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HÉROES DEL NUEVO MILENIO (Ignacio Sánchez Cámara)

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HÉROES DEL NUEVO MILENIO

Abundan los jugadores ventajistas que, con doliente mohín de eterno perdedor, apuestan siempre a caballo ganador. Del perdedor adoptan la estética, digna y abatida, crepuscular; mas del ganador toman las cartas y las bazas.

HÉROES DEL NUEVO MILENIO
Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA



ABUNDAN los jugadores ventajistas que, poniendo un doliente mohín de eterno perdedor, apuestan siempre a caballo ganador. Del perdedor adoptan la estética, digna y abatida, crepuscular; mas del ganador toman las cartas y las bazas. En el fondo, se diría que quieren combinar las ventajas de cada situación: la estética de la derrota y la cuenta de resultados de la victoria.

Y la verdad es que las dos cosas, lejos de resultar incompatibles, terminan por alcanzar una profunda armonía. La exhibición del agravio y de la queja suele ser hoy el mejor camino hacia la victoria. Los lamentos valen su peso en oro. Dejo, por supuesto, al margen de estas consideraciones a quienes padecen efectivas miserias e injusticias. Sólo me refiero a los tahúres de la justicia, que utilizan agravios reales o fingidos para obtener ventaja, para medrar.

Estamos rodeados por una nueva estirpe, quizá no tan nueva, de falsos héroes que abrazan las causas que ya no es necesario defender, o cuando ya no se corre el menor riesgo al hacerlo. Se sacrifican por los tópicos, por los ídolos de la tribu. Dan su vida y su hacienda por lo que no cuesta nada, ni vida ni hacienda. Es un heroísmo de verbena y guiñol, pura falsedad. No entro ahora a valorar la dignidad o justicia de las causas que abrazan. Lo que niego es que corran el menor riesgo al hacerlo. Por ejemplo, hacer pública declaración de homosexualidad entrañaba un grave riesgo en épocas recientes y lo entraña hoy en sociedades, muy aplaudidas, por cierto, por la progresía feliz. Pero hacerlo hoy en España no acarrea el menor riesgo. La prueba está en que hasta puede hacerlo un candidato en precampaña electoral. No sólo no entraña peligro; es que ni siquiera cuesta votos. No es la misma gesta salir del armario en Madrid que hacerlo en Bagdad.

Otros llevan su desprendido heroísmo hacia las causas internacionales. Y se juegan la vida desgañitándose contra Bush en Nueva York, Londres o Madrid, infectas metrópolis del capitalismo imperialista y monopolizador. Asistimos a su aventura mortal con el corazón en un puño y el ánimo encogido. Por fortuna, la cosa termina bien y el héroe salva la vida y se casa con la chica. Valió la pena. El éxito es para los que se arriesgan. Eso sí, no les pidamos que acudan a La Habana, a Bagdad o a Pekín a reclamar derechos y libertades, ni extinciones de tiranías. No les pidamos que luchen en su propio terreno contra el comunismo o el fundamentalismo islámico. Eso ya no sería heroísmo, sino exhibición de pulsiones suicidas y de falta de apego a la vida. La verdad es que la lucha contra el imperialismo capitalista resulta mucho más confortable y satisfactoria. Por el contrario, a quien defienda la desigualdad intelectual o moral entre los sexos, a menos que lo haga a favor de la mujer, o la jerarquía entre las razas, a menos que abomine de la blanca, le espera un camino de rosas, el aplauso de las masas y coronas de laureles. Estarán equivocados, pero no arriesgan menos que los nuevos héroes de salón.

En suma, el héroe del nuevo milenio es un batallador de causas ganadas, que rema afanosamente a favor de la corriente, que finge lágrimas y sudores, que exhibe agravios y derrotas, pero que nunca paga el menor tributo personal por defender lo que defiende. Ante el nuevo héroe, es cuestión de buen gusto preferir al antiguo, al clásico, al que se jugaba algo, por lo menos la vida, y que, sobre todo, cumplía su deber mucho antes de reclamar el menor derecho. Acaso sabía que no existe mejor derecho que el que confiere el cumplimiento del deber.

 

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Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
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06/07/2005 ir arriba
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