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RECUPERAR EL VALOR DE LA FAMIL (María Garrido Encinas)

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RECUPERAR EL VALOR DE LA FAMILIA

Algunos casos resultan alarmantes. Robert Rector , miembro de la comisión de expertos Heritage Foundation (EE.UU.), cuenta cómo en la sociedad estadounidense, “lo mismo que en otras modernas”, la familia tradicional —marido, mujer e hijos- está siendo reemplazada por una nueva estructura, integrada por mujer soltera, hijos y subvención pública. El padre, la madre, los hijos, y la sociedad, en general, se convierten en “víctimas” del nuevo modelo.

Por María Garrido Encinas

UNA VEZ MÁS, EE.UU. nos lleva la delantera. Aunque, por fortuna, la figura paterna en España mantiene su inestimable valor, el ejemplo bien podría hacerse realidad. Son las últimas consecuencias derivadas del “tanto ganas, tanto vales”, con el que la mentalidad economicista se ha impuesto en más de medio mundo en el siglo XX.

La transformación ha afectado a los cimientos de la sociedad. El grupo se ha diluido y, en su lugar, el individuo es ahora el protagonista de la historia. Eso ha repercutido en la convivencia de la familia, supeditada muchas veces a los deseos de realización personal de cada miembro. Como revelaba recientemente un estudio de Juan del Pino , catedrático de la Universidad de Málaga, basado en una encuesta mundial coordinada por Ronal Inglehart , la familia sigue liderando la escala de valores del hombre moderno. Pero el trabajo también.

Individualismo y capitalismo se influyen e interrelacionan. Dicho de otro modo: es el pez que se muerde la cola. Se manifiesta, incluso, a la hora de presentarse ante un desconocido: del soy hijo de tal se ha pasado al soy ingeniero, soy panadero ... Pero no significa que el pasado ya no importe. Ciertos fenómenos apuntan hacia una revalorización de los orígenes sociales, porque la educación, a medida que se extiende, pierde su sentido como mecanismo de selección y deja de ser discriminante. La experiencia gana terreno al título, y los conocimientos que importan son los aprendidos tempranamente en el seno de la familia.

No es extraño, por tanto, que la familia se haya convertido en uno de los temas favoritos de la investigación social y antropológica de las últimas décadas.

Padre y Madre

Matrimonio y filiación siguen siendo los elementos básicos de este núcleo convivencial, pero ha cambiado su modo de relacionarse. El modelo jerarquizado —con un cabeza de familia que ejercía su rol de autoridad— ha derivado en una estructura más democrática, en la que las decisiones importantes se toman una vez sopesadas, primero, por los dos cónyuges y, a medida que crecen, por sus descendientes. La relación entre padres e hijos ha perdido verticalidad y, en su lugar, se suceden las muestras de lo que José Almaraz , decano de Ciencias Políticas y Sociales de la UNED, califica como “afectividad manifiesta” e “igualitarismo”.

Según Rafael Gobernado , catedrático de la Universidad de Málaga, el valor más importante que una familia puede inculcar, en su actual contexto, es el de la autonomía personal, “que todos somos iguales y valemos con independencia del clan al que pertenecemos”.

A diferencia del pasado, las mujeres —esposas, hijas y hermanas—, se han igualado a los hombres en derechos y deberes, tal y como recoge la Constitución española de 1978. El reconocimiento ha supuesto un gran cambio para la vida familiar en España. Si hasta entonces la mujer entraba por la puerta de atrás en el mundo del trabajo, a partir de esa fecha defendió con más fuerza su puesto en el mercado laboral. Así, el 64°/o de la población española apoya hoy la actividad profesional de la madre. Ese “visto bueno” social va ligado a la progresiva llegada de la mujer al trabajo; el acceso laboral ha desembocado hoy en que uno de los tipos familiares más representativos de España lo formen dos cónyuges con trabajo fuera de casa y que comparten las tareas domésticas para sacar adelante —si los tienen— a sus hijos. Un modelo que representa el 84°/o de los matrimonios de EE.UU.

Y no todo se resuelve con que hombre y mujer trabajen y se repartan las tareas domésticas; los padres, como siempre, se enfrentan a la educación de los hijos, pero han dejado de protagonizar la vida política y económica en la sociedad. Atrás quedó, por ejemplo, heredar el oficio del padre, los hijos encuentran en muchos casos el trabajo lejos del negocio de sus padres.

Por eso, una vez “liberada” de sus cargas públicas, se pretende que la familia pueda volcarse en los suyos mejor que nunca, en un feliz desarrollo de su vida íntima y privada. No en vano, frente a la escuela, la universidad, los amigos o los medios de comunicación, la familia constituye el lugar donde las personas establecen sus relaciones más desinteresadas, de donde se extraen las primeras opiniones...En definitiva, el centro más adecuado para formar personas íntegras, solidarias, responsables y honradas, creadoras de tejido social; capaces de fundar sus propias familias y de asumir sus funciones en la comunidad.

A esto contribuye la “nueva relación”, citada por Almaraz , que mantienen padres e hijos. Ya no es lo que era. El diálogo y las frecuentes muestras de cariño —a veces adulteradas bajo términos de más que su padre, intento ser su amigo , o similares— han generado un ambiente más cordial que aquel lo < digo lo y padre tu soy porque>. Pero la actual falta de autoridad resulta tan negativa como el antiguo exceso de mando, lo que en parte se debe al poco tiempo disponible para el cuidado y la educación de los pequeños. Un sucedido de marca norteamericana:
La madre, actriz de Hollywood de vacaciones por España, pregunta a su hijo cada cuarto de hora con precisión de relojera:
—¿Eres feliz?
—Sí, mamá —responde el niño de diez años.
—No te aburre que te pregunte si eres feliz cada cuarto de hora? —le pregunta alguien al niño dos horas después.
—No, normalmente no me lo dice más que una vez al día
(Y la madre se conformaba con ese sí).

El tiempo no se compra, se llena

La jornada de trabajo condiciona las horas dedicadas a la vida de casa. Por necesidad o por ambición, el mayor tiempo invertido en el trabajo hace que muchos padres se sientan culpables por el “abandono” de sus hijos. Por eso, según la pediatra francesa Dominique Bazot (Aceprensa 99), tratan de compensar esta ausencia cubriendo a sus retoños de regalos ( ¿eres feliz? ), a la vez que delegan su responsabilidad educativa en maestros, profesores particulares o programas de internet.

Otra madre y otro hijo estadounidenses. El niño es un crío indomable que se obstina en hacer lo que le da la gana. Demasiada voluntad para un niño de siete años:
Johnny , te he dicho que no hagas eso.
—¿Y por qué?
—Porque no.
—¿Y por qué no?
—Porque no es legal.

No es la solución. Los niños disfrutan de todo menos del tiempo de sus padres. Según la asociación de psicólogos voluntarios Help Me, implantada en ocho países europeos, los padres italianos son los que menos tiempo pasan con sus hijos (22 minutos diarios), seguidos de los españoles (34 minutos), portugueses (36), suizos (37) y franceses (38); en Suecia y Dinamarca, los adultos dedican, al menos, todos los días una hora a sus descendientes. ¿La clave es sólo el tiempo?

Se ha comprobado que el éxito escolar depende, en gran medida, de los hábitos que se adquieren en casa, siguiendo unas horas establecidas para estudiar, jugar o dormir, El hijo hace recados, come con sus padres y conversa, pide ayuda para entender una raíz cuadrada...: el tiempo se llena. El diálogo con sus mayores se convierte en la experiencia más enriquecedora para el niño, que piensa, habla, se corrige, escucha... Y recibe los únicos valores que garantizan a largo plazo la cohesión social, según afirma Alain Cruel (Aceprensa 99), presidente del Tribunal de Menores de París.

Sin padre, sin madre... ¿sin familia?

A un niño que crece sin un claro referente familiar le resultará difícil establecer vínculos afectivos para toda la vida. Porque, si no dispone de un modelo familiar adecuado, ¿cómo asumirá las exigencias propias de una madre o un padre? Probablemente, antepondrá los intereses económicos y laborales, retrasará la edad del matrimonio, tendrá hijos más tarde e incluso entenderá el matrimonio como un contrato de horario flexible y a tiempo parcial, que puede dejar en cuanto le hace sentirse “atado”. ¿Profesión o estado civil?

De acuerdo con la encuesta coordinada por Inglehart , el matrimonio, como institución, sigue de moda, pero se permite su ruptura. Junto al tradicional modelo formado por padre/madre/hijos, han aumentado otros tipos de hogares: unipersonales (solteros, ancianos...), constituidos por un matrimonio sin hijos, cohabitantes o parejas de hecho, monoparentales (viudo o viuda con hijos).

Sobresalta que varios estudios sociológicos relacionen directamente la falta de una familia estable con la criminalidad en EE.UU., por delante de la pobreza o la pertenencia a una raza. De hecho, más de tres cuartos de los jóvenes delincuentes encarcelados en el país proceden de hogares rotos o cuyos padres nunca se habían casado.

El marido representa la estabilidad, el refugio donde la mujer puede acudir, el compañero con el que se saca adelante una casa. Sobre la madre no debe recaer toda la responsabilidad de aplicar los criterios educativos y familiares en un hogar. Cuando un joven carece de referencia paterna, toma otros modelos, no siempre ejemplares, como el amigo más bocazas. Asegura el francés Tony Anatrella (Aceprensa 99), experto en psiquiatría social, que el padre enseña al bebé a diferenciarse de la madre y a adquirir autonomía psicológica. La ausencia del progenitor, en suma, conlleva déficits en el desarrollo del pequeño, le resta seguridad.

Un reto: conciliar hogar y trabajo

Es necesario, por tanto, que muchos padres logren compaginar su actividad profesional con el hogar. En un artículo publicado en la revista jurídica Aequalitas , Pilar de Luis , profesora de Empresa en la Universidad de Zaragoza, observaba: “Dentro de la familia, el coste que se deriva del cuidado y la crianza de los hijos puede ser medido por tres elementos: el coste en bienes de consumo, el coste del tiempo utilizado y el estrés que supone”. Mientras que el primer coste lo soporta la economía familiar, el segundo y el tercero, en la práctica, recaen sobre la mujer, que se ve obligada a dejar su trabajo o a realizar una doble jornada. ¿Que piensan ellas?

El libro Las mujeres jóvenes en España (de 25- 35 años, clase media y urbana), dirigido por la catedrática de Sociología Inés Alberdi , se refiere a la falta de objetivos: se quiere triunfar en muchas facetas de la vida, y no se pueden condenar opciones posibles por centrarse en una. Muchas rechazan hasta el feminismo. Parece relegado el viejo discurso feminista de combate —el reverso del machismo— que negaba la diferencia, el grito era igualdad . Las mujeres trabajadoras fuera del hogar hoy insisten en sus singularidades; parece que caducó el discurso de Simone de Beauvoir contra la maternidad como el principal instrumento de la pasividad femenina.

Esperanza Aguirre, presidenta del Senado español y abogada, declaraba recientemente en el semanario Mujer Hoy que “la gran conquista de la mujer en este siglo es haber podido tener profesiones fuera de la familia, aunque aún se las obliga a elegir entre el trabajo y los hijos”.

Catherine Hakim , socióloga de la London School of Economics, destaca en el libro Key Issues in Women´s Work: Female Heterogeneity and the Polarisation of Women´s Employment cómo entre las féminas con empleo existen diferentes intereses: mientras unas priman la carrera profesional, las otras consideran el trabajo remunerado como una contribución a la economía familiar. El movimiento feminista ha batallado por los objetivos de las primeras, pero no por los de las segundas, una situación que perjudica, en última instancia, a los miembros que dependen de su cuidado, generalmente niños y ancianos.

Algunos medios de comunicación, como el rotativo londinense Daily Telegraph , ya informaron en su día de las decisiones tomadas por destacadas profesionales que abandonaron su trabajo o redujeron su jornada para ejercer su papel de madre. Las cargas familiares resultan incompatibles con la dinámica de las empresas que ofrecen servicios las 24 horas del día, cada vez más numerosas. Para ellas, el empleado ideal está siempre disponible y ni se retrasa cuando su hijo enferma y no hay abuela con quien dejar al nieto.

Los hijos, un bien para la sociedad

Las familias argumentan que los niños son un bien para los padres, los futuros trabajadores y ciudadanos activos para la sociedad; por eso reclaman ayuda a los agentes sociales, especialmente a las empresas y al Estado. Problemas como la baja tasa de natalidad, el elevado índice de desempleo femenino y juvenil y la desprotección de ciertas estructuras (familias numerosas, monoparentales, con ancianos dependientes...) exigen soluciones.

La profesora De Luis ha constatado el aumento de demandas para que las empresas, como instituciones sociales, soporten el coste de los hijos. Se pide que financien servicios de ayuda familiar (guarderías en el centro de trabajo, pluses para el pago de guarderías externas), puestos flexibles, trabajo en el hogar o teletrabajo; permisos parentales y jornada reducida.

Las medidas solicitadas al Estado se refieren, sobre todo, al coste económico de la crianza de los hijos en tres frentes básicos: subvenciones directas de costes, por ejemplo con el aumento de centros y plazas en guarderías públicas; subvenciones a las empresas que implanten servicios de ayuda familiar; y prestaciones directas, a través de la reducción de impuestos o a través de un salario por hijo, con especial atención a las familias numerosas, un 11°/o de la población española.

Los Estados han practicado diversas políticas familiares para 1ograr fundamentalmente, dos objetivos: fomentar la natalidad y conciliar la actividad profesional con la vida familiar. En España, concretamente, la Administración propone ayudas de carácter asistencial. Existen excedencias o permisos parentales para facilitar la atención de niños en el hogar, así como prestaciones económicas para familias numerosas (en un pago único) y por parto múltiple. Asimismo, se han introducido cambios en la legislación laboral, como los contratos de tiempo parcial, que, si no vienen impuestos y responden a la voluntad de las mujeres, representan “una buena oportunidad” para hacer compatible trabajo y atención del hogar, opina Elvira Martínez Chacón , profesora de la Universidad de Navarra.

Pese a todo, España ocupa los últimos puestos de la lista europea sobre gasto en protección familiar: 48.420 pesetas anuales por hijo, frente a las 140.000 al mes que se cobra por uno solo en Suecia. A ello se une la ley del IRPF aprobada en 1998, cuya aplicación supone una mayor diferencia entre familias con distintos recursos: mientras que unos ingresos de 1,5 millones de pesetas “eximen” de hacer la declaración de la renta, y suponen menos de 50.000 pesetas anuales por hijo; cuando son superiores e implican declaración, se desgravan 200.000 pesetas por el primer y el segundo hijo; y 300.000, a partir del tercero.

Pero las familias constituidas no son los únicos objetivos para diseñar una política familiar eficaz. La Administración debe responder también a las necesidades de aquellos que deseen casarse y tener hijos. Velar por la familia sólo cuando se adoptan medidas específicas “es un error” ha recalcado Antonio Sempere , profesor de Derecho de la Universidad de Navarra, en las Jornadas sobre Política Familiar celebradas recientemente en Pamplona. Sea una tabla de IRPF o una tasa municipal de utilización de vehículos: “Siempre se puede y se debe proteger a la familia” insiste Sempere . Un hogar no puede dejar de constituirse por falta de un sueldo digno con el que mantenerse, o cuatro paredes en las que vivir Porque si la familia es el aspecto de la vida que más importa al hombre, así debería reflejarse en la sociedad.


Publicado en el Nº 558 de Nuestro Tiempo
Edición autorizada de arvo.net

 

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06/07/2005 ir arriba
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