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Introducción
1. Los medios de comunicación han
difundido la noticia de mi entrevista a
la BBC, que tuvo lugar el pasado 12 de
octubre de 2003, con motivo del 25º
aniversario del servicio episcopal del
Papa Juan Pablo II, Obispo de Roma. En
dicha ocasión respondí a diferentes
preguntas durante más de una hora,
especialmente aquellas concernientes a
la familia. Sin embargo,
sorprendentemente, lo que se vio de toda
esta entrevista en el programa Sex &
The Holy City de la serie
Panorama de la BBC, fueron tan sólo
tres secuencias, cada una de ellas de
una duración inferior a medio minuto,
cuyas respuestas eran, ciertamente,
mucho más completas. El propósito del
programa era, aparentemente, una crítica
deliberada y sistemática a la Iglesia
católica por una supuesta contribución a
la muerte de personas, al no permitir el
uso de preservativos para la prevención
de la difusión del VIH/SIDA.
Los obispos de Inglaterra y Gales se han
quejado a la BBC, justamente, por este
programa que, junto con otro, ha sido
considerado “sesgado y hostil a la
Iglesia católica”, así como de “haber
ofendido a muchos católicos... Durante
décadas la BBC ha merecido [y] gozado de
una reputación mundial por su corrección
y objetividad, especialmente en las
Noticias e información diaria. Esta
reputación está desvaneciéndose
progresivamente”[1]. Muchas personas y
grupos manifestaron también su disgusto
con este programa incluido en la serie
Panorama, de la BBC[2].
En esta entrevista yo advertía sobre el
“sexo seguro”, declarando que uno no
puede hablar, verdadera y objetivamente,
de una total protección usando el condón
como profiláctico[3], no sólo en lo que
concierne a la transmisión del VIH/SIDA
(virus de inmunodeficiencia humana,
causa del síndrome de inmunodeficiencia
adquirida), sino de bastantes otras ETS
(enfermedades de transmisión sexual). Yo
subrayaba que para controlar la pandemia
es necesario promover una conducta
sexual responsable inculcada mediante
una auténtica educación sexual
respetuosa de la dignidad del hombre y
la mujer, y que no los considere meros
instrumentos de placer y objetos “para
ser usados”. Dije también que tal
conducta sexual tiene lugar sólo en el
amor conyugal, asumiendo las
responsabilidades del matrimonio, en
cuanto donación de sí mismo, recíproca,
exclusiva y total, de un hombre y una
mujer en una comunidad de amor y vida.
En consecuencia, mi posición era
absolutamente clara contra el llamado
sexo desordenado y la promiscuidad,
favorecida hoy por ciertas medidas
políticas permisivas y por ciertos
medios de comunicación.
Por esto, yo recordaba a la audiencia
que la Iglesia enseña una posición moral
válida para todos, creyentes y no
creyentes. Y también propuse que los
Ministerios de Salud exijan etiquetas en
los paquetes de preservativos, como se
hace con los cigarrillos, donde se diga,
que la protección ofrecida por éstos no
es total, y que los riesgos son,
ciertamente, significativos[4]. Para
poner de manifiesto que el nivel de
protección ofrecida por el preservativo
contra el VIH/SIDA y las ETS no es
suficiente, me refería también al
resultado de investigaciones
científicas. Merece, en este sentido,
ser también considerado que el virus del
SIDA es 450 veces menor que el
espermatozoide, así como que hay otros
riesgos respecto a diferentes factores
en la estructura del condón y en su
empleo en la actualidad[5].
Las críticas de la Iglesia católica
sobre el preservativo en las campañas de
prevención del SIDA
2. La Iglesia católica ha criticado
repetidamente los programas de promoción
de preservativos como una prevención
total, efectiva y suficiente del SIDA.
Diversas Conferencias Episcopales en
todo el mundo han expresado su
preocupación al respecto. La Conferencia
Episcopal de Obispos Católicos de
Sudáfrica, Botswana y Swazilandia afirma
categóricamente que “respecto a la
difusión y promoción indiscriminada de
preservativos como un arma, inmoral y
equivocada, en la batalla contra el
VIH/SIDA: - El uso de preservativos es
contrario a la dignidad humana. - Los
preservativos cambian la belleza del
acto de amor en una búsqueda egoísta de
placer mientras se rechaza la
responsabilidad. – Los preservativos no
garantizan protección contra el
VIH/SIDA. - Los preservativos pueden ser
incluso una de las principales razones
de la difusión del VIH/SIDA. Además de
la posibilidad de que los preservativos
sean defectuosos o mal usados,
contribuye al desplome del autocontrol y
del respeto mutuo”[6].
La Sub-comisión para la familia y la
vida de la Conferencia Episcopal
Española dijo que las campañas que
promovieron el preservativo en España
para una supuesta detención del VIH/SIDA
son gravemente irresponsables por tres
motivos: “porque inducen a engaño,
porque ocultan información y porque no
colaboran a la prevención, sino a una
mayor difusión de las conductas de
riesgo, ya que implican que las
autoridades sanitarias están dando su
visto bueno a las conductas y estilos de
vida que son responsables de la
epidemia”[7].
La Conferencia Episcopal de las
Filipinas ha sostenido que, a pesar de
que “un encuentro con gente infectada
con el VIH/SIDA debe ser un momento de
gracia – una oportunidad de ser nosotros
para ellos presencia compasiva de
Cristo, tanto como ellos son para
nosotros experiencia de Su presencia”,
en todo caso, “la dimensión moral del
problema del VIH/SIDA nos urge a adoptar
una decidida visión negativa de la
distribución de condones como
aproximación al problema”. Además “como
sucede con la anticoncepción, también en
la prevención de la infección del
VIH/SIDA, el uso del preservativo no es
una sana aproximación al problema”[8].
Precedentemente, los Obispos de los
Estados Unidos dijeron, en una
declaración de 1987 que “... la
abstinencia fuera del matrimonio y la
fidelidad en el matrimonio, así como
evitar el abuso de las drogas
intravenosas son el único medio
moralmente correcto y médicamente seguro
para prevenir la difusión del SIDA. Las
prácticas del llamado sexo seguro son,
en el mejor de los casos, sólo
parcialmente efectivas... Como ha sido
puesto de manifiesto por la Academia
Nacional de las Ciencias en su estudio
sobre el SIDA, ‘Muchos aducen que es más
preciso referirse a sexo ‘más seguro’,
porque es mucho todavía lo que
desconocemos y sería irresponsable
garantizar que una particular actividad
sea absolutamente segura”[9].
3. Yo pensé que la posición de la
Iglesia y sus motivos eran ya bien
conocidos. Me preocupa mucho que la
gente, especialmente los jóvenes, sea
inducida a error al ofrecérseles una
total protección, a pesar de que no haya
tal protección total. Soy consciente de
la inmensidad de la pandemia y,
manteniendo simultáneamente los niveles
- diferentes aunque complementarios -
entre lo que es moral y lo que es
meramente sanitario, he tratado de
expresarme sobre la necesidad, no sólo
de contener la continua expansión de
esta pandemia, sino también de prevenir
a los usuarios de condones de infectarse
pensando que es imposible que esto
suceda, lo cual, hasta ahora, ha tenido
consecuencias letales.
Hay personas en riesgo de contaminarse
aunque piensen que sus relaciones
sexuales, desde el punto de vista
sanitario, son totalmente seguras.
¿Cuántos caen víctimas de este error? Al
menos hasta cierto punto, hubieran
tomado una actitud diferente de haber
recibido una válida y objetiva
información. Ciertamente, gran número de
fuentes proporcionan una información
correcta sobre la ineficiencia del
preservativo, pero, aparentemente,
muchos de ellos no alcanzan publicidad.
El sólo hecho de que este debate haya
hecho dudar a la gente de la eficiencia
de los preservativos en prevenir la
enfermedad, al menos hasta un cierto
punto, me parece que es un oportuno
servicio. Invito al lector a
reflexionar sobre ello, a pesar de la
invitación a la promiscuidad que
representan las campañas de “sexo
seguro” y la distribución de enorme
cantidad de profilácticos que han
difundido aún más la pandemia y agravado
el problema de la infección[10].
Estos son precisamente los puntos que
quiero considerar en esta reflexión, con
la ayuda de información que ha recogido
de diversos lugares. No tengo razones
para dudar de la experiencia de personas
e instituciones de reconocida
competencia en estas materias. La
posición de la Iglesia es, en verdad,
humana y responsable; supone una llamada
al completo respeto por la libertad y la
dignidad de la persona humana. La
familia sufre sobre todo en los países
pobres. No puede tolerarse más el hecho
de que las familias y los jóvenes estén
a menudo mal informados y con
seguridades falsas. Está claro que si he
escrito estas reflexiones es porque es
estrecha la relación entre la familia y
la procreación, así como también porque
la familia, interpelada por los
preservativos y otros anticonceptivos,
pertenece a nuestro campo de trabajo. Al
describir los cometidos del Pontificio
Consejo para la Familia, la Constitución
Apostólica Pastor bonus establece
que “Se esfuerza para que se reconozcan
y defiendan los derechos de la familia,
incluso en la vida social y política;
también apoya y coordina las iniciativas
para la defensa de la vida humana desde
su concepción y las referentes a la
procreación responsable”[11].
Como dice un Padre de la Iglesia “No
debemos avergonzarnos de las cosas que
Dios ha creado”. No sólo no debemos
avergonzarnos de las cosas que Dios ha
creado, sino que debemos también
defenderlas, puesto que todo cuanto él
ha creado es bueno. La sexualidad
humana, el amor conyugal, la
responsabilidad, la libertad, la salud
corporal: se trata de dones de Dios que
tenemos que atesorar.
Preocupación de algunos moralistas
ante estudios que indican una posible no
total protección contra la transmisión
del SIDA y de ETS
4. Antes dije que pienso que la posición
de la Iglesia y los fundamentos de mis
afirmaciones eran ya bien conocidos. Por
otro lado, puede ser posible también que
dicha posición no sea aún bien conocida
a muchos, como se pone de manifiesto en
campañas concretas donde aspectos
científicos se mezclan con ciertos
intereses económicos de los productores
de preservativos, y con una “ideología”
del poder contra los pobres, alineado
con el “control de la población”.
Un bien conocido y autorizado moralista,
Dionigi Tettamanzi, hoy Cardenal de
Milán, se ocupó de esto en su voluminoso
libro, Nuova bioetica cristiana,
publicado el año 2000. Claramente
muestra que el preservativo usado como
profiláctico no puede garantizar el
llamado “sexo seguro”. “El Ministerio de
la Sanidad [de Italia], mediante la
Comisión Nacional para la lucha contra
el SIDA, proporciona frecuentemente a
los jóvenes y a cuantos están
interesados, esta información ‘la
posibilidad de contagio aumenta cuantas
más sean las relaciones no protegidas;
por esto, si no estás seguro de tu
pareja, usa siempre el preservativo’[12].
Pero el preservativo, verdaderamente,
¿es el remedio eficaz para oponerse al
contagio? Resulta necesario hacer
algunas reflexiones críticas. a) La
primera reflexión es de índole
propiamente sanitaria. Se dice que el
profiláctico se usa como medio
‘defensivo’, como ‘barrera’ para no
contagiar y no ser contagiado con las
relaciones sexuales. Pero lo que está en
juego, es decir, la tutela de la salud
(y de la vida), de uno mismo y de otro,
exige un cuidadoso análisis crítico de
la eficacia real de tal medio defensivo
o barrera. Pueden considerarse aquí dos
tipos de eficacia. Primeramente una
eficacia ‘técnica’ ¿en qué medida el
profiláctico ‘preserva’ del riesgo de
contagio? En ambientes científicos se
reconoce abiertamente que los
preservativos no son seguros al cien por
ciento, en efecto: se habla, por lo
general, de una media de un 10-15% de
ineficacia, porque los virus del SIDA
son mucho más “filtrantes” que el
esperma[13]. Ya a nivel de eficacia
‘técnica’ nos debemos interrogar sobre
la seriedad científica y la consiguiente
seriedad profesional acerca de las
campañas de profilácticos. Se corre un
gran riesgo de ‘engañar’ a la gente con
la propaganda del ‘sexo seguro porque
protegido’, mientras que éste no lo es,
o no lo es tanto como se cree. La
ilusión es tanto o más peligrosa y grave
cuanto mayor es la exigencia de que las
personas ‘en riesgo’ o con relaciones
sexuales promiscuas no difundan el
contagio (ni a la pareja, ni,
eventualmente, a la descendencia
presente y futura)”[14].
5. Otro moralista italiano, Elio
Sgreccia, actualmente obispo y Vice-Presidente
de la Pontificia Academia para la Vida,
escribió que las campañas basadas sólo
en la distribución gratuita de
preservativos “pueden volverse no sólo
falaces, sino incluso contraproducentes
y favorecedoras ... del abuso de la
sexualidad; en todo caso carecen de
contenidos verdaderamente humanos y de
responsabilización global de la
conducta”[15]. Bastantes otros
moralistas y expertos se han ocupado
también de estas cuestiones, como Lino
Ciccone y Jacques Suaudeau, algunos de
los cuales son citados en esta
reflexión.
El Cardenal Tettamanzi observa también,
más adelante en su libro, que es
totalmente inaceptable que el Estado
organice y promueva la campaña de “sexo
seguro”, debido a la falta de eficiencia
de los preservativos como “barrera”
contra la infección y, especialmente a
causa del peligro de un uso
irresponsable de la sexualidad. Por
ejemplo cuando un soldado recibe un
condón, él sabe que debe evitar el
contagio, pero al mismo tiempo es
inducido a pensar que toda forma de sexo
es lícita. A estas consideraciones se
debe añadir un riesgo adicional a la
libertad individual de elección: el de
que la campaña de “sexo seguro” se
sustenta de tal manera que se ejercen
indebidas presiones a la juventud y al
público en general, lo cual, junto a la
ilusión de una eficiencia de los
preservativos, equivale a una
imposición[16]. Hay aquí una paradoja,
puesto que el Estado, que se proclama
neutral, permite la propaganda activa y
la difusión de anticonceptivos,
¡mientras que si adoptara una campaña
educativa sobre los valores (incluso
higiénicos) de la fidelidad conyugal
sería acusado de confesionalidad![17]
La misma preocupación en círculos no
eclesiásticos
6. La preocupación concerniente a que
los preservativos no provean una total
protección contra el SIDA y las ETS no
es completamente nueva, ni se limita a
círculos de la Iglesia. La Dra. Helen
Singer-Kaplan, fundadora del Human
Sexuality Program en el Weill
Cornell Medical Center de la
Universidad de Cornell (Nueva York,
Estados Unidos), escribió en su libro
The Real Truth about Women and AIDS:
“Confiar en los preservativos es
coquetear con la muerte”[18]. Una
revista médica holandesa declaraba que
“la práctica enseña que hay una gran
necesidad de un método de prevención,
sea del SIDA que del embarazo.
Desgraciadamente, la gente no sabe aún
que este método no puede ser el
preservativo”[19]. En las décadas de los
80 y 90, las preguntas sobre la
protección real ofrecida por los
preservativos suscitaron estudios de
microscopía electrónica del material de
látex, una cuestión relacionadas con el
hecho de que el virus del SIDA sea
aproximadamente 25 veces menor que la
cabeza del espermatozoide, 450 veces
menor que la longitud del mismo, y 60
veces menor que la bacteria de la
sífilis[20].
En 1987, Los Angeles Times
publicó un artículo intitulado Condom
Industry Seeking Limits on U.S. Study[21],
en el que se decía que “la industria de
los preservativos ha lanzado una intensa
campaña para debilitar, retrasar o
concluir, si es posible, un estudio
financiado por el Estado de Los Angeles
respecto a la efectividad de los
preservativos en la transmisión del
virus del SIDA ... La investigación
representa un nuevo elemento de una
serie de cuestiones suscitadas respecto
a la capacidad de los preservativos de
prevenir confiadamente la difusión del
virus de inmunodeficiencia humana
(VIH)”[22]. Dos años después el mismo
articulista escribió en el artículo 4
Popular Condoms Leak AIDS Virus in
Clinical Tests, que “Cuatro tipos de
condones de entre las marcas más
populares en la nación [Estados Unidos],
permitieron el escape de virus del SIDA,
en las pruebas realizadas en laboratorio
por la UCLA [Universidad de California,
Los Angeles], induciendo a los
investigadores a advertir a los usuarios
que no todos los preservativos son
igualmente efectivos en la prevención de
la difusión de la enfermedad ... Destaca
que, entre los miles de preservativos
probados, el estudio haya encontrado que
un 0,66% de los mismos – más de uno cada
200 – haya fallado, dejando escapar aire
o agua, rompiéndose en las pruebas de
resistencia a la tensión, ofreciendo así
un paso al virus del SIDA”[23].
Como resumen de éste y otros estudios,
el Dr. John Wilks decía, el 17 de
noviembre de 2003, en una “Carta al
Director” del The Australian: “El
periódico Los Angeles Times
informó en 1989 que cuatro marcas de
preservativos, de entre las más
populares [en los Estados Unidos]
permitieron un escape del virus del SIDA
en las pruebas de laboratorio realizadas
por la UCLA, ... Carey y otros
informaron que partículas del tamaño del
VIH habían atravesado, en pruebas
simuladas, 29 tipos de preservativos de
látex presentes en el comercio, de entre
una muestra de 89 diferentes (en
Sexually Transmitted Diseases, 1992)
...Voeller informó que el traspaso de
partículas del tamaño del virus ocurrió
en diferentes marcas de preservativos de
diversas fechas de confección, con una
tasa entre el 0,9% y el 22,8% (en
Aids Research and Human Retroviruses,
1994). Lyttle y otros informaron de que
en condiciones experimentales, el 2,6%
de preservativos de látex permitieron
alguna penetración vírica ...(en
Sexually Transmitted Diseases,
1997)”. En otra prueba efectuada con la
marca de preservativos Trojan®,
sólo en el 30% de las muestras se
encontró que la membrana carecía de
defectos[24].
Por otra parte, un periódico británico
informó que “la organización
[Organización Mundial de la Salud] dijo
que el uso ‘consistente y correcto’ del
preservativo reduce el riesgo de
infección por VIH en un 90%. Puede haber
rotura o deslizamiento de
preservativos... “[25]. Incluso la
International Planned Parenthood
Federation suministró una tasa
elevada de fallo, al declarar que “el
uso del preservativo reduce
aproximadamente en un 70% el riesgo
total, entre el sexo no protegido y la
completa abstinencia sexual. Esta
estimación es consistente con los datos
de muchos estudios epidemiológicos”[26].
Hay que decir que el restante 10-30% de
estas cifras, que representan una
proporción de fallo, es relativamente
alta, teniendo en cuenta que estamos
ante una enfermedad como el SIDA que es
potencialmente mortal, especialmente si
se compara con la alternativa que
suministra una protección absoluta
contra la transmisión sexual de la
misma: la abstinencia antes del
matrimonio y la fidelidad a la esposa de
uno. Puesto que el SIDA es una seria
amenaza, cualquier información
inadecuada basada en seguridades falsas
sobre el uso del preservativo sería una
grave irresponsabilidad. Por esto mismo,
un esfuerzo continuado en presentar una
correcta, clara y completa información
evitando toda ambigüedad y confusión
está llamada a ser, no sólo un beneficio
para el público general, sino también se
sitúa en orden a contribuir a cuantos
sinceros y generosos esfuerzos se
dedican a prevenir la pandemia del SIDA
y de las otras enfermedades de
transmisión sexual.
El Resumen conclusivo del trabajo
Scientific Evidence on Condom
Effectiveness for Sexually Transmitted
Disease (STD) Prevention
7. La literatura médica citada más
arriba, así como un buen número de otros
estudios, han abierto muchas cuestiones
respecto a la efectividad del condón en
la prevención de enfermedades de
transmisión sexual. En efecto, los días
12-13 de junio de 2000, cuatro agencias
gubernamentales de los Estados Unidos
con responsabilidades en la
investigación sobre preservativos, su
regulación, recomendaciones para su
empleo y programas de prevención en
VIH/SIDA y ETS, co-patrocinaron un
encuentro de debate y estudio “para
evaluar las evidencias publicadas en el
establecimiento de la efectividad de los
preservativos de látex masculinos en la
prevención de VIH/SIDA y otras ETS”. Las
cuatro agencias fueron las Agencia de
Desarrollo Internacional de los Estados
Unidos (USAID), la Administración de
Alimentación y Fármacos (FDA), los
Centros de Control y Prevención de
Enfermedades (CDC) y el Instituto
Nacional de Salud (NIH). Un resumen
final de los trabajos de este encuentro
( Workshop Summary: Scientific
Evidence on Condom Effectiveness for
Sexually Transmitted Disease (STD)
Prevention), fue preparado
posteriormente por el Instituto Nacional
de Alergia y Enfermedades Infecciosas y
el Departamento de Salud y Servicios
Humanos, y fue publicado el 20 de julio
de 2001[27].
El centro de atención de este encuentro
de debate y estudio fue “el preservativo
de látex en la prevención del VIH/SIDA y
ETS en la penetración pene-vagina”.
“Representantes de las agencias co-patrocinadoras
y otros expertos fueron interpelados y
debatieron”, figurando entre los mismos
expertos en “ETS, anatomía del tracto
genito-urinario, contracepción,
preservativos, ciencias de la conducta,
epidemiología, medicina y salud
pública”. “El encuentro examinó sólo una
bibliografía homogénea [un total de 138
contribuciones], puesto que estos
estudios habían sido objeto de una
previa evaluación científica
independiente antes de su publicación”.
42 otras contribuciones adicionales
fueron citadas en el resumen final[28].
Dicho resumen final ( Workshop
Summary) explicaba que la
evidencia científica disponible indica
que el preservativo reduce el riesgo de
VIH/SIDA en un 85%[29]. Esto
significa que permanece un 15% de
riesgo. El encuentro estudió también de
manera particular la transmisión de
otras infecciones genitales, y la
conclusión normal que se desprende es
que este estudio demostró que o no
hay ninguna protección con el uso
del condón, o que hay datos
insuficientes para confirmar la
reducción de riesgo. Las enfermedades
estudiadas fueron las siguientes:
gonorrea (causada por la Neisseria
gonorrhoeae), infección por
clamidias ( Chlamydia trachomatis),
tricomoniasis ( Trichomonas vaginalis),
herpes genital (virus del Herpes
simplex, o VHS), chancro (
Haemophilus ducreyi) y sífilis (
Treponema pallidum)[30]. Se dio una
especial atención en las conclusiones al
virus del papiloma humano (VPH) y en las
conclusiones se establece claramente que
“no hay evidencia de que el preservativo
reduzca el riesgo de infección por VPH...”[31].
El virus del papiloma humano es una
importante ETS asociada al cáncer de
cuello uterino, que mata cada año en los
Estados Unidos más mujeres que el
VIH/SIDA[32].
No hay hoy tal cosa como un 100% de
protección ante el VIH/SIDA u otra ETS
mediante uso del preservativo. Este dato
no debe permanecer desconocido, puesto
que muchos usuarios, incluyendo jóvenes,
piensan que el condón ofrece una total
protección.
En relación a estos hallazgos
presentados en el resumen final, el
Instituto Católico de la Familia y los
Derechos Humanos hizo un reportaje,
Physicians Groups Charge US Government
with Condom Cover-up, declarando que
“grupos que representan a más de 10.000
médicos acusaron a los Centros para el
Control y Prevención de la Enfermedad,
del Gobierno de los Estados Unidos de
estar encubriendo investigaciones del
proprio Gobierno que muestran que los
preservativos no protegen a la gente de
muchas enfermedades de transmisión
sexual”. Según este informe, estos
grupos exigen que “... el CDC ha
ocultado sistemáticamente y tergiversado
información médica fundamental
concerniente a la inefectividad de los
preservativos para prevenir la
transmisión de ETS. El rechazo del CDC
de reconocer investigaciones clínicas ha
contribuido a la epidemia masiva de
ETS”[33].
8. En un artículo posterior a este
resumen final[34], cuatro miembros del
grupo de expertos, junto con otros
expertos, prosiguieron analizando
aspectos y temas derivados de este
resumen final, tales como la definición
de términos[35], prevención de
riesgo (p. ej. se provee a una
protección absoluta o total)
frente a reducción de riesgo (p.
ej. se provee a una protección
parcial)[36], acumulación del
riesgo, factores que influencian la
efectividad del condón[37] e
implicaciones para la salud pública.
En su artículo Fitch y otros, subrayan
que el factor de riesgo acumulado es
verdaderamente significativo. “Por
ejemplo, una intervención que es
efectiva en un 99,8% para un episodio
singular de relación sexual puede dar
una tasa de fallo por acumulación del
18% con 100 exposiciones”[38]. De manera
similar, basados en un artículo de la
International Planned Parenthood
Federation (IPPF), “el riesgo de
contraer SIDA durante el llamado ‘sexo
protegido’ se aproxima al 100% a medida
que el número de relaciones sexuales se
incrementa”[39]. IPPF es una institución
que promueve todas las formas de
“control de nacimientos”.
En consecuencia, hay que tener en cuenta
no sólo el riesgo de cada uso singular
del preservativo, sino también el riesgo
que se incrementa dramáticamente a largo
término. Esto significa que el sexo
seguro se vuelve una ruleta rusa cada
vez más peligrosa con el repetido uso
del condón.
Fallo del preservativo y embarazo
9. Muy relacionado con la eficiencia del
preservativo en la prevención de la
transmisión de VIH/SIDA y ETS es la
eficiencia en la prevención del
embarazo. La OMS explica que el uso
perfecto del condón no previene
siempre el embarazo. “La tasa estimada
de embarazos con uso perfecto del
preservativo, esto es, aquella efectuada
entre quienes informan de un uso tal y
como debe ser usado (es decir, en modo
correcto) y en cada acto o relación
sexual (o sea, en modo consistente), es
del 3% en 12 meses”[40]. Es innecesario
decir que el uso típico del
preservativo, que incluye un uso
perfecto e imperfecto (por ejemplo, que
no se use en todos y cada uno de los
actos o relaciones sexuales, o que sea
usado en modo incorrecto) es mucho menos
efectivo en la prevención del embarazo.
“La tasa de embarazo con un uso típico
puede ser mucho más alta (10-14%) que
con un uso perfecto, pero esto es debido
principalmente a su uso inconsistente o
incorrecto, no al fallo del
preservativo”[41].
En efecto, el embarazo a pesar del uso
de preservativo está bien documentado,
con un índice de Pearl cercano a un 15%
de fallo en mujeres durante el primer
año de su uso[42]. Si puede haber
embarazo a pesar del uso de preservativo
¿no debería concluirse lógicamente que
el condón permite también la transmisión
de HIV y ETS, puesto que los organismos
causantes de enfermedades pueden están
presentes en los espermatozoides, en el
fluido seminal e incluso en otros
sitios, como las superficies de la piel,
que no están cubiertas por el condón? Es
más, se tiene que considerar que una
mujer puede quedar embarazada sólo
durante sus días fértiles (5-8 días cada
ciclo, aproximadamente, tomando en
consideración el periodo vital del
esperma en el interior de su cuerpo),
mientras que el VIH y las ETS pueden
transmitirse cualquier día.
Fallo del preservativo y de su
material de látex
10. Las consideraciones hechas más
arriba sobre estos estudios que apuntan
a fallos del preservativo, no se limitan
argumentos teóricos. Que los condones
tienen defectos no es sólo una teoría,
sino que lo confirman experiencias de la
vida real en el mundo real. Uno puede,
por ejemplo, creer que el condón está en
perfectas condiciones, es decir, que
presenta una superficie sin defectos,
con lo que el material de látex puede
ofrecer una alta protección contra el
paso de partículas del tamaño del VIH.
Sin embargo, cuando se ve el estado
actual y real de los materiales de
látex, en las unidades que se
distribuyen, tales como los
preservativos, la situación puede ser
bien diferente.
Por ejemplo, una cierta permeabilidad y
experimentos eléctricos indican que el
látex puede permitir el paso de
partículas mayores que el VIH[43].
Agujeros y zonas débiles de los condones
han sido igualmente detectados durante
experimentos, como puede verse en un
artículo del 1988 en el sitio web de
internet de la Food and Drug
Administration de los Estados
Unidos. “Los productores de
preservativos realizan pruebas
electrónicas para detectar agujeros y
zonas débiles en todos los
preservativos. Además, la FDA exige a
los productores pruebas de agua para
examinar los ejemplares de cada lote de
condones, buscando pérdidas”. Si el test
detecta una tasa de defectos superior al
4 por mil, se desecha todo el lote. El
Departamento [FDA] fomenta también la
realización de pruebas a la rotura de
sus productos, mediante pruebas de
inflado de aire, de acuerdo con las
especificaciones de la Organización
Internacional de Estándares [ISO]”[44].
Si se permiten cuatro preservativos
defectuosos en cada lote de 1.000, deben
haber cientos de miles de preservativos
defectuosos circulando por el mundo,
vendidos o distribuidos gratuitamente, y
lo más probable es que estén
contribuyendo a difundir el VIH/SIDA y
las ETS. ¿Sabe esto el público? ¿Sabe el
público que el riesgo se incrementa
cuanto mayor es la frecuencia y la
promiscuidad, considerando la
acumulación de riesgo, como antes ha
sido explicado?
El Cardenal Eugênio de Araújo Sales,
ahora Emérito, y durante muchos años
Arzobispo de la inmensa Archidiócesis de
Río de Janeiro, declaró recientemente en
un artículo periodístico que muchos
lotes de preservativos (algunas de las
principales marcas) fueron retirados del
mercado en Brasil durante 1999, 2000 y
2003, debido a fallos en diferentes
tests y al descubrimiento de que se
trataba de productos falsificados[45].
Según el Cardenal Araújo Sales, se
retiraron en 1999, 1.036.800 unidades
del preservativo Prudence®, la tercera
marca en el Brasil, debido a que no
superó las pruebas efectuadas por el
INMETRO, el Ministerio para el
Desarrollo, Industria y Comercio
Exterior. Antes incluso de que el
Cardenal Araújo Sales hiciera estos
comentarios, el grupo de consumidores
Civitas International declaró que
“en 1991 el Instituto Brasileño de
Defensa del Consumidor (IDEC) publicó un
estudio en el que se informa de que
cinco de cada siete marcas de
preservativos en Brasil, incluyendo la
primera marca nacional, Jontex®,
producida por Johnson & Johnson,
no superaron pruebas internacionales de
seguridad”[46].
11. Los preservativos, además de los
posibles defectos de producción, pueden
sufrir deterioro durante su transporte,
manipulación y almacenamiento e,
incluso, degrado tras su compra por el
usuario final. En mayor o menor medida,
se han propuesto que factores como los
siguientes, pueden contribuir al
deterioro del látex (y, en consecuencia,
al fallo del condón): exposición a la
luz solar, el calor (incluso el calor
corporal, cuando se guardan en bolsillos
o carteras), la humedad, la presión
atmosférica, el uso de ciertos
espermicidas e, incluso del ozono
atmosférico[47]. Asimismo el condón
puede sufrir daño físico inmediatamente
antes de su uso, o durante el mismo,
como el contacto con objetos punzantes o
afilados, o incluso las uñas.
El sitio web de internet de la Food
and Drug Administration (FDA) de los
Estados Unidos avisa de que “los
consumidores deben asegurarse de que el
paquete de preservativos no esté dañado,
y controlar que no haya deterioro en
ninguno de los condones, así como que
estén debidamente enrollados para su
uso. El condón no debe usarse si es
viscoso o crujiente, descolorido o tiene
agujero alguno. Tampoco deben usarse
preservativos después de su fecha de
caducidad y si no la hubiera, después de
transcurridos cinco años de la fecha de
su confección. Cuando se emplean
condones de látex debe usarse sólo
lubricantes con base acuosa (por ejemplo
de glicerina, o KY Jelly®),
porque los lubricantes a base de
aceites, como por ejemplo el petrolato,
perjudican la goma natural”[48]. Si se
toman tales precauciones – y debe
tratarse de peligros reales para ello –
entonces sería irresponsable, tratándose
de un peligro mortal, tomar esto a la
ligera.
Hay también condones de otros
materiales, como el poliuretano, que son
“comparables a los condones de látex en
cuanto barrera al esperma y al virus
VIH”, así como preservativos hechos de
membranas naturales (de piel de cordero)
“que son útiles en la prevención del
embarazo, [pero que] no son de
protección efectiva contra el VIH y
otras enfermedades de transmisión
sexual. Mientras el esperma no puede
atravesar el material de piel ovina,
pueden hacerlo, en cambio, pequeños
microorganismos, que pueden atravesar
estos preservativos, incluyendo el
VIH”[49].
Incluso en caso de parejas
serodiscordantes, desde el punto de
vista médico, el preservativo no parece
ser la respuesta real: entre los
usuarios de preservativos en modo
consistente, queda aún la posible
transmisión del VIH[50]. El resumen
final del encuentro, más arriba
considerado, manifiesta: “Ha sido
demostrada una exposición al VIH/SIDA
por relaciones sexuales con pareja
regular (en ausencia de otros factores
de riesgo de VIH/SIDA). Estudios
longitudinales de casos de infección de
parejas VIH - [negativo], cuyo
partner es VIH + [positivo],
permiten estimar su incidencia entre
usuarios y no usuarios de preservativos.
De ambas estimaciones se desprende que
el uso consistente del preservativo
reduce el riesgo de transmisión de
VIH/SIDA, aproximadamente en un
85%”[51]. Para una promoción adicional
del “sexo seguro”, algunos han propuesto
el uso de un doble preservativo, cuya
eficiencia permanece cuestionable,
teniendo en cuenta los diferentes
factores presentados antes[52].
Fallos del preservativo atribuibles a
su uso
12. Junto a las consideraciones hechas
más arriba sobre la integridad física
del preservativo, se debe recordar
además que éste puede ser usado de
manera impropia. Por ejemplo, uno puede
volver sobre sí el condón, durante la
relación sexual, si lo ha colocado antes
por error del lado contrario,
permitiendo entonces que, si hay
esperma, éste se introduzca directamente
en la vagina. O bien comenzar la
relación sexual sin preservativo, o
quitárselo durante el mismo, o no
sujetarlo bien al retirarlo, o retirarlo
con el pene en erección, o utilizarlo
varias veces, etc. Hay algunos otros
ejemplos de uso incorrecto del condón,
que pueden fácilmente suceder. Un
estudio muestra que, in vivo, el
deslizamiento y ruptura del condón
alcanza un 0,1% y hay un 0,5-6,7%,
respectivamente, de fallo del
preservativo[53].
El uso típico en la vida real del
preservativo está lejos de lo perfecto;
es más bien frecuente su uso
inconsistente e incorrecto. No es
difícil comprenderlo, dado que su uso
consistente requiere un enorme acerbo de
auto-disciplina (y memoria), y su uso
correcto precisa de un relativamente
meticuloso proceso de siete pasos, si
uno sigue las instrucciones de los
Centers for Disease Control and
Prevention[54]. En uno de sus
folletos, el Instituto Médico (Texas)
dice: “Cuando se facilita una lista
básica de procedimiento para el uso
correcto del preservativo, menos de la
mitad de los adolescentes con vida
sexual activa informan de que usan
correctamente los condones”[55]. Sin
entrar en detalles, baste decir que el
acto sexual, a causa de sus aspectos
pasionales e instintivos y, a veces, por
la ausencia de un mínimo de autocontrol,
comporta los riesgos antes mencionados,
durante y después del uso del condón. El
Instituto Médico (Texas) explica los
resultados de un uso inconsistente del
preservativo en los términos más
sencillos: “¿Y qué pasa si sólo los uso
la mayoría de las veces? Te arriesgas.
De hecho, el CDC afirma: ‘usados de
manera inconsistente (es decir, menos
del 100% de todas las veces), los
preservativos apenas ofrecen algo más de
protección que si no fueran usados en
absoluto’”[56].
Incremento y disminución del VIH/SIDA
con los preservativos y con la castidad,
respectivamente
13. Que los preservativos no ofrecen una
total protección contra la transmisión
del VIH y las ETS se combina con el
hecho de que las campañas de “sexo
seguro” han comportado, en vez de un
incremento de la prudencia, a un
incremento de la promiscuidad sexual y
del uso de preservativos[57]. De hecho,
hay estudios que muestran que el
VIH/SIDA crece cuando también lo hace el
número de preservativos
distribuidos[58]. La conducta humana es
un factor importante en la transmisión
del SIDA. Sin una adecuada educación
encaminada al abandono de ciertas
prácticas sexuales de riesgo en favor de
una sexualidad bien equilibrada, como lo
son la abstinencia prematrimonial y la
fidelidad marital, hay riesgo de que los
desastrosos resultados de la pandemia se
perpetúen. Cuando se ha fomentado la
abstinencia antes del matrimonio y la
fidelidad al proprio esposo, hay
estudios que mantienen que la pandemia
del VIH/SIDA ha sufrido una clamorosa
disminución. Por ejemplo, Uganda ha
llevado a cabo un programa basado en la
castidad, y la incidencia del VIH/SIDA
ha sido controlada allí relativamente
mejor que en otros países. “Mientras el
SIDA se difunde por África, Uganda queda
como un éxito aislado, donde millones de
ugandeses han adoptado una moralidad
sexual tradicional que incluye la
abstinencia fuera del matrimonio y la
fidelidad en el matrimonio, para evitar
la infección. Pero la comunidad
internacional SIDA se ha mostrado
rehacía en promover esta estrategia en
otros lugares, y ha continuado, en
cambio, poniendo su confianza en los
preservativos”[59]. En relación con
ello, el estudio de este caso por parte
de la Agencia Internacional de
Desarrollo de los Estados Unidos
(USAID), titulado Declining HIV
Prevalence, Behavior Change, and the
National Response. What Happened in
Uganda? , afirma, en un cuadro
sinóptico que muestra la tendencia del
VIH y los datos de conducta relativos a
Uganda, Kenia y Zambia, que “la
disminución de la prevalencia en Uganda
se relaciona más con la reducción del
número de parejas sexuales que con el
uso del condón”[60]. De manera parecida,
el Programa Conjunto de VIH/SIDA, de las
Naciones Unidas (UNAIDS), en su
actualización de diciembre de 2003,
AIDS epidemic update, afirma que “la
prevalencia de VIH continua
retrocediendo en Uganda, donde desciende
al 8% en Kampala, el 2002. Se trata de
un hecho a reseñar, considerando que,
hace diez años, la prevalencia del VIH
entre mujeres embarazadas, en dos
clínicas prenatales urbanas, era del
30%. Un eco de disminuciones parecidas
se ha ido registrando en toda Uganda,
donde hoy una tasa de prevalencia de
doble dígito es rara. Hasta la fecha,
ningún otro país ha conseguido estas
realizaciones, al menos a nivel
nacional[61].
En Tailandia y las Filipinas los
primeros casos de VIH/SIDA se remontan a
1984; En Tailandia había 112 casos en
1987 y algo más en las Filipinas, 135.
Hoy en cambio, en el 2003, hay 750.000
casos en Tailandia donde el programa de
100% de uso de preservativos ha tenido,
relativamente, un gran éxito, mientras
tan sólo hay 1.935 casos en las
Filipinas[62], ¡y esto considerando que
la población de las Filipinas es cerca
del 30% mayor que la de Tailandia! Una
tasa relativamente baja de uso del
preservativo por parte de la gente en
general, una firme oposición por parte
de la Iglesia[63], y un buen número de
líderes gubernamentales contrarios al
programa de preservativos y a la
promiscuidad sexual, son hechos bien
conocidos de las Filipinas. Comentando
algunos de estos informes, Jokin de
Irala, profesor de epidemiología de la
Universidad de Navarra (España) afirma:
“Es simplemente irresponsable lo que se
ha hecho en algunas naciones. Es un
error que tendrá que pagarse muy caro
haber confiado ciegamente sólo en los
preservativos, y nada más, en la
estrategia preventiva, cuando se ha
visto que este método no ha sido
suficiente para parar la epidemia en
grupos que están afectados a priori como
los homosexuales... La gente debería
exigir de sus autoridades una mayor
seriedad y originalidad en la resolución
de estos problemas. Se debería pedir, al
menos, el mismo coraje que el mostrado,
por ejemplo, cuando comenzó en serio la
lucha contra el tabaco. No podemos
quedarnos quietos creyendo ingenuamente
que un problema de tan enorme
complejidad se puede solucionar con un
“atajo” como el preservativo”[64].
14. Hay que preguntarse, pese a que la
OMS afirma que en 2002 el 99% de las
infecciones por VIH en África fueron
debidas a relaciones sexuales no
protegidas, si la mayoría de nuevas
casos de VIH/SIDA en África no se deban
más bien que a relaciones sexuales, a
jeringuillas vueltas a utilizar, dada la
inadecuada infraestructura sanitaria del
Continente, tal y como algunos autores
han manifestado recientemente[65]. En
tal sentido, la actual orientación de
los esfuerzos contra el SIDA focalizados
exclusivamente o preponderantemente en
la distribución de preservativos es
evidentemente insuficiente y
cuestionable.
El derecho a una información correcta
y completa
15. El SIDA representa un peligro serio
para el cual no hay curación todavía.
Los usuarios de preservativos deben ver
garantizados sus derechos éticos y
jurídicos a ser informados correcta y
completamente sobre los riesgos de la
transmisión sexual de esta enfermedad y
sobre la verdadera efectividad del
profiláctico. Dada la proporción
pandémica del SIDA, lo que la Iglesia
propone no es una mera reducción del
riesgo (lo que se transforma en la
actualidad en un aumento del riesgo
cuando los riesgos reales de transmisión
no se explican al público), sino más
bien una eliminación del riesgo;
no una protección parcial sino
una protección absoluta. Decir
que se promueve el “sexo seguro” cuando
de hecho lo que se está promoviendo es
el “sexo más seguro”, es decir, el sexo
que es más seguro que si no se usara
para nada el preservativo, es
verdaderamente inducir al error; esto
está todavía muy lejos de ser una total
protección. Proclamar que es
“técnicamente correcto” decir que el
preservativo “ofrece protección”
(induciendo a la gente a pensar que
protegen completamente), queriendo decir
que, de hecho, “ofrecen protección
parcial”, o “85-90% de protección” o
“protección relativa” es llevar a muchos
a su muerte. Subrayar que el condón
“reduce los riesgos”, escondiendo el
hecho de que “no se eliminan los
riesgos”, confunde.
La advertencia de que el condón es
“efectivo en la prevención de la
transmisión del VIH y de muchas otras
ETS” o de que “puede reducir el riesgo
de su transmisión” (proclamando, quizá
que en algunos países su producción ya
ha sido perfeccionada), cuando lo que se
quiere decir es que “hasta un cierto
grado de efectiva prevención del VIH y
de algunas ETS, aunque no es total y no
hay evidencia de que se reduzca el
riesgo de infección por VPH”, no es sólo
una falta de respeto a los derechos de
la mujer, es tanto como algo
completamente anti-mujer y anti-hombre.
Animar a un “cambio de conducta” a los
adolescentes en los programas de
educación sexual, cuando lo que se
pretende es “animarlos a usar el
preservativo cuando viven el sexo antes
del matrimonio”, fomentando
contemporáneamente el sexo antes del
matrimonio, no sólo destruye la salud
reproductiva de los adolescentes, sino
también su salud mental, emocional y
espiritual, así como su vida futura
entera.
16. La falsa seguridad generada por las
campañas de “sexo seguro” obstaculiza el
derecho a una información correcta y
completa. Las apelaciones de los
verdaderos, sinceros consumidores, así
como de los promotores de la salud,
especialmente los promotores de los
auténticos derechos de la mujer,
llamando a completar y revelar
claramente la información disponible
sobre la efectividad (más bien
inefectividad) de los preservativos, ha
topado frecuentemente con oídos sordos,
por una u otra razón. Esta llamada está
fundada en el derecho del consumidor a
saber las auténticas características del
producto que él o ella están usando, y
más todavía si tales características son
relevantes para la vida y salud del
consumidor. El público debe ser
informado de que el condón no garantiza
una total protección ni contra el SIDA
ni contra otras ETS. Igual que los
cigarrillos llevan la advertencia de que
fumar es peligroso para la salud del
fumador y la de aquellos que están
cerca, quizás también se debería exigir
a los preservativos que llevaran
etiquetas de advertencia, en los
paquetes, en los mostradores donde se
exponen y en los distribuidores
automáticos, de que no garantizan una
total protección contra el VIH/SIDA y
ETS o de que no son seguros.
El Dr. Luis Fernández Cuervo de El
Salvador avanza, incluso, un paso más,
aludiendo a la posibilidad de acciones
legales contra cuantos promueven el
“sexo seguro”, de manera parecida a las
acciones legales contra las empresas de
tabaco. “Si un fumador habitual contrae
cáncer, él o ella puede denunciar a la
empresa de tabaco, reteniéndola
responsable. Así, en los Estados Unidos,
se han obtenido suculentos millones en
compensación (¿!). ¡Como si un fumador
no supiera, hace ya más de 50 años, que
el tabaco puede inducir cáncer! Pero si
una persona sexualmente promiscua usando
el preservativo enferma con SIDA, no
tiene derecho a denunciar al laboratorio
que ha confeccionado el preservativo, ni
a los muchos grupos que promueven el
‘sexo seguro’. Raro, verdaderamente
raro”[66].
17. La pandemia de VIH/SIDA y ETS sigue
creciendo a pesar de los grandes
esfuerzos en reprimir su crecimiento.
Tomando en cuenta los datos aducidos en
diferentes estudios y las experiencias
en este campo, la idea de “sexo seguro”,
tal y como la han presentado las
campañas del preservativo, se muestran
falsas o al menos dudosas, y deben ser,
por tanto, sometidas a escrupulosa
vigilancia. Más aún, puesto que hay un
cierto nivel de peligro, es una
responsabilidad grave de las
instituciones nacionales e
internacionales, públicas y privadas,
así como también de los medios de
comunicación, contribuir a suministrar
una información correcta y completa
sobre la
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