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Por Gloria Mª Tomás
y Garrido
Ante la polémica suscitada en los medios de comunicación
por las declaraciones del Cardenal Carles sobre la utilización
del preservativo para la prevención del SIDA e interpelada
por mi propia mentalidad de persona dedicada a la educación
y a la sanidad, me decido a poner por escrito algunas consideraciones
que colaboren a la protección de nuestros vulnerables
sentidos de tanta vulgaridad torpe e impactante que nos están
ofreciendo casi a domicilio.
No es una novedad el sexo; hemos aprendido a verlo y a vivirlo
–desde que nacemos somos niños o niñas-
antes de conocerlo; tampoco es novedad los abusos del sexo;
ya los ancestros mesopotamios divinizaban la prostitución.
En esto, parece ser que entendían las cosas mejor que
nosotros –es más lógico divinizar la sexualidad
que banalizarla; intuían que, además del aspecto
lúdico, había en ella algo de sagrado.
Pero ahora, al menos en demasiadas ocasiones,
queremos captar la sexualidad desde lo instintivo, como si
la biografía personal se definiera por sus hormonas;
al asimilar los comportamientos humanos por las funciones
biológicas, se concluirá que basta conocer los
mecanismos para remediar las carencias y para asegurar los
rendimientos.
"Juventud y sexo seguro"; por
esta vía de autorreducción y engaño,
todo se arreglaría si se lograra un mayor perfeccionamiento
del preservativo...
La experiencia global de toda persona
honesta sabe que a amar, se aprende amando, que el sentimiento
sexuado tiene mucho que ver con la elocuencia de lo corporal
que expresa compromiso y, por lo tanto, ternura, intimidad,
concordia de caracteres...; allí donde existe esta
armonía de los espíritus, rebosa sobre los cuerpos.
Bien es cierto que, por ser la persona
perfectible y defectible, necesita ayuda. Hay una educación
sexual; no basada en la torpeza ni en la ligereza, en la que
la naturaleza no sufre la queja de sentido.
No al mercado del cuerpo, no al preservativo,
no a una especie de ilusión materialista, eclipsadora
de valores, engullidora de realidades nobles, transformadora
de la grandeza de la persona en enanismo espiritual, no a
la aniquilación del presente y al destrozamiento del
futuro...
Mi propuesta es la no reducción
del lenguaje del significado humano de la sexualidad y del
amor conyugal a la mera biología controlable...; la
sexualidad está para expresar un mundo interior muy
rico: las pasiones, los amores, los afectos..., de tal forma
que, en su radical fundamento es exigible lo exclusivo y lo
excluyente; el para siempre de todos los enamorados .
Quizás ya seamos conscientes de
que hay tal relación entre el amor que alguien puede
dar, y su manifestación plena en el hijo que, simultáneamente,
coinciden el más profundo acto unitivo corporal del
amor con el hecho de concebir: intimidad y donación;
donación y fruto.
La vida es mucho más que todo
lo que la fría técnica posibilita; no es cuestión
de avanzar sinn más; hay que avanzar sobre uno mismo;
eso es lo que nos pide nuestra dignidad; dignidad en la que
hemos sido constituidos, y en la que anhelamos terminar..."ser
lo que soy".
Los padres, primeros educadores, los
maestros y los mismos jóvenes hemos de afrontar este
desafío...
Gloria María Tomás y Garrido
Doctora en Farmacia. Orientadora Familiar
Sociedad Valenciana de Bioética
DNI: 22385581
http://www.edunet.es/svbioetica
e-mail: svb.informacion@edunet.es
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