones y debilidades.
Tenemos claro que nuestra primera obligación como cristianos que ejercemos el periodismo es hacer bien nuestro trabajo. En todo caso, nuestra fe conlleva un compromiso mayor. Para nosotros, el lector, el oyente y el televidente son también nuestro prójimo. No dudamos que, en la hora final, deberemos rendir cuentas de nuestra actuación ante el Señor.
Por eso, queremos pedir perdón.
Porque no siempre:
• Buscamos la Verdad, perseguimos la veracidad de los hechos y opiniones, nos esforzamos realmente por la promoción de los auténticos valores, ni defendimos la vida, la familia, la libertad, la justicia, la paz, el diálogo, la amistad social y la reconciliación.
Porque no siempre:
• Condenamos con energía la violencia de cualquier signo, en desmedro de los derechos humanos, ni investigamos o denunciamos con vigor presuntos hechos de corrupción.
Porque no siempre:
• Vimos en el oyente y en el televidente a nuestro prójimo, como tampoco partimos de la base que el protagonista de la noticia es una persona con dignidad y derechos.
Porque no siempre:
• Informamos con rigurosidad; chequeando la información con más de una fuente, tratando de reflejar todas las campanas, y sin sucumbir a la tentación del sensacionalismo.
Porque no siempre:
• Ofrecimos la posibilidad de aclarar su posición a los involucrados en nuestras crónicas y comentarios, ni respetamos los derechos a la intimidad y a la honra.
Porque no siempre:
• Evitamos manipular la información con fines espurios o ceder ante presiones e intereses ideológicos, partidarios, sectoriales o económicos.
Porque no siempre:
• Ofrecimos elementos objetivos para que el público se forme una opinión, y -en cambio- nos convertirnos con frecuencia en fiscales y jueces implacables.
Porque no siempre:
• Evitamos caer en el pecado del escándalo y la desesperanza.
Porque no siempre:
• Tuvimos en cuenta en nuestra labor a los pobres y excluidos o defendimos claramente un orden económico y social que tenga como centro a la persona humana.
Porque no siempre:
• Nos preocupamos por formarnos profesional y espiritualmente, ni por ser solidarios con nuestros colegas.
Porque no siempre:
• Dimos un testimonio cristiano en nuestros ámbitos de trabajo.
Porque no siempre:
• Aceptamos nuestros yerros profesionales y pedimos disculpas.
Esperamos poder reparar en cuanto sea posible el mal causado. Nos sentimos interpelados y desafiados a ejercer mejor nuestra profesión.
No queremos terminar sin destacar signos de esperanza en el ejercicio actual de nuestra profesión:
- El creciente número de jóvenes que quiere capacitarse seriamente para la comunicación social en numerosos centros de estudios y universidades.
- La continuidad y surgimiento de nuevos espacios de debate sobre el ejercicio de nuestra profesión.
- El mayor espacio y valor asignado en los medios de comunicación a los hechos solidarios.
Y tampoco queremos dejar de mencionar a quienes nos precedieron en el ejercicio de la profesión y dieron un testimonio de honestidad y rectitud ejemplar que llegó a costarles la pérdida de la libertad y hasta la vida.
Para todos ellos pedimos un fuerte aplauso.-
(*) Desde 1963 el Club Gente de Prensa reune a periodistas cristianos interesados en fomentar un mayor conocimiento, amistad y colaboración creando fuentes de información recíproca y proponiendo iniciativas que, de alguna manera, hagan más eficaz su labor en el plano cultural, técnico y moral. El Club ha tenido una participación destacada en la organización de los Congresos de Comunicadores Católicos -propuestos por la Comisión Episcopal de Comunicación Social- de Mar del Plata, Rosario y Buenos Aires.
El Club es miembro por derecho de la Unión Católica Latinoamericana de Prensa (UCLAP), con sede en Quito (Ecuador) y actúa en el país como entidad representativa de la Unión Católica Internacional de la Prensa (UCIP), con sede en Ginebra (Suiza). En uno de sus congresos mundiales, José Ignacio Lopéz, en representación del Club, fue firme candidato a presidir esa organización internacional. En 1972 Buenos Aires fue sede de una asamblea de la UCLAP, presidida por el doctor César Luis Aguiar. Se realizó en el auditorio del Banco Ciudad de Buenos Aires. En esa reunión, a la que acudieron representantes de países de todo el continente fue elegido presidente de la UCLAP el presbítero Agustín Luchía-Puig, por entonces director del semanario Esquiú. En 1974, Buenos Aires fue sede del Congreso Mundial de la UCIP, que se realizó en el Centro Cultural General San Martín, con la presencia de delegados de varios contienentes. Estuvo presente el presidente del Consejo para las Comunicaciones Sociales de la Santa Sede, el obispo polaco Andrzej Deskur, entrañable amigo del futuro papa Karol Wojtyla.
http://www.clubgentedeprensa.com.ar
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