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ENCÍCLICA (Antonio Orozco-Delclós)

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¿ES VERDADERO EL CRISTIANISMO?

 

ESPERANZA, OPTIMISMO, REALISMO


 

La segunda Encíclica de Benedicto XVI me recuerda las siguientes notas sobre la esperanza. El Papa vuela más alto, pero acaso puedan servir también de reflexión estos breves puntos a lo humano para disponernos a lo divino
 

ESPERANZA




Ante el progreso de la “zafiedad”, Dios también concede “el poder de asquearse y la gracia de aburrirse” (René Bazin, cit por J. M. Pemán). Ambas cosas pueden abrir a la conversión, como el hastío de placer y el ansia de amor y de belleza.

La primera dimensión de la esperanza es el optimismo: existe un futuro por alcanzar mejor que el presente.

Dice Leonardo Polo que el optimismo sin esperanza es propio de tímidos y desilusionados. Un dicho inglés: el optimismo sostiene que estamos en el mejor de los mundos posibles; el pesimista es el que cree que esto es verdad. La filosofía de Leibniz es de este tipo: optimismo pesimista, optimismo infiel a sí mismo, porque en ese mundo óptimo no hay nada que hacer, nada que mejorar. Es un mundo cerrado a los proyectos humanos. Es un ámbito para jubilados, sin historia, sin innovación.

El optimista esperanzado entiende que hay mucho que hacer, mucho que mejorar; y se puede mejorar, más aún, yo mismo puedo mejorar, puedo aspirar a un estilo de vida superior al actual. Por eso el optimista no se instala en el presente, sino que emprende un trayecto que conduce a una meta (todavía no alcanzada).

La esperanza es el armazón de la vida humana en el tiempo. El tiempo no es mero transcurso, sino la posibilidad de crecimiento. Crecer es el modo más intenso de aprovechar el tiempo, poniéndolo al servicio de la vida.

El hombre es capaz de un crecimiento sin límite, superior al crecimiento orgánico, porque pertenece al orden del espíritu y es posible en todas las etapas de la vida humana.

Puede crecer en fe, en esperanza, en amor humano y teologal; en prudencia, en justicia, en fortaleza, en templaza, en señorío, en libertad.

La segunda dimensión de la esperanza -según Polo- es la convicción de que el advenimiento del futuro depende del actuar humano, no está a merced de fuerzas ajenas al hombre. La utopía dice: los tiempos son malos y no hay nada que podamos cambiar, pero los males que nos aquejan desaparecerán y se instaurará una situación óptima final. No estamos en el mejor mundo posible, pero lo estaremos, en virtud de factores ajenos a las fuerzas humanas.

Pero el futuro utópico ¿podríamos reconocerlo como propio? No, porque sería una situación extrahumana, establecida determinísticamente, ajeno a la libertad. La utopía es una forma de alienación.

El tercer factor de la esperanza es la tarea personal. Si la esperanza se instaura en el tránsito hacia el futuro, si lo mejor está por venir y no llegará sin contar con el esfuerzo humano, su advenimiento exige una tarea, comporta un compromiso íntimo. Es un deber, impone una obligación: el crecimiento. Lo que tiene que mejorar, ante todo, es el ser humano.

La esperanza propone un futuro intrínseco al hombre: que el hombre se haga mejor. Hay que mejorar la situación presente para acceder al futuro, como sucede en la parábola evangélica, en la que un convidado entra sin traje nupcial, es decir, sin haber cambiado, sin haber mejorado. Es echado fuera.

Entonces es preciso preguntarse: ¿con qué recursos cuento para alcanzar la meta?

Necesariamente han de ser recursos insuficientes, porque si los tuviéramos todos ya no haría falta más. No cabría la novedad, el futuro. El advenimiento no tendría sentido, porque sería permanecer en lo mismo. Y esperanza es querer ser más.

Por eso la esperanza requiere una dosis de aventura, de riesgo. Cuando se siembra no es seguro que se recogerá la cosecha.

Otro factor: (la solidaridad o fraternidad). La meta no se alcanza en la estricta soledad. El hombre aislado carece de posibilidades.

Cuentan de Alejandro Magno que estaba preparándose para una gran batalla y, antes, repartió todos sus bienes entre sus capitanes. Uno de ellos le dijo: Señor, ¿y a usted que le queda? Y Alejandro respondió: "a mí, me queda la esperanza".

Antonio Orozco
(sobre reflexiones de Leonardo Polo)

 

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Arvo Net, 06/12/2007

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Contacto: webmaster@arvo.net

Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

 

02/08/2005 ir arriba
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