Miércoles - 23.Mayo.2012

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
El valor de la vida humana El valor de la vida humana
El valor del trabajo El valor del trabajo
El valor de la libertad El valor de la libertad
El valor de la familia El valor de la familia
La vejez El valor de la vejez
El valor de la muerte El valor de la muerte
El valor de la sexualidad El valor de la sexualidad
El valor de la moda El valor de la moda
Una nueva moda Una nueva moda
El valor de la política El valor de la política
El valor de la verdad El valor de la verdad
Descanso, diversión, deporte Descanso, diversión, deporte
Valores de la mujer Valores de la mujer
El valor del sufrimiento El valor del sufrimiento
Matrimonio: amor, fidelidad Matrimonio: amor, fidelidad
Alegría y optimismo Alegría y optimismo
El valor de la literatura El valor de la literatura
Maternidad / paternidad Maternidad / paternidad
El valor del esfuerzo El valor del esfuerzo
 amistad, amor amistad, amor
Arte, belleza, elegancia Arte, belleza, elegancia
Sonreir, pensar y viceversa Sonreir, pensar y viceversa
El valor de ser católicos El valor de ser católicos
Economía Economía
Demografía Demografía
Cultura
Literatura
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Los secretos de tu cerebro
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.

NACIDOS PARA ESCLAVO (Luis Olivera)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo
El corazón de la Iglesia

 


NACIDOS PARA ESCLAVO
Ya hace muchos siglos escribió el romano Marco Aurelio: «Has nacido esclavo, no participes de la razón». Lo importante es que no se piense, que no se reflexione: espectáculos de masas, gentes vociferantes, conciencias sumisas a las que sólo se permite aplaudir o corear idénticas palabras, en la política, en la televisión, en el deporte.

Mucho cuerpo y poco seso

Luis Olivera
Periodista
Arvo Net, 10/07/05

No importa la mente o la racionalidad. Sólo lo físico, jamás la sensibilidad intelectual. El cuerpo “Danone”, concebido como escaparate, ventana que incita a los espectadores a asomarse a él. El cuerpo como único canon de belleza. El canon griego de la belleza, esculpido por el propio Fidias. El cuerpo exhibido y codiciado, publicitado. Playas. Gimnasios. Concursos de míster X, Y y Z en las zonas turísticas: “Concursos de ganado”, los llama la periodista Carmen Rigalt. Desfiles. Míster “camiseta mojada”. El culto a la cáscara vacía de contenido. Toda ocasión es propicia para vestirle con insinuantes ropajes, para desnudarle, no importa el escenario. Al fin, vivimos en función del sexo, y éste necesita despertarse, ser estimulado al precio que sea. Nada en función del pensar, conocer, imaginar. La intimidad no existe. Sólo la piel.

Exhibir como único poder de la atracción física que despierta la carne cuidada, preparada en la escuela de la vida. ¿Quién osaría crear otra que gastara sus recursos y energías en la preparación moral, intelectual? Ellos, ellas, y sus cuerpos; sólo carne, persiguiendo, acosando con sus imágenes a los consumidores, da igual lo que publiciten, de lo que hablen, nada cuenta fuera de la pintura que los recubre, los ejercicios que los estimulan, los vestidos y trajes en que habitan, las formas que insinúan o abiertamente exhiben desnudas. Los cuerpos. Como muñecos casi inanimados. Peleles rotos, sin vida racional. El espíritu ha volado lejos de ellos.

Y para ellos  y sin él organizan sus vidas. Al fin, unas y otros no son sino la continuidad sincrónica y repetitiva del mundo, todos incursos en la forma que parece detener el tiempo, sin cuestionarse el hecho de que un día han de envejecer. “Cuando se encuentran en el bar tomando una copa, cuando entre sí frotan sus bocas, no pueden escuchar el latido futuro de sus feos pellejos. Ante la inexistencia de la inmortalidad no se plantean el absurdo de envejecer. Aceptan simplemente la realidad”, ha escrito Andrés Sorel.

Y todo el estruendo del poder, la malsana canción de los negocios, la decadencia del mundo en que habitan y consumen sus vidas, desaparece ante su única obsesión: posesionarse de un cuerpo, real o imaginado, el cuerpo exhibido, deseado, tal vez soñado. Beben y casi nunca pierden la compostura; es decir, que borrachos o cuerdos hablan y hablan de sus reiteradas historias, incapaces de escapar a la vulgaridad que las informa.

Lo importante es que no se piense, que no se reflexione: espectáculos de masas, gentes vociferantes, conciencias sumisas a las que sólo se permite aplaudir o corear idénticas palabras, en la política, en la televisión, en el deporte. Convertir todo, cualquier actividad profesional o lúdica, de la vida, en espectáculo, ficción, nunca participación y, en medio, la belleza del cuerpo al que se rinde, aunque esté hueco por dentro, pleitesía. La sonrisa erótica de Claudia Schiffer importa más que la calidad del coche que anuncia; o, sepa o no jugar al tenis, la Kournikova ganará más que cualquier otra deportista. Y así podríamos hablar, en la decadencia del cine, de actores como Antonio Banderas o Penélope Cruz... Al fin, en la sociedad de la gesticulación, boca, senos, piernas, melenas o muslos, de hombres o mujeres, es lo único que cuenta.

Ya hace muchos siglos escribió el romano Marco Aurelio: «Has nacido esclavo, no participes de la razón». ¿Y qué lejos nos quedan páginas como las del “Diario” del filósofo Soren Kierkegaard: «Si un árabe, en el desierto, descubriese de pronto un manantial dentro de su tienda, que le surtiera de agua en abundancia, se consideraría muy afortunado; y lo mismo le ocurre a un hombre cuyo ser físico está siempre vuelto hacia lo exterior, pensando que la felicidad mora fuera de él, cuando finalmente entra en sí mismo y descubre que la fuente nace dentro de él!».

¿Cómo no iba a llegar el momento en que la presentadora de telediarios, entre noticia y noticia, se fuera despojando de la ropa? Ah, mujer, ¿dónde queda tu lucha emancipadora? Y tú, hombre, ¿en qué pozos de profunda nada arrojaste tu desarrollado pensar? Cultivar el cuerpo porque ya no se cree en la existencia, es decir, en el valor del espíritu. Es el nihilismo absoluto, el hombre cosificado. Reducido a cenizas de materia. A envoltorio desmadejado, globo deshinchado y caído. La belleza sin sentimientos, el asesino sin motivos, el mito de Sísifo o la tragedia de Raskolnikov.

Seguro que vosotros, exhibidores, devoradores de cuerpos, nunca leísteis a Agustín de Hipona: «No salgas fuera, regresa a ti mismo; en el hombre interior habita la verdad»

© ASOCIACIÓN ARVO 1980-2005

Contacto: mailto:webmaster@arvo.net

Director de Revistas: Javier Martínez Cortés

Editor-Coordinador: Antonio Orozco Delclós

 

Compártelo:
meneame digg delicious technorati google bookmarks yahoo blinklist twitter Facebook
Enviado por Arvo Net - 10/07/2005 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.99:0.35
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós