Miércoles - 23.Mayo.2012

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
El valor de la vida humana El valor de la vida humana
El valor del trabajo El valor del trabajo
El valor de la libertad El valor de la libertad
El valor de la familia El valor de la familia
La vejez El valor de la vejez
El valor de la muerte El valor de la muerte
El valor de la sexualidad El valor de la sexualidad
El valor de la moda El valor de la moda
El valor de la política El valor de la política
El valor de la verdad El valor de la verdad
Descanso, diversión, deporte Descanso, diversión, deporte
Valores de la mujer Valores de la mujer
El valor del sufrimiento El valor del sufrimiento
Matrimonio: amor, fidelidad Matrimonio: amor, fidelidad
Alegría y optimismo Alegría y optimismo
El valor de la literatura El valor de la literatura
Maternidad / paternidad Maternidad / paternidad
El valor del esfuerzo El valor del esfuerzo
 amistad, amor amistad, amor
Arte, belleza, elegancia Arte, belleza, elegancia
Sonreir, pensar y viceversa Sonreir, pensar y viceversa
El valor de ser católicos El valor de ser católicos
Economía Economía
Demografía Demografía
Cultura
Literatura
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Los secretos de tu cerebro
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.

ORATORIA PARLAMENTARIA (Gregorio Robles)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo
Documento sin título

ORATORIA PARLAMENTARIA

En la antigua Grecia a los sofistas no les interesaba tanto alcanzar la verdad a través de la razón cuanto poner ésta al servicio de los intereses de un partido político, y hacerlo de tal modo que se saliera vencedor en el debate.

Por Gregorio ROBLES
en La Razón, 22.III.200


En la antigua Grecia los sofistas se hicieron famosos como maestros de oratoria y retórica. Los jóvenes que querían hacer carrera política se acercaban a ellos para aprender el arte de decir bien las cosas en público, que es en lo que consiste la oratoria, y el arte de convencer a un auditorio, objeto de la retórica.

A los sofistas no les interesaba tanto alcanzar la verdad a través de la razón cuanto poner ésta al servicio de los intereses de un partido político, y hacerlo de tal modo que se saliera vencedor en el debate. Por no pretender la verdad, sino tan sólo la utilidad del momento, no fueron considerados como auténticos filósofos, reservándose este calificativo para Sócrates y Platón. Oratoria y retórica son, pues, actividades de segundo orden, que deberían estar sometidas a una intención superior, como la de alcanzar el bien o la justicia. Ambas son dos técnicas que pueden estar al servicio de lo bueno, lo malo y lo regular. No tienen sino un valor instrumental. Se puede uno expresar muy bien en público y tener grandes dotes para convencer a los oyentes, con independencia de la razón objetiva y del bien público que se debería perseguir. Oratoria y retórica pueden servir lo mismo al bien que al mal. Por lo tanto, en un dirigente político hemos de valorar ante todo sus finalidades reales, los objetivos que persigue, las obras y resultados concretos que ofrece.

No hay que dejarse engañar por sus palabras, pues una cosa es predicar y otra muy diferente dar trigo. Ahora bien, eso no quiere decir que haya que echar en saco roto las cualidades propias del buen orador. Supuesto lo esencial, que es la sinceridad en lograr el interés general, al político se le agradece el discurso bien estructurado, la corrección del idioma, la gracia en el decir. Y también se le valora los modos idóneos de argumentar, la convicción en sus palabras, la fundamentación de sus razonamientos. De todas las instituciones democráticas, el Parlamento es, sin duda, la sede más relevante de la oratoria y de la retórica. Es la institución donde ha de tener lugar el gran debate nacional. Lo más importante es que en las Cortes se discutan ideas y proyectos, muchos de los cuales desembocarán en leyes, y que se controle adecuadamente la acción del Gobierno. En el Parlamento cabe todo lo que afecta a la vida de la Nación. Por mucho que se hable de su crisis, su papel es insustituible. Tiene, además, una función que pocas veces es destacada. Me refiero a su papel educador y ejemplarizante. Los diputados y senadores, simplemente con hablar, transmiten toda una estética (o una antiestética) al conjunto de los ciudadanos, y con ella los valores (o disvalores) correspondientes. Me parece evidente que eso ocurre con todas las instituciones. La palabra hablada no se agota en el mero decir las cosas, sino que tiene una trascendencia muy superior. A través de ella se infunde una actitud hacia los otros, un estilo, un «ethos». La palabra de un representante del pueblo, elegido democráticamente, no es una palabra cualquiera, «privada», sino que es «pública», y eso significa que no puede ser de cualquier forma.

El insulto entre parlamentarios tiene que ser excluido. Me refiero al insulto explícito, rudo, carente de inteligencia. Lo menos que se puede exigir a un hombre público es que sepa manejarse con algo de ironía y que, si ataca, lo haga con argumentos afilados, con datos precisos, con bromas cargadas de mala idea, pero nunca con afrentas directas. Decir que «X e Y son la misma m», que «Fulano y Zutano son basura» y que «Perengano es un cobarde», o expresiones de ese jaez, podrá ser una descarga de sentimientos y mala bilis, pero es también la negación de la oratoria y la retórica. Si los sofistas resucitaran, seguro que suspendían (con nota muy baja) a estos alumnos tan zopencos. Lo menos que se puede exigir de los políticos es que sepan decir las cosas con una cierta elegancia. La crispación por la crispación ni es buena para el país ni ayuda en nada a los crispadores. Lo único que provoca es el hartazgo del personal y el desprestigio de la política, ese arte al que deberían servir tan sólo los mejores.

 

© ASOCIACIÓN ARVO 1980-2005
Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

06/07/2005 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.99:0.34
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós