| Por
Dolores Voltas
Secretaria General de la Federación Española
Pro Vida
Barcelona, 5 de marzo de 2000
Estamos en campaña electoral:
para todos los partidos políticos la familia parece
ocupar un lugar de honor en sus programas y en sus promesas
electorales. Sin embargo, echo en falta referencias a la vida,
porque hablar de familia sin hablar de vida es olvidar el
lazo profundo que las une. En la familia la vida nace, se
desarrolla, envejece y muere.
Un dato para reflexionar: en Cataluña
tenemos la tasa de fecundidad más baja del mundo, 1,07
hijos por mujer fértil. Algunas parejas no pueden biológicamente
tener hijos, pero otras muchas se plantean objeciones para
decir sí a los hijos porque miran el porvenir con pesimismo,
influidos por informaciones parciales o sesgadas sobre cuestiones
demográficas. Hay quien dice que hoy tener un hijo
es una irresponsabilidad.
¿De qué les sirve a un
hombre y a una mujer quererse, y que les hablen de progreso,
si luego no se atreven a dar nombre propio a su futuro? Si
ese temor se debe a la pretendida explosión demográfica,
recordemos que eso no se da en nuestras latitudes, al contrario.
Más bien sospecho que los reparos de las parejas a
ser padres provienen de las dificultades económicas
y sociales que les rodean y que ellos asocian al hecho de
tener hijos.
Hay que tener una visión más
amplia: cada niño, cada niña es, para su familia
y su país, un anticipo del futuro. La familia es el
lugar privilegiado para la transmisión de aquellos
valores éticos y culturales que dan sentido a la vida
y ayudan a la persona a adquirir su propia identidad; valores
que son aprendidos en la medida en que son vividos. Dentro
de la familia no somos simplemente colegas, votantes o clientes:
somos mucho más. Es una comunidad estable de amor,
de vida y de corresponsabilidad; un ámbito de intimidad
donde nos conocemos por nuestros nombres y donde nos queremos
por lo que somos, no por lo que tenemos: la misma dignidad
para todos.
Entonces ¿por qué ese miedo
a la vida, a engendrarla o a que otros lo hagan? ¿Qué
puede haber de bueno en el consejo del “no os compliquéis
la vida, ahora hay que disfrutarla”, que algunos lanzan
a las parejas jóvenes? Los hijos no son unos extraños
que llegan desde fuera a estorbar la felicidad del matrimonio.
Brotan de él mismo. Es tarea de todos promover un ambiente
favorable a la familia y transmitir a los jóvenes la
ilusión por ser padres. Para lograrlo no bastarán
ni la constatación objetiva del gravísimo descenso
del índice de fecundidad en España, ni la puesta
en marcha de la Ley para promover la conciliación de
la vida familiar y laboral, ni los incentivos fiscales a las
empresas que contraten a mujeres con hijos, ni nuevas deducciones
en la cuota autonómica del IRPF para las familias con
tres o más hijos, etc. (Aunque, dicho sea de paso,
bienvenidas sean todas éstas y otras medidas que se
adopten). Lo que realmente anima a tener hijos es un sentido
de la vida propio de personas humanas dotadas de corazón,
de inteligencia y de voluntad; con ilusión de vivir
y de esforzarse para que otros también tengan la oportunidad
de hacerlo.
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