Por Joaquim Reglan
La Vanguardia 25/01/2004
“Por la mañana están muy nerviosos, porque desayunan
rápido e hipnotizados ante la tele”, explica una maestra
“El problema de fondo –apunta un profesor de psicoanálisis–
no es de cifras, sino de personas indefensas ante los medios”
La comprobación de que las criaturas pasan más horas frente
al televisor y otras pantallas electrónicas que en la escuela
dispara las alarmas y el debate sobre la cantidad y calidad
del consumo audiovisual. Mac Luhan vaticinó aulas sin muros
debido a la influencia de la cultura audiovisual, pero no imaginó
que las malas artes y las nuevas tecnologías crearían vertederos
de basura sin muros de contención. Un estudio realizado por
el Consell de l"Audiovisual de Catalunya (CAC) alerta sobre
que los menores catalanes pasan 990 horas anuales ante pantallas
electrónicas y sólo 960 en la escuela, que hay pocos programas
infantiles buenos, que el 15% de los escolares sufre insomnio
a causa de los ruidos y los horarios y que muchos contenidos
son aberrantes. Ante esos resultados, su presidente, Francesc
Codina, propone “ampliar el horario de protección a la infancia,
compensar la diferencia horaria entre escuela y televisión,
favorecer una mayor producción infantil, crear nuevos canales
especializados y concienciar a los padres sobre su responsabilidad”.
José Manuel Pérez Tornero dirigió el estudio. Es profesor de
la Universitat Autònoma de Barcelona y asesor de la Unesco en
educación mediática. Autor de tratados sobre la materia, se
muestra optimista. “Una mayor sensibilidad social respecto al
problema y las nuevas tecnologías permitirán seleccionar a la
carta canales especializados de mayor calidad”, augura. Le fascina
la televisión y le ve muchas posibilidades educativas, “por
eso la critico con una mezcla de dolor de corazón y de cariño.
Me gustaría que fuese mejor y puede serlo. Mi mujer es catedrática
de Literatura y se queja del lenguaje y los valores que inculca
la telebasura entre la juventud”. Como muchos padres, desea
“una televisión que trate de la vida cotidiana, fomente la cultura
y los valores solidarios”.
Xesc Barceló es un guionista de prestigio. Pionero de programas
infantiles de TVE y responsable de la programación juvenil de
TV3, ahora trabaja en Media Pro y suministra programas a varias
cadenas. “Antes –explica– había más preocupación por los contenidos
didácticos e innovadores. Una serie como ‘Verano azul’ parece
ñoña, pero fue progresista en su época. Ahora me preocupan los
insultos, la grosería, el morbo y los chistes racistas y excluyentes
que se cuentan en ciertos espacios.” No practica la regla de
oro de los guionistas norteamericanos: “Si ponemos excrementos,
atraemos moscas, si ponemos más excrementos, atraemos más moscas”,
pero tampoco dispara contra el emisor. “Hay porquería y programas
selectos, pero el gran público tiende hacia lo peor, como en
música, libros o cine. Si diese más beneficios hablar de principios
éticos, lo harían, pero no es así.”
Creador de espacios “sutilmente didácticos con toque gamberro,
pero sin confusiones ideológicas o de comportamiento y sin apelar
a instintos básicos”, ve cómo la televisión se hace más primaria
y atrae a los jóvenes con morbo y sexo. “Sea pública o privada,
por unas décimas de audiencia se emite más carnaza”, y la tontería
se expande y contagia. Espacios de humor o series como ‘Plats
bruts’ son histéricas, histriónicas y groseras, pero gustan
a menores y mayores. “Es una moda y un reflejo de las galerías
de monstruos de ‘Crónicas marcianas’ y ‘Gran Hermano’, que ya
sólo son caricaturas de sí mismos”, resume el guionista.
Sue Aran es directora de estudios audiovisuales de la Universitat
Ramon Llull y ha colaborado en el estudio del CAC. “La prensa
ha simplificado los datos, no ha separado las horas dedicadas
a la televisión de las dedicadas a ordenadores y videojuegos”,
critica. Más que alarmar a la sociedad o atacar a la industria
audiovisual, propone “una revisión general del modelo familiar
y del consumo cultural que afecta a todos, ya que adultos y
ancianos pasan más horas frente a la pantalla que los niños”.
Su tarea es formar nuevos profesionales. “En la universidad
introducimos una reflexión general sobre la preocupación social
y educativa, así como asignaturas sobre uso pedagógico y educación
mediática. Pero sería bueno que esa reflexión se integrase en
la escuela primaria, ya que algunos programas de la Generalitat
mezclan cine, televisión e informática.”
Montserrat Colom dirige una escuela de primaria. “Se nota que
niñas y niños ven programas inapropiados y fuera del horario
habitual. Por la mañana están muy nerviosos, porque desayunan
rápido e hipnotizados ante la tele.” Sin embargo, no es partidaria
de introducir asignaturas especiales. “Desde la escuela se puede
incidir aprovechando las ocasiones para hacer comentarios críticos,
pero sin dramatizar y con sentido común. Lo contrario sería
contraproducente, ya que formamos personas libres y críticas
ante la televisión y ante la sociedad.” Cree que el problema
se agrava en secundaria.
Víctimas no sólo infantiles Lluís Prat se licenció en Audiovisuales
en la Universitat Pompeu Fabra y dirige un centro de bachillerato.
“Los adolescentes reciben más influencias de los amigos que
de casa o la televisión. Es cierto que se retrasa la adolescencia,
pero se debe a una estructura educativa que lleva diez años
en reformas y ha bajado los niveles de calidad. Atribuirlo a
los audiovisuales es una simplificación excesiva.” Su crítica
a los contenidos mediáticos es por su “desmesurada inflación
de programas del corazón y de chismorreo”.
Según el sociólogo Salvador Cardús, “la estadística no cambia
nada. Escandalizarse por las cifras es farisaico, porque los
índices de audiencia señalan lo que desean ver los adultos,
y los maestros miran tanta tele como los demás ciudadanos”.
Cardús detecta “una fobia contra los medios audiovisuales, a
los que se culpa de todos los males de nuestra existencia. La
cuestión no es saber cuántas horas pasan los menores ante las
pantallas, sino cómo las pasan”.
Begoña Odrazola es terapeuta familiar y pesimista. “Las estadísticas
son parecidas a las de hace 20 años, no se avanza y nos jugamos
el futuro de una juventud más violenta”, dice. Por su consultorio
pasan padres agobiados por el trabajo, hijos pasivos y sedentarios,
personas solitarias e incomunicadas, abuelas que hacen de canguro
y “adolescentes con falta de límites, que no valoran las cosas,
no soportan una negativa y son más impulsivos”. Tiene casos
tan preocupantes como el de una mujer que se ha quedado en el
paro, se ha enganchado a la playStation y se pasa cuatro horas
diarias jugando. Pero siempre hay alguno peor: “Un niño tenía
la habitación llena de ordenadores y no salía nunca. Cumplió
18 años y no quería trabajar ni estudiar. Ha llegado a los 28
años encerrado en su cuarto y ahora ya hay un mandato judicial
de alejamiento del hogar instado por los padres.”
Joan Salinas-Rosés es profesor de psicoanálisis en la Universidad
del País Vasco. Según él, “lo que está en debate son síntomas
contemporáneos que todo sujeto recibe de modo masivo. El problema
de fondo no es de cifras y horas, sino de personas indefensas
ante unos medios que tienden hacia la uniformidad y el pensamiento
único, en línea con la globalización y una colonización de las
mentalidades cada vez más sutil”. En cuanto a la afirmación
del CAC de que mirar una pantalla “no es natural”, estima que
“tampoco es natural beber refresco de cola o té. Es en función
de una cultura que algo se convierte en hábito natural, y son
los padres quienes transmiten estos hábitos”. Lo que parece
claro es que cada vez se practican menos aquellos tres mandamientos
de los medios que decían: “Informar, formar y entretener.”
El Papa lamenta que la televisión de hoy
refleje con frecuencia
«la infidelidad y el sexo fuera del matrimonio»
I. A. M - Roma.- (25/01/04)
Juan Pablo II denunció ayer un exceso de escenas de sexo en
la programación televisiva, que en conjunto valoró como «contraria
a los valores tradicionales y a la familia». El Pontífice
se lamentó de que la pequeña pantalla refleja con frecuencia
«la infidelidad y la actividad sexual fuera del matrimonio»,
sosteniendo «el divorcio, la contracepción, el aborto y la
homosexualidad» en una visión sesgada «con ausencia de una
visión moral y espiritual del matrimonio». Según el Papa se
promueven causas «enemigas del matrimonio y de la familia
y perjudiciales al bien común de la sociedad». La denuncia
aparece en un mensaje con motivo del «Día Mundial de la Comunicación
Social» que se celebrará el próximo 23 de mayo que el Vaticano
dio a conocer ayer con motivo de la festividad de San Francisco
de Sales, patrón de los periodistas.
El tema elegido por la Santa Sede para este jornada es «Los
medios de comunicación y la familia: un riesgo y una riqueza».
En el documento se pide una «justa distribución de los recursos
mediáticos», para hacer frente a los riesgos de una «globalización
consumista». Igualmente pide combatir «un sentimiento libertario
y secular contra los valores tradicionales cristianos», con
el que se ofrece a menudo «una visión distorsionada de la
vida, la familia, la religión y la moral». Aunque en el texto
se asegura que no se debe recurrir a la censura, se pide a
los padres y los educadores que eviten a los menores una excesiva
dependencia de la televisión. También se hace un llamamiento
a los poderes públicos para que acepten los consejos de los
«defensores de la familia» a la hora de establecer la programación.
«Los padres deben formar a sus hijos en el uso moderado, crítico,
vigilante y prudente de los medios de comunicación en el hogar»,
al recordar que hay fuertes intereses comerciales detrás de
los mensajes que se hacen llegar.
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