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CANTARÉ TUS ALABANZAS
*
de
Manuel Casado Velarde
Presentación
Orar es hablar con Dios. Toda
persona está llamada a orar. En la tradición cristiana
hay tres expresiones mayores de la oración: la oración
vocal, la meditación y la oración contemplativa[1].
Todas son necesarias; de todas podemos alimentarnos en
diferentes momentos; todas pueden ser medio de
enriquecimiento de nuestra vida de relación con Dios.
La oración vocal, la que se
expresa mediante fórmulas o palabras establecidas (los
salmos, el padrenuestro, el avemaría, etc.), “es un
elemento indispensable de la vida cristiana”; nuestra
naturaleza, hecha de cuerpo y espíritu, nos exige
asociar los sentidos a la oración interior, y
“experimentamos la necesidad de traducir exteriormente
nuestros sentimientos. Es necesario rezar con todo
nuestro ser para dar a nuestra súplica todo el poder
posible”, pues la “expresión corporal es signo del
homenaje perfecto al que Dios tiene derecho”[2].
La Iglesia
ha expresado y expresará siempre su oración mediante los
salmos, ese libro poético del Antiguo Testamento que fue
cauce de la oración de Jesucristo y de su Madre, y de
tantas personas a lo largo de todos los tiempos.
En la
historia del cristianismo ha habido muchos orantes que
han sabido plasmar su diálogo con Dios Padre, con
Jesucristo, con el Espíritu Santo, con la Virgen María,
en una expresión artística, poética, digna de ser
recuperada como cauce para la oración personal de otros.
La poesía, como se sabe, representa la plenitud de
realización del lenguaje, el despliegue de todas sus
virtualidades.
La literatura en lengua española,
en ambas orillas del Atlántico, es particularmente rica
en poesía que expresa el grito hondo o el suspiro tenue
que sale del corazón humano y se eleva al cielo, para
adorar, para agradecer, para implorar perdón, para
alabar, para pedir[3].
Y esos textos pueden ser también conducto de nuestro
propio diálogo con Dios. Eso es precisamente lo que
pretende esta antología. Lo que no excluye su posible
uso como apoyo de la catequesis o de la enseñanza de la
religión católica en los diversos niveles.
Dada, pues,
su finalidad, el criterio determinante de la selección
de textos ha sido el de que cada poema sea expresión de
la plegaria personal del autor, en primera persona,
dirigida a un Tú –en algún caso el poeta pone en boca de
Cristo palabras dirigidas al hombre (“Oveja perdida,
ven”, de Góngora). Aun no cumpliendo a veces, en sentido
estricto, ese requisito, me ha parecido oportuno recoger
algunos poemas y algunas traducciones literarias de
himnos clásicos o secuencias en latín, de gran tradición
en la liturgia de la Iglesia: Pange lingua, Veni Creator,
Crux fidelis, Ave maris stella, etc.
Por el
carácter no erudito, sino práctico, de esta colección de
textos, he modernizado el aspecto gráfico y modificado a
veces la puntuación en busca de la comprensión y de la
uniformidad. Cuando lo he juzgado conveniente, he
añadido en nota la explicación de alguna palabra
anticuada.
La
agrupación en capítulos es meramente orientadora, ya que
muchos poemas podrían también figurar bajo otros
epígrafes. El índice temático final, así como el de
primeros versos, pueden ayudar al lector a seguir el
itinerario que más le interese.
[...]
Ojalá estos
poemas-oraciones contribuyan a hacer, con la ayuda del
Espíritu Santo, más rica y honda la oración de quienes
se los apropien.
M. C.
Catedrático de Lengua
Española
Miembro correspondiente de la Real Academia Española
*
Ed.
Rialp,
Madrid, 224 páginas. ISBN: 8432135917
Manuel Casado es Catedrático de Lengua Española y
Miembro correspondiente de la Real Academia Española
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