Miércoles - 23.Mayo.2012

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
El valor de la vida humana El valor de la vida humana
El valor del trabajo El valor del trabajo
El valor de la libertad El valor de la libertad
El valor de la familia El valor de la familia
La vejez El valor de la vejez
El valor de la muerte El valor de la muerte
El valor de la sexualidad El valor de la sexualidad
El valor de la moda El valor de la moda
El valor de la política El valor de la política
El valor de la verdad El valor de la verdad
Descanso, diversión, deporte Descanso, diversión, deporte
Valores de la mujer Valores de la mujer
El valor del sufrimiento El valor del sufrimiento
Matrimonio: amor, fidelidad Matrimonio: amor, fidelidad
Alegría y optimismo Alegría y optimismo
El valor de la literatura El valor de la literatura
Maternidad / paternidad Maternidad / paternidad
El valor del esfuerzo El valor del esfuerzo
 amistad, amor amistad, amor
Arte, belleza, elegancia Arte, belleza, elegancia
Sonreir, pensar y viceversa Sonreir, pensar y viceversa
El valor de ser católicos El valor de ser católicos
Economía Economía
Demografía Demografía
Cultura
Literatura
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Los secretos de tu cerebro
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.

MAMÁ, ¿QUÉ ME DEJA HABERTE CONOCIDO? (Carla de Fuentes)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo
MAMÁ, ¿QUÉ ME DEJA HABERTE CONOCIDO?

MAMÁ, ¿QUÉ ME DEJA HABERTE CONOCIDO?

 


¿Que le deja a mi hijo, a mi hija, haberme conocido? La respuesta estará en estrecha relación con quien soy, con quién se encuentre al conocerme.

Por Carla de Fuentes
Guadalajara, México
Arvo Net, 29.09.2006

 

Es fácil descubrir que el legado de nuestra madre marca intensamente nuestra personalidad. Pesa mucho en nuestros recuerdos y en nuestros afectos lo que nos ha dejado esta mujer única en la historia personal de cada uno. Incluso lo que no deja pesa, como si las carencias fueran en realidad algo... ¿Por qué cala profundamente lo que una mamá deja o no deja? ¿Por qué se espera tanto de ella?  Probablemente es la forma más natural de reconocer lo crucial de su papel en el desarrollo de la persona, la importancia de cada madre para la humanidad entera.

 

¿Que le deja a mi hijo, a mi hija, haberme conocido? La respuesta estará en estrecha relación con quien soy, con quién se encuentre al conocerme. Alfonso López Quintás se refiere a la persona como un ser de encuentro: fruto de encuentros interhumanos y llamado a fundar múltiples encuentros en su vida. Entiéndase por encuentro un entreverado de realidades que enriquecen a la persona, que despiertan la creatividad y mueven la iniciativa. Los encuentros no se dan entre objetos, ni entre personas que se tratan utilitariamente. Los encuentros generan unión, en grados altos forman comunidades; las comunidades, por su alto nivel de cohesión, difícilmente son manipuladas. Finalmente, los encuentros siempre dejan huella.

 

El encuentro con la madre podría definirse como el protoencuentro. La madre constituye para el hijo recién nacido el primer y absoluto entorno. El hijo necesita fundar con su madre una relación de cuidado y afecto que configurará la base para los encuentros posteriores que a lo largo de su vida le irán marcando y definiendo.1

 

Al hablar de encuentro no puedo dejar de recordar a nuestro queridísimo Juan Pablo II, quién en tantas ocasiones abordó la dimensión relacional de la persona y quien personalmente vivió de y para el encuentro. Karol Wojtyla enriqueció su personalidad y manifestó su creatividad al encontrarse con la poesía, el teatro, la literatura, la filosofía, el deporte. Sobre todo sus encuentros con otras personas fueron formando su personalidad y su pensamiento. Se encontró con obreros, intelectuales, jóvenes, familias, políticos, artistas...En sus autobiografías se refiere con nombre y apellido a las personas que de alguna u otra manera marcaron profundamente su alma. El encuentro con su padre parece haber sido esencial en su vida.  Y es precisamente citando a nuestro Papa del encuentro como descubrimos los puntos a considerar para dejar, como quisiéramos,  huella  en nuestros hijos: “No os dejéis engañar por la tentación de asegurar a vuestros hijos las mejores condiciones materiales a costa de vuestro tiempo y de vuestra atención que necesitan para crecer en sabiduría, edad y Gracia ante Dios y ante los hombres (Lc 2,52). Si queréis defender a vuestros hijos contra la corrupción y el vacío espiritual que el mundo presenta con diversos medios, (...) rodeadlos de amor paterno y materno y dadles ejemplo de una vida cristiana”.2

 

El hijo necesita encontrarse con el amor de sus padres y, a través de ellos, encontrarse con el amor de Dios  y de los hombres.

 

El encuentro con Dios protege y da sentido a la vida. Salva del desierto interior, principio de los desiertos exteriores.3 Lleva a calmar la sed en Dios y no en otras charcas estancadas. Dios tiene sed del hombre, El es el primero en buscarnos. Tratar a Dios es el encuentro de la sed de Dios con la sed del hombre. Sólo Dios puede saciar los anhelos del corazón humano.4

 

El encuentro con Dios contribuye al desarrollo de la persona entera. Todo lo que es objeto de educación en la persona corresponde al amor de los padres formarlo. Dios participa personalmente en esta labor educativa –creación continuada-. En el origen de la persona no se encontraba únicamente el amor de los padres, es el amor del Creador el que decidió el inicio de la vida del hijo en el seno de la madre y la Gracia perfecciona esa obra. Los padres, si queremos vivir nuestro verdadero papel de co-creadores, debemos contribuir también al desarrollo de la Gracia en nuestros hijos.5

 

¿Cómo facilitar a nuestros hijos un encuentro auténtico con Dios?

El ser humano percibe la realidad a través de los sentidos. Los valores, materiales o espirituales, al ser captados por nuestro intelecto generan emoción. Es necesario que los valores espirituales se materialicen de algún modo para su percepción.  La primera materialización del amor de Dios que puede percibir el hijo es el cariño materno. De ahí la importancia de que nuestras miradas, caricias, palabras,  todo lo que de nosotros percibe nuestro hijo esté nutrido de un cariño auténtico, sea expresión sensible de ¡es maravilloso que existas! El amor materno y paterno son figura del amor incondicional de Dios por cada uno de nosotros y del amor exigente que nos lleva a sacar lo mejor de nosotros mismos.6  Lo primero para facilitar el encuentro madre-hijo-Dios es hacer posible la percepción de nuestro amor incondicional y exigente hacia los hijos.

 

Además del cariño materno, es necesario manifestar de manera perceptible a nuestros hijos nuestro encuentro personal con Dios mediante la piedad. Si nos ven tratar a Dios aprenderán a tratarlo. Sin trato personal no hay encuentro. Sin encuentro no hay amor. Lo contrario al amor es la indiferencia. Conviene revisar con que frecuencia y actitud acudimos a los sacramentos, de modo especialísimo a la Eucaristía. ¿Puede percibirse nuestra fe y nuestro respeto por el porte exterior con el que acudimos al encuentro personal con Cristo en los sacramentos? ¿Acudimos por lo menos a la Santa Misa cada Domingo?

También corresponde a los padres introducir a los hijos en la oración, en el diálogo con Dios, de manera sencilla, natural, constante, breve y agradable. Concretamente en la mañana y por la noche, a la hora de la comida y al salir de viaje. El trato con la Virgen María es un camino maravilloso para encontrarse con Dios. De acuerdo a la edad de los hijos se podrán incluir diversas y sencillas prácticas de piedad: rezar el rosario en familia, dirigir miradas cariñosas a las imágenes de la Virgen y alegrarnos con nuestra Madre en el Ángelus. Ella es el modelo vivo de que el encuentro con la madre se traduce en un encuentro con Dios.

 

Por lo tanto, el segundo punto a considerar es nuestro trato personal con Dios o nuestra indiferencia hacia El. Muy importante es que las manifestaciones de amor a Dios estén realmente llenas de contenido y que luchemos por vivir coherentemente en nuestra vida cotidiana.

 

El encuentro con Dios abre el corazón a las necesidades y sufrimientos de los demás e infunde ánimo para acogerlos y darles respuesta.7  El encuentro con Dios, si es auténtico, se manifestará de esta manera en el trato que tenemos con los demás, despertará nuestra creatividad y moverá nuestra iniciativa. Si lo contrario al amor es la indiferencia, conviene preguntarnos: ¿frente a quien vivimos como si no existiera, a quienes ignoramos o frente a quienes quedamos indiferentes?

 

Finalmente, para que al percibir el cariño incondicional y exigente, y la piedad hacia Dios y los hombres, el hijo pueda abrirse al encuentro, es necesario que esté libre de esclavitudes. ¿Contribuimos a esclavizar a nuestros hijos? ¿Dificultamos la libertad necesaria para encontrarse con Dios y con los hombres?  En la exhortación apostólica La familia en los tiempos modernos Juan Pablo II advierte que “los hijos deben crecer en una justa libertad frente a los bienes materiales adoptando un estilo de vida sencillo y austero, convencidos de que el hombre vale más por lo que es que por lo que tiene.

¡No seas tú quien encadene a tu hijo a la esclavitud del consumismo, al sin sentido de vivir poniendo como última meta en su vida la búsqueda de la comodidad y el placer, no le encierres en el egoísmo, no provoques que trate a los demás como objetos! ¡Ayúdalo con tu ejemplo y con tu cariño exigente a esforzarse, a pasar ciertas incomodidades, a servir a los demás, a contemplar la belleza en la naturaleza y en el arte, a asombrarse, a  tener iniciativa y desarrollar su creatividad, a saber divertirse, a encontrarse con Dios y con los hombres! Y entonces... dejarás una huella imborrable en tu hijo.

“Su ejemplo (...), testimonio vivo (...), orando junto con sus hijos (...), cala profundamente en el corazón, dejando huellas que los posteriores acontecimientos no podrán borrar” Juan Pablo II.8

 

“Vuestra delicadeza y vuestra piedad, con la piedad de vuestros maridos, de nuestros padres, queda en el fondo del alma y si vienen luego las pasiones que tiran abajo y tenemos una temporada mala en la vida, al final vuelve a brotar la buena semilla. ¿Oyes? ¡No se pierde nunca la piedad que las madres metéis en el corazón de vuestros hijos!” San Josemaría Escrivá de Balaguer.9

 

“Pero, ¿qué queda? El dinero no se queda. Los edificios tampoco se quedan, ni los libros. Después de un cierto tiempo más o menos largo, todo esto desaparece. Lo único que permanece eternamente es el alma humana, el hombre creado por Dios para la eternidad. El fruto que queda, por tanto, es el que hemos sembrado en las almas humanas, el amor, el conocimiento; el gesto capaz de tocar el corazón; la palabra que abre el alma a la alegría del Señor. Entonces, vayamos y pidamos al Señor que nos ayude a llevar fruto que permanezca. Sólo así la tierra se transformará de valle de lágrimas en jardín de Dios.” Cardenal Ratzinger. 10

 

Dios confía en ti para encontrarse con tus hijos. No es casualidad que Antonieta Meo Nenolina, después de vivir santamente su breve paso por la tierra, al morir dijera en una última frase, como hilvanando sílabas de una sola palabra: “Dios...mamá...papá”.11

 

 

 

 

 

  1.  Alfonso López Quintás, Cómo manipular a la familia, ISTMO,

      marzo-abril 1999 .

  2.  Juan Pablo II, Discurso durante el encuentro con niños de primera

      comunión. Polonia, 7 de junio de 1997

  3.  Benedicto XVI, Homilía pronunciada en la celebración eucarística de inicio 

      de pontificado, Roma,  24 de abril de 2005

  4.  San Agustín, quaest. 64, 4  

  5.  Karol Wojtyla, Amor y responsabilidad, p. 56.  

  6.  Josef Pieper, Las virtudes Fundamentales, p. 542-543.  

  7.  Juan Pablo II, La Familia en los tiempos modernos, p.71.

  8.  Ibid., p.97.

  9.  San Josemaría, encuentro en Brasil, 4 de junio 1974.

10.  Cardenal Ratzinger, Homilía pronunciada en la celebración eucarística por       

       la elección del nuevo Papa, 18 de abril de 2005.

11. Guillermo Ma. Havers, Jesus y los niños, p.158.

 

‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

Arvo Net, 29/09/2006

© ASOCIACIÓN ARVO
Contacto: webmaster@arvo.net
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

 

Enviado por Arv Net - 29/09/2006 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.99:0.35
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós