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EDICIONES RIALP (Pedro-Juan Viladrich)

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El corazón de la Iglesia



¿Qué es el matrimonio?

 En el orden de la reflexión intelectual y de la organización social política y jurídica, el panorama sobre el matrimonio cambia bruscamente respecto a lo aparece a primera vista: se presenta difícil, complejo, múltiple, oscuro, hasta contradictorio. Basta sólo con abrir algunos interrogantes. Es lo que hace Pedro-Juan Viladrich al comenzar su libro «La institución del matrimonio: los tres poderes», nº 35 de la colección Documentos del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Navarra, Ed. Rialp, Madrid 2005.

Por Pedro-Juan Viladrich

¿Qué es el matrimonio? Un momento antes de res­ponder se experimenta una inquietante paradoja. Lo que parece evidente y fácil en el plano de la vida y de la natu­raleza, se convierte en una cuestión difícil y compleja en el orden del pensamiento y de la cultura. ¿Cuál es el esce­nario de la definición del matrimonio: el de la naturaleza o el de la cultura?

Si nos dejamos llevar por aquella perspectiva desde la cual la humanidad parece una especie entre las especies animales, los impulsos sexual y reproductivo toman un pa­pel protagonista. Nada más «natural», podríamos suponer sin más, que los impulsos instintivos. Con aquella fácil y soberana fuerza que manifiesta esa «naturaleza», entre los hombres y las mujeres de cualquier lugar y tiempo, inclu­so en aquellos que según los parámetros de las diversas culturas serían los más pobres y desposeídos del poder y la gloria, fluye una recíproca inclinación sexual y reproduc­tiva. Estos impulsos ocurren todos los días y se renuevan de generación en generación, con inagotable e incontenible fuerza, desde que tenemos noticias de nuestra historia. El matrimonio sería el resultado de la realización de aquellos impulsos naturales: el cauce natural al hombre.

 Pero en el orden de la reflexión intelectual y de la organización social política y jurídica, el panorama sobre el matrimonio cambia bruscamente: se presenta difícil, complejo, múltiple, oscuro, hasta contradictorio. Basta sólo con abrir algunos interrogantes. 

¿En qué consiste ser varón o ser mujer? ¿Son realidades uniformes, universales, inmutables e innatas? ¿Son roles configurados dentro de un determinado escenario cultural? ¿Hay una sola forma conveniente de relación entre el hombre y la mujer, o hay varias? ¿Cuál entre las posibles es la mejor? ¿Cuál es el criterio para determinar la «mejor» fórmula? ¿Quién tiene poder para instituir un matrimonio? ¿Con qué forma se hace y cuándo está fundado? ¿Pueden hacerlo por sí mismos los cónyuges o necesitan de algún otro poder social? ¿Quién selecciona al cónyuge? ¿Pueden casarse los niños o los ancianos? ¿Todos tienen capacidad para casarse o sólo algunos? ¿Quién determina esa capacidad y en base a qué autoridad y criterios? ¿Puede un hombre tener varias mujeres como esposas? ¿Y una mujer varios hombres? ¿El varón es superior a la mujer, o viceversa? ¿A quién corresponde, en última instancia, el gobierno de la convivencia conyugal? ¿Es compatible la relación matrimonial con otras relaciones sexuales? ¿Cuánto dura un matrimonio? ¿Pueden o no pueden los cónyuges disolverlo? ¿Sólo tiene ese poder el varón? ¿Lo posee sólo la autoridad social? ¿Qué fines justifican el matrimonio y su persistencia en el tiempo? ¿Sin hijos o sin posibilidad de concebirlos existe el matrimonio? ¿Es necesario el matrimonio para determinar las grandes relaciones del parentesco? ¿Quién y por qué es el padre? ¿Quién y por qué es la madre? ¿Quiénes son reconocidos como hijos y en base a qué criterio? ¿El matrimonio y la procreación deben articularse entre sí o pueden vivir en completa disociación? ¿A quién le corresponde el poder de decidir sobre todas estas cuestiones? Y esa autoridad ¿es de naturaleza política o religiosa? 

Aun con ser muchos, me temo que todos recordamos ahora más interrogantes que añadir a los anteriores. Sabemos que las respuestas han sido muy diversas, incluso contradictorias. Interrogantes y respuestas forman parte de las vicisitudes de la historia de las culturas sobre el matrimonio y la familia con las que convive la concepción canónica. 

Terminemos con algunos, quizás más próximos al reciente escenario cultural del mundo occidental: ¿las relaciones entre los sexos son una cuestión privada y de libre creatividad subjetiva que pertenecen al campo de la intimidad del ciudadano y son ajenas al mundo del Derecho o, por el contrario, configuran una institución jurídica, el matrimonio, que contiene una muy precisa estructura objetiva y posee un interés esencial para el orden público del modelo social? Aun aceptando cierta naturaleza de institución social, reconocida por las leyes, ciertos sectores de la cultura actual se preguntan: ¿Por qué el matrimonio no ha de ser disoluble en sí mismo? ¿Por qué debe ser heterosexual y monógamo? ¿No sería más congruente, en nombre de la libertad propia del progreso democrático, abandonar la pretensión de las parejas de hecho hetero y homosexuales de obtener su equiparación con la institución jurídica del matrimonio civil, la cual, a pesar de todos los cambios, es en el fondo heredera y tributaria del modelo de institucionalización que inventó la tradición canónica, y que sea el matrimonio quien se equipare al escenario cultural, vital y jurídico de las parejas de hecho, para así liberarlo de todo rastro de dogmatismo ideológico y religioso. 

Aquellos interrogantes, aun sin quedar satisfechos, no logran detener nunca la vida. De la misma forma que el universo se mueve, imponente y sobrecogedor, sin detenerse a esperar que la astrofísica desentrañe su misterio, así también los hombres y las mujeres se unen, conviven y tienen hijos, sin suspender sus impulsos naturales a unirse y generar aguardando que las culturas definan con unánime concordia qué cosa es el matrimonio y qué cosa es la familia. Simplemente, con mayor o menor dificultad, los hombres y las mujeres, de generación en generación, realizan sus naturales tendencias unitivas y procreativas mediados por aquel escenario cultural y social dentro del cual nacen, viven y mueren: unas veces, en conformidad con las previsiones del modelo cultural y social; otras, al margen o, incluso, en contra de él, pero siempre sin detenerse por él, pues la fuerza natural de la vida es superior a las previsiones del modelo cultural y social. 

A1 modo como nos manifiesta San Agustín su perpleja experiencia acerca del ser del tiempo, también el matrimonio se entiende de algún modo por connaturalidad si nos ponemos a vivirlo, sin pensarlo demasiado, pero deja de comprenderse si nos detenemos a reflexionarlo intelectualmente, si queremos interpretarlo y organizarlo a través de la razón y la cultura. No debe sorprendernos, por tanto, que especialistas muy notables confiesen que definir el matrimonio es una cuestión muy difícil [2]. Y mientras se hace esta confesión y la razón científica prosigue entre penumbras escarbando en la mina del matrimonio, cientos de hombres y mujeres se casan cada día con aquella suerte de sencilla facilidad con la que la vida y la naturaleza humillan a la razón y a la ciencia.

_______

1 Como todos saben, en estos últimos años, la bibliografía sobre las parejas de hecho, en el marco de las alternativas sexuales hetero y homosexuales a la institución legal del matrimonio, se ha hecho muy abundante y compleja. Una primera aproximación al tema y a su bibliografía, desde un horizonte comparatístico occidental, puede encontrarse en MARTÍN CASALS, M., Informe de Derecho comparado sobre la regulación de la pareja de hecho, en «Anuario de Derecho Civil», octubre‑diciembre MCMXCV, pp. 1709‑1808. Cfr. en este mismo volumen homenaje al Prof. Guitarte, la aportación de Viguiri PERSA, A., Uniones homosexuales en el ámbito del Derecho comparado. Debemos seguir recomendando, en nombre de la calidad y profundidad del criterio, el libro de GLENDON, M. A., The transformation of Family Law. State, Law and Family in the United States and Western Europe, University of Chicago Press, ChicagoLondon 1989. Además de abundante y selecta bibliografía, el lector encontrará un análisis histórico muy profundo y una sobresaliente interpretación de la problemática actual en NAVARRO VALLs, R., Matrimonio y Derecho, Madrid 1994; y en MARTÍNEZ DE AGUIRRE, C., Diagnóstico sobre el Derecho de Familia, en Documentos del Instituto de Ciencias para la Familia, núm 21, Madrid 1996.

 2 La dificultad en definir el matrimonio, pese a su aparente facilidad, ha sido expresada por J. HERVADA ‑uno de los juristas contemporáneos a los que más debe la ciencia canónica una reflexión sobre el matrimonio en la gran linea de continuidad con los grandes clásicos‑ con particular claridad: «El matrimonio es una de las instituciones sociales más difíciles de comprender en toda su profundidad, a la vez que, por ser vida de los hombres..., existe en todo ser humano el conocimiento nuclear y suficiente para contraerlo y vivirlo. Ocurre con el matrimonio algo parecido a lo que sucede con el hombre mismo. Misterio profundo para el científico, verdad suficientemente desvelada para que cada ser humano pueda encontrarse a sí mismo y conseguir sus fines...». En Escritos de Derecho Natural, Pamplona 1986, p. 15.

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Director de Revistas: Javier Martínez Cortés

Editor-Coordinador: Antonio Orozco Delclós

 

Enviado por Rialp - 28/06/2005 ir arriba
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