Por Juan Vicente Boo, corresponsal en ABC 27.01.2003
ROMA. Al tiempo que manifestaba su alegría por el éxito del IV Encuentro Mundial de las Familias en Manila, Juan Pablo II lamentó ayer la «caricatura de familia» que suponen las parejas de hecho, las parejas homosexuales, y varias formas de convivencia con bajo nivel de compromiso mutuo o respecto a los hijos.
Desde el balcón de su estudio y ante decenas de miles de fieles que acudieron al rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre reiteró que «la unión fiel y fecunda de un hombre y una mujer, bendecida por la gracia de Cristo, constituye un auténtico Evangelio de vida y de esperanza para la Humanidad».
Egoísmo individual
El Papa, que ha lamentado en repetidas ocasiones la proliferación de parejas de hecho, familias monoparentales y otros modos de convivencia, volvió a criticar ayer «los tipos de familia basados en los egoísmos individuales» afirmando que «esas caricaturas de familia no tienen futuro, ni pueden dar un futuro a ninguna sociedad».
Juan Pablo II insistió en que «la familia es un Evangelio, una buena noticia, en la medida en que hace propia la vocación que Dios le ha dado al inicio de la Humanidad, un proyecto de vida que, gracias a Dios, hacen suyos tantísimos cónyuges no cristianos. La familia es hoy, por tanto, un camino privilegiado de diálogo entre las diversas religiones y culturas», y así se verá en el próximo Encuentro Mundial de Familias del año 2006, que se celebrará en Valencia.
Patrimonio de la Humanidad
La enorme distancia ha impedido al Papa acudir a la cita de Manila, pero participó el sábado mediante un enlace televisivo en directo que le permitió escuchar los testimonios de familias de los cinco continentes y dirigir un mensaje al millón largo de participantes, llegados de 80 países a un tipo de acontecimiento trienal similar a las Jornadas Mundiales de la Juventud.
El Papa les comentó que «la familia fundada en el matrimonio es Patrimonio de la Humanidad. Es un bien muy grande, necesario para la vida, el desarrollo y el futuro de los pueblos. La familia, coeducadora por excelencia de las personas, es indispensable para una verdadera ecología humana».
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