Viernes - 30.Julio.2010

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
El valor de la vida humana El valor de la vida humana
El valor del trabajo El valor del trabajo
El valor de la libertad El valor de la libertad
El valor de la familia El valor de la familia
La vejez El valor de la vejez
El valor de la muerte El valor de la muerte
El valor de la sexualidad El valor de la sexualidad
El valor de la moda El valor de la moda
El valor de la política El valor de la política
El valor de la verdad El valor de la verdad
Descanso, diversión, deporte Descanso, diversión, deporte
Valores de la mujer Valores de la mujer
El valor del sufrimiento El valor del sufrimiento
Matrimonio: amor, fidelidad Matrimonio: amor, fidelidad
Alegría y optimismo Alegría y optimismo
El valor de la literatura El valor de la literatura
Maternidad / paternidad Maternidad / paternidad
El valor del esfuerzo El valor del esfuerzo
 amistad, amor amistad, amor
Arte, belleza, elegancia Arte, belleza, elegancia
Sonreir, pensar y viceversa Sonreir, pensar y viceversa
El valor de ser católicos El valor de ser católicos
Economía Economía
Demografía Demografía
Cultura
Literatura
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
TEMAS DE HOY
Temas
Estás en: Valores > Economía

LA ÉTICA DE LOS NEGOCIOS (Ramón Pi)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo
Documento sin título

LA ÉTICA DE LOS NEGOCIOS

Está muy extendido el error de creer que la ética de los negocios es autónoma, de suerte que conductas consideradas reprochables en otras actividades pueden aceptarse en el mundo de la empresa y los negocios.

Por Ramón Pi


Vivimos tiempos de relativismo moral. Los pensadores contemporáneos tratan de establecer una ética social basada en el consenso, ante la falta o el desvanecimiento de criterios de comportamiento ajenos y superiores a los hombres, y aceptados pacíficamente por éstos. Esta situación es nueva, propia de lo que alguien ha llamado la “era poscristiana”, que rechaza no sólo la aceptación de una divinidad que se comunica con los hombres, sino incluso el reconocimiento de una ley natural de alcance universal inscrita en la conciencia de cada individuo. El relativismo moral es, me parece, una consecuencia ineludible de la entronización de la autonomía individual como norma suprema de la conducta o, al menos, como criterio legitimador de ella, con la sola traba de la colisión con comportamientos ajenos o con las leyes establecidas por los propios hombres para convivir superando la selvática ley del más fuerte.

Este tiempo relativista ha dado origen a la aparente paradoja de la proliferación de comisiones, comités, normativas y prontuarios de ética en casi todos los aspectos de la existencia. La paradoja, sin embargo, es como digo sólo aparente, porque la orfandad de normas morales universales y superiores a la voluntad humana exige, en efecto, la búsqueda permanente de los criterios aplicables, que habrán de variar precisamente en función de los consensos sociales de cada momento y lugar. El resultado es un considerable desconcierto social que se manifiesta también en las mismas legislaciones, necesitadas de definir cada vez lo que está bien y lo que está mal.

Está muy extendido el error de creer que la ética de los negocios es autónoma, de suerte que conductas consideradas reprochables en otras actividades pueden aceptarse en el mundo de la empresa y los negocios. Sin embargo, nada más falso: si se llevase a sus últimas consecuencias este criterio, la inseguridad jurídica haría la convivencia sencillamente imposible. La ética, para merecer este nombre, ha de fundarse en la antropología, en una concepción coherente y global del ser humano, único bicho viviente sobre la Tierra dotado de sentido moral. De lo contrario queda reducida a un modesto manual de instrucciones para sobrevivir.

Porque tampoco es cierta la entera independencia entre lo privado y lo público, como lo demuestra la práctica en las sociedades más acrisoladamente liberales, en las que los comportamientos privados de los hombres públicos se observan con enorme atención: si un hombre no es capaz de gobernar su casa, ¿cómo se le va a confiar el gobierno de la comunidad? Y en el mundo de los negocios, si un jefe de compras no tiene asimilada en su vida -en toda su vida, también la privada- la noción de que el dinero no es el móvil último y definitivo de su actuar, ¿qué confianza merecerá a la hora de aceptar o rechazar los regalos que pueda recibir de los proveedores?

La ética de los negocios no existe más que como una parte de la Ética, de una única Ética, la ética de las virtudes, sólo que aplicada al mundo de los negocios.
---------------------------------------------------------------------------------------------

Ramón Pi: ramonpi@intereconomia.com
Columna de Época, Revista semanal de actualidad y tendencias. © Copyright DINPE S.A. (Paseo de la Castellana, 36-38 9ª planta 28046 MADRID | Tel: 34 91 510 91 00)
Arvo Net, 17.11.2003

 

© ASOCIACIÓN ARVO 1980-2005
Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

27/07/2005 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.91:0.40
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós