|
Jaime Mayor Oreja
Conferencia en el
CONGRESO EUROPEO de la FAMILIA*
Roma 09/03/07
Quisiera comunicaros algunas ideas básicas
sobre nuestro hábitat natural inmediato y
más trascendental: la familia.
Debemos ocuparnos de ella, preocuparnos
cuando haga falta, protegerla, cuidarla,
ponerla en valor social y políticamente, y
hacernos, en una palabra, si me permitís la
expresión, ecologistas de la familia,
activistas de la familia.
Defender la sostenibilidad de la familia,
porque de esa sostenibilidad depende nuestro
mejor desarrollo, e incluso la supervivencia
de la dignidad de la persona.
Hay que saber reconocer que algo, bastante o
mucho hemos hecho mal los que nos
proclamamos cristianos europeos. Por
ejemplo, hemos enfocado siempre el tema de
la familia desde posiciones ideales o
abstractas, como valor moral o social, como
principio, sin poner el acento muchas veces
en que la familia además es esencial en la
supervivencia de nuestro modelo de vida:
defender la familia es defendernos a
nosotros mismos.
Así las cosas, mi intervención se centrará
en el enunciado y desarrollo de las
“urgencias” que en mi opinión debemos poner
en valor en relación con la familia y
respecto de las cuales la nueva juventud
europea tiene un papel muy especial que
cumplir.
Debemos generar un cambio de actitud
personal y colectivo a la hora de afrontar
nuestro presente y futuro inmediato como
personas que integran y defienden la
realidad de las familias.
Por eso un cristiano europeo, en la vida
pública, por encima de cualquier otro
objetivo u otra consideración, debe aspirar
a identificarse como un defensor de la
verdad. Debe ser capaz de poner todo su
esfuerzo, toda su voluntad e inteligencia en
la búsqueda de la verdad, en primer término.
Luego, debe ser capaz de defenderla, y
posteriormente, debe sacrificarse e incluso
sufrir por la verdad que siempre exige
tenacidad y perseverancia.
Y en la defensa de la verdad nos haremos
auténticos defensores de la libertad. “La
verdad os hará libres”. También en la
defensa de la familia, porque la familia,
como veremos, es la verdad primera en la que
se desarrolla el ser humano y la dignidad de
la persona.
Primera urgencia:
“Atrevámonos a decir siempre la verdad,
también de lo que significa y es la familia
y el matrimonio”. De lo que es y de lo que
no es un matrimonio y una familia.
Nuestro atrevimiento a decir la verdad debe
ser nuestro instrumento para combatir la
mentira. Como veis, valentía y verdad están
bastante unidas. Prueba de ello es que la
verdad en la vida es a veces un pequeño
calvario, porque con seguridad habrá
momentos
- pocos, bastantes o muchos – en los que
haya que ir contra corriente, contra el
viento dominante.
Y en ese ámbito, decir la verdad es muchas
veces despegarse de las modas que algunos
intentan introducir: por ejemplo, es saber
alejarse y combatir esa idea de no familia
que es el mal llamado matrimonio entre
personas del mismo sexo. No es un matrimonio
y por lo tanto no da lugar a una familia en
su sentido más completo.
Segunda urgencia:
“Actualicemos, profundicemos y proclamemos
nuestras convicciones y nuestros valores en
relación a la familia, a los derechos de los
no nacidos, a los avances de la ciencia”.
Por ejemplo, especialmente en materia de
derecho a la vida y de derecho de los no
nacidos. En el rechazo del aborto como
interrupción de la vida y como atentado a la
familia.
Tercera urgencia:
“La defensa de la familia es esencial para
la libertad de educación, y viceversa. Y el
derecho a la educación y la libertad de
educación son patrimonio fundamental de la
familia, un patrimonio que nadie puede
expropiar. Seamos firmes en defender nuestro
patrimonio educativo”.
Lo más determinante para cualquier persona
en su vida es a su vez la formación y
educación que recibe. La familia debe ser
siempre el primer y esencial ámbito de
educación de las personas. Es en la familia
donde cada ser humano forja su personalidad
y descubre su libertad y responsabilidad.
Frente a quienes pretenden imponer el modelo
de un “Estado educador”, resulta prioritario
defender que los padres tienen el derecho
originario, primario e inalienable de educar
a sus hijos conforme a sus convicciones
morales y religiosas.
Familia y libertad de educación son las
piedras angulares para nuestra concepción de
la sociedad.
Cuarta urgencia:
“Sepamos situar a las familias siempre en la
vanguardia de la libertad y de la
solidaridad. Pongamos a funcionar la
familia”.
Y hagámoslo desde las familias, apoyémonos
para hacer todo eso en las familias,
conectemos familias entre sí, hagamos redes
de familias, porque las familias pueden ser
y son ese nexo de unión, de solidaridad y de
fraternidad entre seres humanos que no
conoce fronteras. La familia es la mayor, la
más potente, la más desinteresada, la más
honesta, la más auténtica y la más eficaz de
todas las ONG´S posibles. Pues hagamos que
las familias estén en red.
Quinta urgencia:
“Seamos capaces de saber organizarnos de la
mejor forma posible en cada momento”.
Acabo de hablaros de las familias en red,
por ejemplo.
Tengamos capacidad de resistencia y sentido
de la utilidad. Hoy en Europa observamos a
diario hasta que punto y grado los lobbys se
articulan para defender los más variados
intereses. Intereses económicos,
empresariales…minorías muy reducidas, se
organizan alrededor de lo que significan
democráticamente como legítimos grupos de
presión.
Creo que recurrimos a una falsa ecuación:
Cuanto más concreto y reconocible resulta
ser un interés parece más legítimamente
democrático que nunca la defensa organizada
del mismo.
Por el contrario, en ocasiones,
paradójicamente, parece como si, cuanto más
trascendente y profundo fuera un valor o una
convicción, menos organizada y menos
institucionalizada tuviera que estar su
defensa, no fuera a ser que la defensa
organizada de un valor profundo,
trascendente y extendido socialmente pudiera
ser percibido como un intento
antidemocrático de presión intolerable. Lo
cual, como ya he avanzado, es una de las
grandes paradojas de nuestras democracias
participativas.
En mi opinión, debe ser todo lo contrario:
cuanto más profunda y trascendente sea una
convicción, más y mejor organizada tiene que
estar su defensa.
Organicemos la defensa de la familia.
Sexta urgencia:
“Busquemos y encontremos el sentido adecuado
de la familia en el mundo actual, hagamos de
ella el remedio frente a todas sus
disfunciones, en su sistema económico y en
la sociedad del bienestar”.
Tenemos que ser especialmente activos en
proteger nuestras familias de una serie de
amenazas y de males que parecen atacarla hoy
con especial virulencia: tenemos que luchar
contra los malos tratos en el hogar, contra
la violencia infantil y juvenil, tenemos que
ser especialmente activos y eficaces en la
protección de la infancia y la adolescencia
de temas como la pornografía o la
pederastia, o los abusos o engaños o
desorientaciones sexuales, tenemos que ser
especialmente ejemplares a la hora de lograr
la igualdad del hombre y la mujer en el
reparto de las cargas familiares, tenemos
que ser modélicos en todo eso.
Porque en el fondo, el único lugar, el único
entorno que puede luchar eficazmente contra
todos esos males es el entorno familiar. Y
es verdad que en ocasiones alguna familia
sucumbe ante esos peligros, y se convierte
en un infierno, pero ¿alguien se ha
planteado qué ocurriría ante todos esos
peligros si la familia no existiese? Sin
familia, sin familia debidamente articulada,
no hay solución. La solución a una familia
con problemas o rota no es acabar con todas
las demás familias, sino trabajar para
fortalecer esas familias frente a los
riesgos que destruyen a las personas y a las
familias.
Séptima urgencia:
“Tenemos que saber enfatizar y poner en
valor el papel social que le corresponde a
la familia: su función de transmisión de la
vida, de la dignidad de la persona, de los
valores fundamentales, de contribución a la
paz y a la convivencia. Y tenemos que exigir
que esa realidad reciba la necesaria
protección jurídica e institucional. Y hay
que impulsar políticas integrales de
familia”.
La familia es una institución que merece una
protección jurídica específica, que merece
un marco regulador que respete sus rasgos
esenciales y potencie sus virtualidades
sociales. Y eso hay que ser capaces de
exigírselo a los poderes públicos.
Y hay que volver a poner en valor el valor
no sólo humano sino también social de la
natalidad en el entorno familiar. Porque la
familia es el primer entorno de
socialización del ser humano, el primer
entorno de unión y de solidaridad y,
constituye una aportación sin igual para la
consecución de la convivencia y de la paz
social. Es el primer lugar de encuentro de
generaciones diferentes y el agente más
poderoso de la solidaridad
intergeneracional.
Las responsabilidades familiares construyen
las solidaridades sociales. Sin familia,
sencillamente, no hay viabilidad para la
sociedad. Con familia, es muchas veces muy
difícil, pero sin ella, sencillamente es
imposible.
Ha llegado la hora de que la familia forme
parte central del discurso público y de que
toda la actividad política ( política
social, sanitaria, fiscal, educativa, de
consumo, de transporte, de seguridad, etc )
se haga con la perspectiva también de
familia.
Octava urgencia:
“La juventud europea tiene que atreverse a
combatir una sociedad basada en el contagio
de la nada, del relativismo moral, de la
falta de valores y principios, también en
relación a la familia. Esa es la misión de
la juventud europea de hoy”.
Cada generación tiene que hacer algo en la
historia, tiene que aportar una novedad, un
valor añadido diferente, algo que la
diferencia de las anteriores. Cada
generación tiene que arreglar algo que las
anteriores o no han sabido arreglar o han
estropeado: ese es el sentido de la
Historia como evolución, como progreso.
Hay que poner las cosas en su sitio, con
toda naturalidad y con total normalidad.
Nosotros mismos somos a veces nuestros
principales adversarios.
Jóvenes de otras épocas han estado en la
vanguardia en la reacción frente al
comunismo, frente al terrorismo, y frente a
las dictaduras y a los regímenes
autoritarios. Pero ese pasarse el testigo no
puede detenerse por el hecho de que haya
libertad. Parece como si la libertad
política hubiera relajado la voluntad de
influir y de incidir en la vida social. Y no
puede ser. Los jóvenes hoy están en las
mejores condiciones para hacerlo. Son la
generación mejor preparada de la historia,
la que más mundo tiene, la que más ha
viajado, la que más idiomas habla, la que
más medios tiene a su alcance…y con ese
patrimonio, ¿estamos seguros de que están
haciendo lo que tienen que hacer por
defender sus convicciones y el modelo de
familia que han recibido?
Creo que la aportación de los jóvenes debe
ser la de los valores frente al relativismo,
la de sus convicciones frente a la nada, y
todo ello será una aportación decisiva en la
evolución de Europa en el futuro. Pero de
ellos depende.
Por ejemplo, en materia de convivencia entre
culturas. Es claro que hay que respetar e
integrar a quienes vienen a trabajar con
nosotros desde otras partes del mundo. Es
fundamental y es lo que da la talla de
nuestra sociedad, pero también es claro que
se tiene que saber poner en valor, por
ejemplo, el propio modelo cultural, los
propios valores, el modelo de familia frente
a otros modelos como la poligamia o en los
que no hay igualdad entre hombre y mujer.
Novena urgencia:
“Sepamos alejarnos de lo políticamente
correcto”.
Lo cual vale tanto como proclamar que seamos
honestos.
Se tiene que contar con la exigencia moral
de ser honesto consigo mismo y honesto
también con los demás. Ello no significa ser
intransigentes ni poco razonables, ni que se
deba buscar lo políticamente incorrecto.
Ello significa que se tiene que saber
desarrollar la capacidad crítica respecto de
lo que se va imponiendo, en ocasiones, como
moda dominante en la sociedad.
Hay que tener el coraje y el valor, en
ocasiones, de atreverse a decir que sí, y
cuando corresponde con la misma
determinación, atreverse a decir que no.
Las modas producen corrientes y pautas de
comportamiento, incluso pautas de no
comportamiento, de pasividad. Pues bien: el
valor – y la virtud – está precisamente en
la capacidad de resistencia y de
sustitución. En el inconformismo como motor
del mundo. Pero no en cualquier
inconformismo, sino aquel que está basado y
surgido de principios, convicciones o
valores fundamentales.
Y yo, que me dedico a la política europea,
os pediría ahora que volquéis ese
inconformismo en la construcción europea.
Europa, como proyecto, necesita sin duda un
revulsivo, un revulsivo de eficacia, de
utilidad y también de valores, de raíces.
Estamos llamados a aportar, desde la
exigencia, ese revulsivo a la construcción
europea.
Exigir más a vuestros políticos europeos:
pedirles, por ejemplo, que la Unión busque
actuaciones desde las que apoyar y favorecer
la realidad familiar europea. Que la Unión
se fije en la familia, que apoye la familia,
que vele por la familia. Que la Unión y su
futura Constitución aporten algo a la
familia.
Décima urgencia:
“No tengáis miedo”.
Probablemente, las últimas palabras de Juan
Pablo II “No tengáis miedo”, constituyen el
mensaje que más me ha impresionado de una
vida ejemplar al servicio de los demás.
¡Cuánta verdad encierran aquellas palabras!
¡Cuánta profundidad y cuánto afán de
libertad!
Siempre he pensado que una persona busca y
encuentra la verdad y es capaz de entender
la libertad cuando ha sido previamente capaz
de superar el miedo.
El miedo es el principal enemigo de la
libertad. Como la mentira es el principal
adversario de la verdad. El miedo y la
mentira frente a la verdad y a la libertad.
Termino recordándoos el papel esencial de
vuestra generación en el futuro de la
familia… en el futuro de Europa como
civilización.
*Organizado por el Instituto de Estudios
Superiores sobre la Mujer en Roma, Italia.
_____________________________________________________________________
RELACIONADOS:
EL VALOR DE LA FAMILIA
|