Miércoles - 16.Abril.2014

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
Cultura
Literatura
Interés por el lenguaje Interés por el lenguaje
Grecolatinos Grecolatinos
Sección «promesa» Sección «promesa»
Cuentos Cuentos
Escritos sobre la literatura Escritos sobre la literatura
El jardín de los clásicos El jardín de los clásicos
Otros clásicos Otros clásicos
El valor de la literatura El valor de la literatura
Narraciones breves Narraciones breves
Escritos de paco sánchez Escritos de paco sánchez
Escritos sobre obras maestras Escritos sobre obras maestras
Libros de creación Libros de creación
Los escritores y sus obras Los escritores y sus obras
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.

EL VALOR DE LA LITERATURA (Julián Marías)

ver las estadisticas del contenido enviar a un amigo
Documento sin título

LA INTERPRETACIÓN LITERARIA DE LOS PAÍSES

Durante la Edad Moderna, digamos desde el siglo XVI, la literatura ha influido decisivamente en la manera de sentirse los europeos pertenecientes a su nación, y no menos en la constitución de una imagen coherente de esas naciones.


Por JULIÁN MARÍAS
de la Real Academia Española




DURANTE la Edad Moderna, digamos desde el siglo XVI, la literatura ha influido decisivamente en la manera de sentirse los europeos pertenecientes a su nación, y no menos en la constitución de una imagen coherente de esas naciones.

Hasta el siglo XVI no hubo propiamente naciones en Europa. Había Reinos, Ducados, Condados, diversas formas de articulación política y social. Entre nosotros, Castilla, por supuesto; también Aragón, en cierta medida Navarra, con la presencia menguante del Islam en el Sur, que no terminará hasta la Reconquista de Granada a fines del siglo XV.

La unificación territorial de España, la política con los Reyes Católicos, el nacimiento de un proyecto colectivo bien distinto del medieval de la Reconquista, todo eso hace que se constituya por primera vez lo que desde entonces será la Nación Española. Este hecho se está intentando desdibujar en la época reciente, ejerciendo violencia sobre lo que era la situación desde el siglo XVI, y no digamos en la realidad posterior.

Antes de 1500 no había naciones en Europa. España, Portugal, Francia, Inglaterra fueron las primeras, ya plenamente constituidas en el siglo XVI. El resto de Europa realizó lentamente un proceso desigual de nacionalización, que en rigor no culminó hasta 1870 -unidad nacional de Alemania e Italia-, dejando fuera de ese proceso a amplias zonas de Europa en deficiente estado de nacionalización.

Las nuevas naciones significan el nacimiento de proyectos colectivos coherentes, expresados, más que en la política real, en una conciencia de personalidad a la que contribuyó esencialmente una diplomacia que antes no existía como tal; había legados, se enviaban embajadores ocasionalmente de unos países a otros. La diplomacia en el sentido que hoy tiene este término fue en buena medida y durante bastante tiempo una creación española.

Paralelamente se empieza a ver cada una de las naciones como una personalidad definida, con atributos visibles sobre todo para los demás: empieza a haber una imagen exterior de cada país visto por los demás. La tosquedad e inexactitud de los llamados caracteres nacionales es evidente, pero no lo es menos la eficacia real que esas imágenes han tenido.

En gran parte ha sido la literatura la que ha elaborado esas imágenes; muy principalmente el teatro, cuya importancia ha variado enormemente a lo largo de los siglos. Se leía menos que en siglos posteriores; la lectura, además, se hace usualmente en soledad; el teatro significaba reunión, colectividad, algo compartido y que por ello era «consabido».

De ahí el decisivo influjo de la escena en la constitución de la imagen interna de España, Francia o Inglaterra. La existencia de un teatro «nacional» -allí donde ha existido- ha sido un factor decisivo de coherencia, transparencia y proyección histórica. Es un género que consiste en convivencia, en ese tipo de asamblea que es un corral de comedias o un teatro, frente a la lectura solitaria, aislada, a cualquier hora. El que esto haya cambiado enormemente a lo largo de varios siglos no debe ocultar su decisiva función.

En épocas más recientes, otros factores han ocupado el puesto que correspondió inicialmente al teatro. La novela llegó a ser multitudinaria, de enorme difusión desde el siglo XIX; no se olvide que hasta esa época no era un género «noble», de reconocido prestigio, como habían sido la poesía, el drama o la tragedia. Aun dentro de la vigencia de la novela, puede comprobarse la escasez y tardanza del prestigio de algunos géneros, por ejemplo el policiaco; para ser un «gran» escritor era menester cultivar ciertos géneros; los otros apenas se perdonaban; muchos han sido desdeñados hasta hace muy poco tiempo. Dumas, Conan Doyle, Simenon, a pesar de su fabuloso éxito, tenían un escaso e inseguro puesto en el Parnaso.

Hasta muy entrado el siglo XIX, la poesía, el teatro, especialmente la tragedia o el drama, eran los factores de prestigio. Cambios sociales en algunos países, desigualmente repartidos, determinan los ascensos y descensos de los diversos géneros. Paralelamente se produce una adscripción de esos géneros a los países que los cultivan con más asiduidad y éxito. Es evidente que la novela tiene incomparable mayor importancia en Francia e Inglaterra que en Alemania. Aparece ocasionalmente y con gran fuerza en Rusia, pero sin la continuidad y permanencia de aquellos otros países.

Se crean interpretaciones nacionales condicionadas por las grandes novelas de amplia difusión y éxito, coincidentes en cierta medida con su calidad. Se establecen modelos vigentes por su mayor éxito, que se imitan en países que así resultan literariamente dependientes.

Todo esto es plenamente válido hasta la aparición de factores nuevos, que alteran radicalmente la situación, ante todo el cine, nutrido de literatura, más de la novela que del teatro, aunque parezca extraño dado su carácter de espectáculo. Los centros de creación, los mecanismos de difusión, una universalidad muy superior a la que habían alcanzado las literaturas nacionales, todo ello confiere al cine enorme vitalidad a la vez que suscita nuevos problemas. El primero, los actores; en segundo lugar, la dependencia de las lenguas; las pérdidas y ganancias que supone el conocimiento de ellas o los «remedios» que se aplican para conseguir cierta universalidad: el doblaje, los subtítulos, el valor de las voces y la limitación impuesta por su pérdida.

El cine ha adquirido caracteres nacionales unidos a estilos y a la personalidad de los actores. Mientras el teatro estaba reducido a públicos limitados y localizados, el cine nació con una exigencia de universalidad. Su concreción originaria era el gran estorbo; los intentos de superarlo han sido un problema constante, nunca resuelto. Durante bastante tiempo existió el predominio absoluto del cine americano; después, con mejor o peor fortuna, se han intentado estilos diferentes que eran a la vez interpretaciones de los diversos países. Uno de los riesgos actuales es el recurso a las técnicas, a los «efectos especiales» en detrimento de la presencia viva de los actores y de la historia contada; es decir, el argumento, la tonalidad, el posible lirismo.

 

© ASOCIACIÓN ARVO 1980-2005
Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

28/06/2005 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v02.13:0.34
GestionMax
Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós