| Por Joaquín Lavín, Alcalde de Santiago de Chile
Periodista y Economista
En el Congreso Internacional: "La grandeza de la vida ordinaria"
Roma 8 al 11 de enero del 2002. Centenario del Nacimiento del Beato Josemaría Escrivá.
Conclusiones del panel: "Familia y profesión, un desafío cotidiano".
Documento publicado en el CD Rom interactivo
LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA,
Pedidos: Belén Sáez, bsaez@iese.edu (Telf. +34 93 253 64 20, Fax: +34 93 253 43 43).
IESE Publishing. Av. Pearson 21, 08034 Barcelona, Tel. 34 93 253 42 00
Puede verse demo en: www.presston.com/cd2002
En esta intervención se estudia un tema tan amplio y complejo como es el de familia y política, a través de la experiencia y testimonio de una persona que desde hace más de 10 años se ha dedicado al servicio público de su país. Se parte de lo que el autor considera como objetivo último de la política y se muestra cómo las medidas políticas afectan la vida y el desarrollo de la institución familiar y cómo los cargos de relevancia política deben ser usados para unir y para servir a la familia antes que nada, porque a partir de allí es desde donde se puede construir una sociedad verdaderamente unida. Se estudia la manera en la que el protagonista de esta intervención hace compatible trabajo y vida familiar en el día a día, y cómo le han ayudado el espíritu y las enseñanzas del beato Josemaría.
Es difícil para mí referirme a un tema tan amplio y complejo como familia y política. Por ello lo mejor que puedo hacer es transmitirles mi experiencia, mi testimonio como un católico que lleva 10 años completamente dedicado al servicio público en un país con las características culturales, económicas y políticas de Chile.
He sido Alcalde de Santiago de Chile durante 6 años. Fui candidato presidencial perdiendo estrechamente la elección, en una segunda vuelta por 51 a 49%, en enero de 2000 hace dos años atrás, frente al actual presidente Ricardo Lagos. Hace un año fui elegido Alcalde de Santiago, la capital de mi país.
La palabra "política" está un poco desprestigiada en Chile, porque se asocia con conflictos, discusiones sin sentido y muy poca acción, muy pocas soluciones a los problemas. Por eso, más que decir que me dedico ala política, prefiero decir que me dedico al "servicio público". Por lo demás, servir es el verdadero sentido, el sentido profundo, del trabajo de un político."Hijos míos, allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres".( Conversaciones, 113)
La relación entre familia y política es muy amplia y en muchos sentidos. Que las familias estén bien y puedan desarrollarse en un ambiente de estabilidad y de felicidad es el objetivo último de la política. Recuerdo las palabras del beato Josemaría en el libro de entrevista Conversaciones, en él nos recordaba nuestra libertad en lo temporal y nuestra responsabilidad para orientar rectamente las realidades temporales a través de nuestro trabajo, sin proponernos caminos concretos en lo económico, lo político, ni lo cultural, pero siempre movidos por un afán recto y noble de mejorar la sociedad.
Hace cinco años, en esta misma ciudad de Roma, D. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, me dijo algo que para mí fue extraordinariamente inspirador. Le pregunté qué tenía que hacer un político cristiano, qué debía hacer una persona que ejercía un cargo de autoridad política y que quería ejercerlo inspirado en los valores cristianos. Su respuesta fue muy sencilla. Me dijo que una autoridad con inspiración cristiana debía buscar siempre dos cosas: servir y unir.
Es el mejor consejo que he recibido.
No es fácil, porque generalmente la política no se entiende así. Muchas veces no se llega a servir. Parte de los problemas que viven nuestras democracias tienen que ver con que las personas tienen la sensación que sus autoridades aprovechan sus cargos para servirse ellos mismos, desde el pequeño aprovechamiento, hasta actos mayores de corrupción. Esa es la antítesis del político cristiano. Servir significa cambiar el concepto de autoridad. Quienes hemos llegado a cargos por elección popular debemos ser verdaderamente los empleados de quienes nos han elegido.
Quienes somos candidatos tenemos un programa de gobierno, pero servir en su sentido más profundo significa tener la humildad para desprendernos de nuestros propios proyectos y, más que fijarme en lo que yo quiero hacer, preguntar qué necesitan ustedes, en qué los puedo servir.
Cuántas veces hemos visto que la agenda que imponen los políticos en una sociedad es muy distinta a las preocupaciones de las personas comunes y corrientes. Eso ocurre porque falta espíritu de servicio. Son los ciudadanos comunes y corrientes los que deben fijar las prioridades, los que deben decidir a qué dedicamos nuestro tiempo y cómo gastamos el dinero que nos corresponde administrar.
En general, mi experiencia es que la gente, la familias, quieren cosas sencillas pero concretas y muy importantes. En un país como el mío quieren tener un trabajo, seguridad en las calles y en sus casas, acceso a fa salud, buena educación para sus hijos, estabilidad.
Creo que si uno piensa en el servicio público con esta perspectiva, se da cuenta de que el consejo de actuar para unir y servir es, en realidad, la mejor manera de cumplir esta tarea. No es fácil, porque la política diaria está llena de situaciones en que es necesario elegir entre quedarse con esta doctrina o simplemente dejarse llevar por la corriente. Esa es la lucha que cada uno tiene que afrontar. Mi experiencia me indica que las peleas ideológicas y las discusiones con posturas intransigentes no son las que permiten avanzar. En Chile decimos que hay gente a la que le gusta "apagar los incendios con bencina". Es decir, si tú peleas, yo peleo más. Si tú gritas, yo grito más fuerte. La verdad es que así no se consigue resolver los problemas.
Por eso es tan importante "unir", porque solo rescatar lo positivo y valioso que hay en la postura del otro es lo que permite avanzar.
Mi experiencia personal de 10 años, me dice que esta forma de actuar, unir y servir, no es sólo lo que corresponde a un servidor público de inspiracion cristiana, sino que es también lo que la gente quiere, lo que las personas esperan de sus autoridades.
Antes de seguir quiero hacer unos comentarios. El primero; la relación entre familia y política es muy amplia y parte por mi propia familia. El servicio público vivido a fondo es tan demandante, tan absorbente en tiempo, cabeza y corazón, que sólo puede vivirse bien contando primero con el apoyo de la propia familia. Esa es mi experiencia personal. Es un proyecto familiar. En mi caso, mi esposa y mis siete hijos se involucraron intensamente en mi campaña presidencial. Mi esposa me acompaña ahora en mi nuevo trabajo como Alcalde de Santiago, incluso a costa de dejar de lado sus propios proyectos personales. Eso es algo que agradeceré siempre. Sin el apoyo de la propia familia es imposible tener la fuerza para llevar adelante esta vocación.
Las campañas políticas, especialmente las campañas presidenciales son también una oportunidad única para transmitir valores, y la participación de mi familia significó mucho en eso. Sólo podemos transmitir y contagiar lo que llevamos dentro. No lo que hablamos, sino lo que vivimos. Unicamente podremos transmitir los valores de la familia, de la solidadridad, del servicio a los demás, si lo vivimos realmente. Si lo que se contagia es lo que llevas dentro, entonces es indípensable tener una vida interior que te sostenga y te dé verdadera consistencia. Soy economista, y puedo decir, hablando en términos económicos, que hoy esa fortaleza espiritual que sólo da la vida interior es una ventaja comparativa del político cristiano.
El tercer comentario es que la exigencia de hoy es representar los valores cristianos en la vida pública en su integridad. En mi país sí hay corrientes políticas que ponen el énfasis en el rechazo del divorcio, el combate al aborto, pero que en el pasado han descuidado la solidaridad y la opción preferencial por los pobres. Otras ponen énfasis en las políticas sociales, pero no defienden lo suficiente los valores de la familia.
Procurar participar en la vida pública como cristiano, significa ser consecuente en todos estos ámbitos: el respeto a los derechos humanos, la opción preferencial por los pobres, la defensa de los valores morales y la familia. Todo eso y más en una sola unidad.
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