Por Helena Ospina de Fonseca
¿Sabía usted que promover una conducta sexual responsable, mediante una auténtica educación sexual respetuosa de la dignidad del varón y de la mujer -que no los considera meros instrumentos de placer y “objetos” para ser usados- es la mejor campaña contra el VIH/SIDA? Que informar a los usuarios del condón –como se hace por ley a los fumadores en las cajetillas de cigarrillos- de que el preservativo no ofrece el nivel de protección contra el SIDA es una acción legal que se debe acometer contra fabricantes y Ministerios de Salud que los facilitan. Que colaborar en campañas de “sexo-seguro” promotoras del uso de profilácticos contribuye a la promiscuidad responsable de aumentar la pandemia y agravar el problema de la infección. Que propiciar campañas de educación sexual de “sexo-seguro” es respaldar los intereses económicos de los productores de preservativos y aliarse al neo-colonialismo de ideologías de poder contra los pobres con el “control de la población”. Que investigar sobre la seriedad científica del nivel de la eficacia “técnica” que el preservativo no posee es un acto de responsabilidad profesional. Que entregar en campañas de “sexo seguro” un condón significa no sólo evitar el contagio (científicamente desmentido), sino inducir a la persona a pensar que toda forma de sexo es lícita. Que “confiar en los preservativos es coquetear con la muerte” (Dra. Helen Singer-Kaplan, Human Sexuality Program, Weill Cornell Medical Center, Universidad de Cornell, N. Y.). Que desatender una adecuada educación encaminada al abandono de ciertas prácticas sexuales de riesgo a favor de una sexualidad equilibrada –como la abstinencia prematrimonial y la fidelidad marital- es perpetuar la pandemia.
¿Sabía usted que la Iglesia católica proporciona el 25% del total de las atenciones a nivel mundial contra la pandemia de VIH/SIDA? Que el SIDA es una típica epidemia de difusión por la conducta, y si estas conductas cambian el SIDA puede ser detenido sin una intervención profiláctica específica. Que la mejor lucha contra esta pandemia es ocuparse de la conducta sexual desordenada. Que mientras no haya educación hacia una seria responsabilidad en el amor, mientras no se le conceda la suficiente importancia a la dignidad –especialmente de la mujer-, mientras sea ridiculizada la fidelidad de la relación monogámica, mientras se distribuyan preservativos a los jóvenes en las fiestas y a los niños en las escuelas, mientras se difundan estilos inmorales de vida y toda forma de experiencia sexual sea vista como positiva, mientras no se garantice a los padres poder dar adecuada formación a sus hijos… no será posible acertar en el rumbo que exige este debate sobre ética sexual.
Estas preguntas y cuestionamientos científicos de organismos internacionales sobre cómo combatir la pandemia del VIH/SIDA pueden consultarse en el último documento de Alfonso López Trujillo sobre “¿Qué es y qué no es el sexo seguro” (Ediciones Palabra 2004).
(*) Helena Ospina, Catedrática, Universidad de Costa Rica.
Arvo Net, 21 de diciembre 2004.
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