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LA INTELIGENCIA MORAL DEL NIÑO (Vicente Huerta)

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La inteligencia moral del niño

LA INTELIGENCIA MORAL DEL NIÑO

(Título original: The moral intelligence of children)
de Robert Coles, Ed. Kairós. Barcelona, 1997.

 

Por Vicente Huerta

 

Sumario:

* El concepto de bondad moral
* Un cuento de Tolstoi
* Una historia del Bronx
* Los primeros años
* Los años de Primaria
* Se educa en todo momento

Tras el éxito editorial de la obra de Goleman Inteligencia emocional, el doctor Robert Coles, especialista en psiquiatría infantil y Premio Pulitzer, ha dado un paso más en la línea de afirmar que la importancia de la inteligencia va mucho más allá de lo que se suele reflejar en el "coeficiente intelectual". La inteligencia deberá servirnos ante todo para conocer el bien. Precisamente en este aspecto la presente obra viene a subsanar una de las deficiencias más criticadas en Inteligencia emocional: su deficit de contenidos y de horizonte ético, que son una carencia importante en una propuesta que se presenta con una pretensión de globalidad. Para educar integralmente no basta saber como funciona el cerebro ni cual es la estructura y la dinámica de las emociones. Es preciso conocer dónde está el bien y tratar de ponerlo en práctica. Muchas veces -afirma el autor- se pretenden poner remedios psiquiátricos a lo que son problemas morales.

El concepto de bondad moral

Lo primero a dilucidar, pues, será saber en qué consiste ser una buena persona. Si queremos facilitar a los niños el camino que les hará "moralmente inteligentes" habrá que empezar aclarando el concepto mismo de bondad moral. Los niños buenos -afirma- son niños y niñas que "han aprendido a tomar muy en serio el mismo concepto de bondad moral y su deseabilidad". Saben también que no es una abstracción, sino un modo concreto de comportarse con los demás siguiendo la regla de oro de tratar a los demás como nos gustaría que nos traten a nosotros. A esto se une la importancia del ejemplo, pues el niño entenderá el bien en la medida en que lo vea en acción, no como algo abstracto, sino como una presencia concreta. Los valores están para ser vividos o no se entienden. No pocas veces la incoherencia de los adultos deja sumidos a los niños en la confusión de mensajes contradictorios.

Un cuento de Tolstoi

Una buena manera de enseñar a discernir el bien moral puede ser la que nos brinda la literatura. El autor saca enorme partido a relatos que plantean cuestiones morales. Lo importante es la reflexión posterior. Un buen ejemplo es el que brinda Tolstoi con la historia titulada El viejo abuelo y el nieto, dice así:

El abuelo se había hecho ya muy viejo. Sus piernas no le obedecían, sus ojos ya no veían ni sus oídos oían, y además carecía de dientes. Cuando comía, la comida se le caía de la boca.

El hijo y la nuera dejaron de sentarle a la mesa y le servían las comidas detrás de la estufa. En cierta ocasión le llevaron la cena en un cuenco y cuando el anciano fue a cogerlo, se le cayó al suelo y se le hizo añicos. La nuera empezó a quejarse de su suegro, diciendo que lo rompía todo, y juró que desde aquél día le daría de comer en un balde de lavar los platos. El anciano se limitó a suspirar sin decir nada.

Poco después, el marido y su esposa vieron a su hijo pequeño jugando en el suelo con algunas planchas de madera; estaba intentando construir algo. Movido por la curiosidad, el padre le preguntó: "¿Qué estás haciendo, Misha?" y Misha respondió: "papá, estoy fabricando un balde para daros de comer en él cuando tú y mamá seáis viejos".

El marido y la mujer se miraron y empezaron a llorar, sintiéndose avergonzados de haber tratado así al abuelo.

Una historia del Bronx

También el cine puede aportar grandes momentos de reflexión. El autor recoge en su libro experiencias surgidas a partir de la película Una historia del Bronx dirigida e interpretada por Robert de Niro. En ella se plantean cuestiones morales de entidad. El protagonista, hijo de un modesto conductor de autobuses, se ve implicado en un incidente que le hace ganarse el favor de un gángster local, con el que se desarrolla una compleja amistad a la que se opone el padre trabajador y honrado. El análisis de esta película facilita reflexionar sobre diversos afectos, lealtades, deseos y anhelos que no siempre facilitan el discernimiento del bien moral.

Una de las consecuencias interesantes de esta reflexión es que el conocimiento del bien se plantea como camino hacia la libertad: una vez que se cede a los planteamientos mafiosos, se está pillado. El joven se introduce en un mundo en el que se consigue dinero fácil, mucho más de lo que hubiera podido ganar de otro modo, pero a costa de no ser libre, de quedar atado a la banda mafiosa local. El padre, en cambio, es fiel a unos principios morales y eso hace que sea en todo momento dueño de sí mismo. "Esta es la diferencia, -comenta uno de los alumnos de Coles a propósito de la película- si dejas que la gente te compre, pierdes el respeto por ti mismo. Si te mantienes firme en lo que crees, puedes mirarte en el espejo y no necesitas huir ni esconderte".

Los primeros años

El autor del libro no duda en afirmar que "los niños son modelados en el mismo inicio de su vida por los valores de determinados adultos". Existe una vida moral que precede al uso del lenguaje y que se basa en el trato que recibe el bebé. Hay niños que son gravemente descuidados por sus padres y se vuelven apáticos y retraídos de un mundo que es percibido más como amenaza que como origen de bienes. Otros niños, no tan claramente rechazados, son simplemente rehuidos y tendrán sus propias formas de responder a un entorno que de algún modo falla a la hora de ofrecerles seguridad. Estos niños se vuelven irritables e inquietos; pueden ser exigentes e intentar afirmarse una y otra vez cuya benevolencia (o falta de ella) va marcando su destino día a día. Un niño aprenderá el camino del bien (a amar) en la medida en que es amado.

Aunque se trate de niños tan pequeños que aún no han desarrollada el habla ni la capacidad de razonar, eso no significa que no estén necesitando una formación moral. Esta formación se basa en que aprendan el "si" y el "no". El niño de pocos meses puede desafiar a los adultos que le rodean "exigiendo" determinadas respuestas. "Si le das a un bebé todo lo que pide y nunca te resistes a sus demandas -afirma- le estás enseñando a no esperar nunca una negativa, y me temo que eso no es una buena preparación para la vida". Efectivamente se puede malcriar a un bebé haciéndole pensar que el mundo gira totalmente alrededor de él. Nunca es demasiado pronto para enseñarle a distinguir lo que está bien de lo que está mal.

A partir del tercer año de vida, con la aparición del lenguaje y del control muscular, aumentan exponencialmente las posibilidades para una educación moral explícita. El niño o la niña ya saben hablar y lo que escuchan puede tener un significado sustancial. Continuamente, a menudo sin tener conciencia de ello, los padres están proporcionando a sus hijos de dos o tres años, con lo que dicen o hacen, una vía moral: sugerencias, instrucciones, explicaciones, gestos, tonos de voz, etc. "Así es como se hace esto, allí es donde vamos o no vamos, ahora es el momento de intentar tal cosa, en cuanto a lo que acabas de hacer, que no vuelva a ocurrir..." El doctor Coles advierte claramente, a todo tipo de educadores y personas que tratan con niños, del peligro que existe en prestar más atención a los "acontecimientos psicológicos" que a los mensajes morales que se trasmiten en los primeros años de vida.

Los años de Primaria

En la escuela Primaria, tal vez como nunca antes ni después, el niño se convierte en una criatura "intensamente moral", totalmente interesada en comprender las razones de este mundo: cómo y por qué funcionan las cosas, pero también cómo debe comportarse en las diversas situaciones y por qué. Es la edad del despertar de la conciencia.

El niño que asiste a la escuela Primaria es mucho más capaz que los más pequeños de reflexionar, de preguntarse en voz alta y detenerse a pensar en silencio sobre lo que ha preguntado, de intentar ser bueno y de ponderar cuán "bueno" es. En esta etapa, la capacidad de utilizar el lenguaje es clave para su desarrollo moral. El gran desafío de padres y educadores en estos momentos es responder a las innumerables preguntas que hacen los niños. En la misma naturaleza del niño de esta edad está el preguntar y preguntar, proporcionando a quienes se dirigen esas preguntas la oportunidad de brindar respuestas directas e indirectas a través de lo que sugerimos o recomendamos, de las historias que contamos, de los recuerdos que compartimos, de las experiencias que ofrecemos como ejemplos, etc.

Se educa en todo momento

Es importante, en esta etapa, ser conscientes de que en cualquier momento podemos estar transmitiendo un importante mensaje moral, tanto si el encuentro ha sido planificado como si surge sin pensarlo: esos cuentos contados a la hora de dormir, esos comentarios informales hechos durante una comida, en el interior del coche, esas afirmaciones de respuesta ante algo oído en la radio o visto en la televisión, esas observaciones escuchadas en una conversación telefónica, un simple tono de voz, todo se puede convertir en parte de la experiencia moral del niño, todo puede ser para él una adquisición o una respuesta ante la pregunta sobre lo que es importante y por qué, sobre cómo debe uno hablar y estar con los demás, etc.

Los niños de la escuela Primaria muestran una gran capacidad para probar el análisis moral de las creencias y valores puestos en práctica. Detectan con facilidad la capacidad para comprometerse con lo que uno cree, lo que uno considera valioso como algo que es posible para sí mismo y para los demás. Por eso es tan fundamental la coherencia de los adultos. La inteligencia moral les lleva a comprobar el valor en la práctica. De ahí la confusión que se puede crear cuando se encuentran ante mensajes morales cruzados o contradictorios.

Para los educadores es importante estar orientados en buena dirección (saber qué virtudes quieren desarrollar en sus hijos) pero los discursos morales abstractos se olvidan fácilmente, principalmente se enseña por medio del ejemplo y eso ocurre continuamente, casi sin darnos cuenta.

 

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