Sábado - 26.Mayo.2012

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
El valor de la vida humana El valor de la vida humana
El valor del trabajo El valor del trabajo
El valor de la libertad El valor de la libertad
El valor de la familia El valor de la familia
La vejez El valor de la vejez
El valor de la muerte El valor de la muerte
El valor de la sexualidad El valor de la sexualidad
El valor de la moda El valor de la moda
El valor de la política El valor de la política
El valor de la verdad El valor de la verdad
Descanso, diversión, deporte Descanso, diversión, deporte
Valores de la mujer Valores de la mujer
El valor del sufrimiento El valor del sufrimiento
Matrimonio: amor, fidelidad Matrimonio: amor, fidelidad
Alegría y optimismo Alegría y optimismo
El valor de la literatura El valor de la literatura
Maternidad / paternidad Maternidad / paternidad
El valor del esfuerzo El valor del esfuerzo
 amistad, amor amistad, amor
Arte, belleza, elegancia Arte, belleza, elegancia
Sonreir, pensar y viceversa Sonreir, pensar y viceversa
El valor de ser católicos El valor de ser católicos
Economía Economía
Demografía Demografía
Cultura
Literatura
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Los secretos de tu cerebro
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.

EL NUEVO INDIVIDUALISMO (Luis Olivera)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo
El corazón de la Iglesia


El nuevo individualismo

 

 

Los adultos suelen denunciar que un amplio sector de los jóvenes viven hoy sólo para la satisfacción inmediata de sus deseos. Sólo les interesa el disfrute de lo instantáneo, lo que ocurre en cada instante, de lo que sólo dura un momento. De ese modo reducen la temporalidad al tiempo presente, a lo fugaz, a lo que dura apenas un relámpago en el cielo: el pasado ya no existe; el futuro todavía no es.

Por Luis Olivera (*)


Indudablemente se trata de un fenómeno bien comprobado, hasta en el propio cine. Pero, los adultos ¿podemos quedarnos tranquilos, culpando a los jóvenes de esa conducta? Algunos autores sostienen que en la sociedad actual tiene mucho peso la ideología o la cultura de la presencia. Así, el “presentismo” significa valorar únicamente la vida del tiempo presente y, por lo mismo, excluye de ella todo lo que no es actual. En algunos casos llega a ser intolerante con la tradición y hacia la futurización.

Un filósofo joven, Daniel Innerarity, lo ha descrito así: “Hay en nuestra civilización una ocupación completa con el tiempo presente, un instantaneísmo huérfano de memoria y de proyecto. Una detención del presente fijado en sí mismo desencadena el miedo, que es propio de toda carencia de memoria y previsión. De ese presente desmemoriado se apodera un miedo difuso, pues no recuerda nada similar ni ha previsto cómo afrontar lo imprevisible. El miedo es la sensación habitual de quien no tiene experimentos ni confianza; es decir, pasado y futuro”. Para ellos, hay rumor de fantasmas a su alrededor.

Estos jóvenes que reducen la poliédrica y rica temporalidad sólo al presente, reducen –a su vez—el presente al presente placentero. Eso muestra que han nacido y crecido en la civilización del placer. “Viven en una sociedad en la que el placer sensible es considerado como el bien supremo de la vida”, según Gerardo Castillo. Y, por lo mismo, el dolor es el mayor de los males: algo que hay que evitar como sea. Y todo lo que exija esfuerzo debe ser eliminado, como ahora sucede con la reválida del bachillerato que se anuncia. Aunque todo lo que tiene algún valor ha supuesto antes y durante un esfuerzo para alcanzarlo, lo que hace valorarlo más. Ser notario o ingeniero aeronáutico no está al alcance de cualquiera. De otra manera, todos tendríamos la misma titulación.

Una persona que rige su vida sólo por el deseo, atenta seriamente contra su forma de entender y de vivir la libertad. Es una persona que no es libre, porque no elige; simplemente se deja llevar, como las veletas, por el viento que sopla, venga de donde venga. En el mejor de los casos es víctima de una deformación de la libertad, porque no tiene ninguna restricción. Allan Bloom considera en ella varias consecuencias preocupantes: “La pérdida de todo sentido de que yo deba dar cuenta a alguien de lo que hago, o de que yo deba sentirme vinculado esencialmente hacia ese alguien. La gente joven de hoy tiene miedo a estar comprometida”. Y menos a compromisos que alcancen toda la vida, que son los que construyen personalidades fuertes y coherentes, que edifican los sillares de una biografía que realmente valga la pena ser vivida.

Pero no. Ahora, el verdadero estilo de vida consistiría en elegir lo que más me apetezca en cada momento, pero sin que eso tenga consecuencias: se abdica de la responsabilidad por los propios actos. Eso es lo que afirma un reciente estudio de la sociedad americana, país incubadora donde nacen todos los estilos de vida. Este último es “la moral de la tolerancia”. El ‘life-style’ justifica cualquier modo de vida. “Proporciona una garantía moral a la gente para vivir exactamente como quieren. (..) Esta moral establece que cualquier cosa que yo haga es buena, porque yo la quiero. Lo que le da garantía de bondad es que emana de mi deseo”. Sólo por eso queda justificada en sí misma, sin que sea necesario un contraste con alguna norma moral. “Precisamente la norma moral que hay que respetar es la espontaneidad de mi deseo, que pueda fluir sin trabas ni imposiciones. La norma es la ausencia de toda norma”, como lo explica el filósofo Ricardo Yepes.

El problema no es que haya tantas “morales” entre comillas como individuos, sino que cada uno de ellos no vive en una isla desierta. El hecho de que estamos rodeados de “morales individuales” por todas partes, hace muy fácil el choque entre cada una de ellas y muchas de las otras. Lo normal es que acabemos a tiros, si se llega a aplicar hasta su límite esta moral de la tolerancia. En ella sólo cabe el interés hacia uno mismo: cada uno a lo suyo. El interés desinteresado hacia otras personas sería incompatible, muchas veces –o casi todas—con la satisfacción del propio deseo. Estamos ante una nueva forma de individualismo, que dificulta seriamente la elaboración de un proyecto personal comprometido y solidario. Precisamente por exceso de intolerancia, de libertad irresponsable. Y, además, en la era de la globalización.

________________________
(*) Luis Olivera, es periodista

© ASOCIACIÓN ARVO 1980-2005

Contacto: mailto:webmaster@arvo.net

Director de Revistas: Javier Martínez Cortés

Editor-Coordinador: Antonio Orozco Delclós

 

Enviado por Arvo - 12/06/2005 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.99:0.40
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós