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¿UN DÓLAR DIARIO PARA ERRADICA (Tomás Pérez Berná)

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¿UN DÓLAR DIARIO PARA ERRADICAR LA POBREZA?

 

Por Tomás Pérez Berná

Según el Banco Mundial y las Naciones Unidas, un dólar diario es lo que permite distinguir entre una sociedad pobre y una sociedad del bienestar. Esta consideración está basada en la idea de que con un dólar se puede adquirir gran número de bienes y recursos en los países con escasas expectativas de bienestar y desarrollo. Sin embargo, para muchos economistas y filósofos, esa afirmación no deja de ser, como mínimo, demasiado genérica, pues olvida muchos aspectos de fondo, como podrían ser las circunstancias concretas de cada país (según Thomas W. Pogge, profesor de Filosofía en la Universidad de Columbia), el nivel cultural de una nación (según Gerald A. Cohen, profesor de Teoría social y política en la Universidad de Oxford) o el grado de individualismo y colectivismo de una sociedad (según Amartya Sen, premio Nobel en Ciencia Económica en 1998).

Como ya se ha dicho, tanto el Banco Mundial como las Naciones Unidas únicamente tienen en cuenta el aspecto económico de la cuestión. En primer lugar y siguiendo la crítica de Thomas W. Pogge, la definición de pobreza que hacen estos organismos internacionales deja de lado aspectos concretos y específicos que se dan en los distintos países en muy diversos ámbitos de la sociedad. Por ello, la afirmación del dólar diario puede dar lugar a ciertas incoherencias: si hablamos de poder adquisitivo, en países como Vietnam o México podrían obtenerse muchos bienes con un dólar y, por tanto, siguiendo la tesis del Banco Mundial y las Naciones Unidas, no se considerarían naciones con pobreza. Sin embargo, en países con un nivel medio de bienestar ese poder adquisitivo disminuiría sensiblemente; entonces, ¿no habría pobreza en este tipo de lugares cuando con un dólar se pueden comprar muchas menos cosas?

La idea del dólar diario podría solucionar los problemas de hambre que hay en algunos países, pero difícilmente erradicaría la pobreza. Esa consideración daría lugar a una solución a muy corto plazo, que tendría como consecuencia un nuevo estancamiento de la sociedad, pues la principal preocupación sería obtener los recursos y bienes necesarios para vivir, pero difícilmente produciría una visión económica, de crecimiento, de inversión, de trabajo. Gerald A. Cohen hace especial hincapié en esta idea al hablar de la educación. A través de ella, la sociedad tiene la posibilidad de crecer y crear riqueza a partir de lo que tiene, pues sabrá cómo emplear el dinero, en qué invertirlo; tendrá una concepción económica. Es cierto que para eso sería necesario dinero, pero ése no es el problema fundamental. El problema de cómo obtener dinero tendría fácil solución; por ejemplo, a través de programas de microcréditos. Sin embargo, sólo con dinero y sin educación ese capital se invertiría fundamentalmente en la satisfacción de necesidades primarias, con lo que igualmente se produciría el estancamiento económico y social del que antes se hablaba. La educación hace posible la inversión, ya que deriva en conocimiento y en riqueza, que permiten llevar a cabo más inversiones, con la progresiva repetición del flujo.

Ésta es una solución a largo plazo pero discurre por un camino más directo hacia la erradicación de la pobreza. Además, parte de la idea de que el ser humano es un individuo libre, con capacidad de discernimiento, con espíritu de superación y no un mero consumidor de bienes, como al parecer se considera en la concepción del Banco Mundial y de las Naciones Unidas.

Por su parte, siguiendo a Amartya Sen, Lord Desai considera que la educación no puede dirigirse solamente a unos cuantos individuos, pues esto daría lugar a una sociedad con profundas desigualdades sociales y económicas, un nuevo sistema feudal en el que los señores, con su estatus y su poderío económico, serían los que ostentarían el poder sobre los más desfavorecidos, que trabajarían simplemente para ganarse el pan de cada día. Es preciso que cada individuo emplee su educación para lograr su máxima satisfacción, aunque teniendo presentes los beneficios que con ella aportará a la comunidad. Lo importante en una sociedad próspera es la solidaridad que genera la educación: la satisfacción que uno alcanza con lo realizado (carácter individual) se duplica cuando también se está convencido de que se produce mayor bienestar para la sociedad (carácter colectivo); cuando se sabe, se acepta y se trabaja con más ahínco para que la satisfacción personal derive en beneficios para los demás. No sólo hay que concienciar a las sociedades pobres de estas ideas, sino que también las prósperas deben, solidariamente, aportar su granito de arena, pues es muy difícil que un cuerpo estático sea capaz de imprimirse a sí mismo movimiento si no hay otro que le dé un pequeño empujón.



NUEVAS TENDENCIAS N° 52 octubre de 2003 © Instituto Empresa y Humanismo. Universidad de Navarra 31009 Pamplona. España, e mail: ieyh@a unav.es, http:// www.unav.es/empresayhumanismo. Edita: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, S. A


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Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
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02/07/2005 ir arriba
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