
|

 |
LA LENGUA DE LOS SOCIALISTAS (Alejandro Llano) |
|
 |
 |
|
 |
 |
 |
La lengua de los socialistas
|
La
lengua
de los
socialistas
Por Alejandro
LLano
En La Gaceta.com
Atribuyen a los obispos lo que pertenece al
sentir común de millones de personas.
Por la boca muere el pez. Y el PSOE se ha
ido de la lengua a la hora de intentar
acallar el clamor silencioso en defensa de
la familia que tuvo lugar el pasado domingo
en la madrileña plaza de Colón. Los
socialistas españoles han sufrido una
especie de efecto bumerán dialéctico.
Con sus condenas intolerantes a cientos de miles de
católicos reunidos en un acto litúrgico han
confirmado lo que, de diversas maneras y
siempre respetuosamente, afirmaron quienes
hicieron allí uso de la palabra. Que, por
cierto, no eran sólo obispos. Porque creen
los socialistas que todos son de su
condición y que los católicos actúan de la
manera consignataria que ellos tienen por
norma. Toman la parte por el todo y
atribuyen a los obispos lo que pertenece al
común sentir de millones de personas,
hartas de que el Gobierno y su partido
intenten configurar, con estilo autoritario,
las mentes y las costumbres a su laicista
manera de entender la sociedad.
Resulta evidente que la democracia misma se resiente cuando
quienes la presiden se ven aquejados por una
mentalidad totalitaria que asoma la oreja
cuando ellos procuran aparentar todo lo
contrario. Incluso al pretender moderar su
discurso y rectificar por escrito las
amenazas de Pepiño Blanco y del
vociferante Fernández Bermejo, les sale un
comunicado tan pretencioso como el que lleva
por título Las cosas en su sitio. En él se
leen lindezas como “la fe no se legisla”. Y
su afán de reducir todo a política se
manifiesta allí también en la tesis de que
no hay más legitimidad que la legitimidad
constitucional. Como si la variopinta
vida social pudiera quedar encerrada en un
texto sobre el que todo los valores y
procedimientos tuvieran que fundamentarse.
Resulta, además, que los socialistas se distinguen ahora
por su escaso respeto a nuestra venerable
carta magna, y no sólo en cuestiones
territoriales, sino también en asuntos que
conciernen directamente a la familia, como
son las leyes del matrimonio homosexual y de
la educación para la ciudadanía.
Quienes erosionan la democracia y transitan peligrosamente
por sus bordes no son los que defienden la
institución familiar, sino aquellos que
–—con sus internas contradicciones— han
provocado la implosión del Tribunal
Constitucional, que tendría que haberse
pronunciado hace tiempo sobre esas leyes y
sobre otras no menos aventuradas.
La democracia es
esencialmente libertad. Y la primera
libertad de todas es la de expresión. Desde
los medios de comunicación oficiosos y desde
los canales culturales cercanos a la
Administración se ataca continuamente a la
Iglesia Católica y, si alguien osa quejarse
de insultos que no se detienen ni ante la
blasfemia, se le vienen encima las tópicas
acusaciones de represión y actitud
inquisitorial. Pero, eso sí, cuando los
católicos se atreven a sugerir que el
Gobierno está tratando de arrinconar la
visión cristiana de la vida desde hace
cuatro años —con ocasionales retrocesos
puramente tácticos— entonces se les advierte
severamente que no hagan política y que,
caso de pretender decir algo sobre el bien
común, se presenten a las elecciones. Como
si los partidos políticos fueran el único
canal de expresión del pensamiento libre,
cuando precisamente la democracia consiste
en el tipo de organización social en el que
se mueven con más libertad las agrupaciones
prepolíticas y extrapolíticas, es decir, eso
que se entiende por ciudadanía.
Los intelectuales orgánicos han sido llamados inmediatamente
a formar tras las tesis gubernamentales en
la prensa oficiosa. Y todos ellos, faltaba
más, han acudido al toque de rebato y han
dicho exactamente lo que de ellos se
esperaba. Se aproximan las elecciones y hay
que mantener despierta a una clientela que
parece poco motivada. La reacción del
PSOE, completamente desproporcionada, sólo
es comprensible en clave de los comicios de
marzo que no van a resultar tan fácilmente
digeribles como esperaban. Aunque quizá el
aludido efecto bumerán conduzca a que la
polémica despierte a quienes siguen pensando
que aquí no pasa nada y que la crisis
económica —lo único realmente importante—
tardará en hacerse sentir entre nosotros.
Lo que está pasando en nuestro país —y estos días pasados se
ha visto más claramente que nunca— es que se
nos está tratando de imponer una versión del
mundo completamente secularizada, a través
fundamentalmente de las leyes educativas y
de una cultura manipulada. Y que, cuando
alguien se atreve a decir que el rey va
desnudo, se le echa encima todo el aparato
de agitación y propaganda.
Hasta que pacíficamente, con modos exquisitamente
democráticos —es más, poniendo en marcha los
dinamismos emergentes más propios del
régimen de libertades— una sociedad civil
que revive tome por fin la palabra y diga:
Bien, vale, ya es suficiente, hasta aquí
hemos llegado; ellos no darán un paso atrás,
pero nosotros vamos a dar unos cuantos pasos
adelante.
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾
|
|
|
|
|
© ASOCIACIÓN
ARVO 1980-2005 |
|
Editor-Coordinador:Antonio Orozco
Delclós |
|
|
|
 |
 |
|
 |
 |
 |
|
 |
 |
Enviado por Gaceta.es - 06/01/2008 |
  |
 |
|
|
|

|