| Por Luis Olivera
Periodista
Si algún condimento se echa en falta en el competitivo mundo profesional actual es confianza. No sólo en las principales bolsas internacionales, donde “los dineros han dejado de creer en la empresa”. Así titulaba el otro día un diario nacional que, con datos de la CNN, cuantificaba la caída empresarial de mediados de julio así: en Nueva York se ha perdido una capitalización bursátil de 7.700 millones de euros entre marzo y julio, mientras el 90% de los fondos de inversión han perdido dinero en el primer semestre de este año 2002.
Si no hay confianza en que la empresa jugará limpio con el trabajador, tampoco la habrá en la lealtad del empleado hacia su empresa. Lo mismo vale para los inversores. Es algo recíproco, de ida y vuelta. O la confianza es mutua, o el centro de trabajo se convertirá en una competición de lanzamiento de puñales en todas direcciones. Incluso el magnate Rupert Murdoch reconocía que, tal vez, él era demasiado confiado, lo que a veces le había ocasionado problemas: “Pero –afirmaba-- es una cualidad, no un defecto”. Esta condición, aplicada a las propias capacidades, también es imprescindible para animarse a tomar iniciativas profesionales. Sólo en un clima así no se teme al fracaso, se asumen riesgos y, en definitiva, es cuando se avanza y se hace progresar la sociedad.
Precisamente este tema, “Atreverse a confiar” , ha sido objeto de una jornada de reflexión en el Centro de Congresos de Bélgica. Todos los ponentes han demostrado ser capaces de aunar competencia profesional con atender a los verdaderos valores humanos. Michel Testard , consultor internacional en gestión de empresas, habló de “ La confianza en el mundo de los negocios: ¿sueño o realidad? ”. Este profesional francés se interrogó sobre las cualidades que debe reunir un auténtico líder, dirigente en sentido amplio: el que está a cargo de una institución, de una empresa, de una familia. En su opinión, las tareas que se imponen a un buen líder se pueden resumir en tres términos: estrategia, identidad y camino.
Y es que, como ha dicho J.J. Servan-Schreiber , “la dirección es el arte de las artes, ya que se dedica a organizar el talento” . Tal vez por eso los líderes no se improvisan, como quien saca un conejo de una chistera a voluntad, con barita mágica o sin ella. Testard piensa que el dirigente debe, en primer lugar, proponer un objetivo a su empresa; en segundo lugar, debe crear las condiciones para que todos entiendan la meta propuesta y deseen alcanzarla; y, finalmente, debe marcar el camino y seguirlo a la cabeza de su equipo, como los buenos generales en las batallas, sean grandes o de escasa entidad.
Para el Dr. Alexandre Persu , médico y filósofo, la confianza se sitúa en la base de todas las relaciones personales y de la construcción de la sociedad. El desafío que plantea supone, por una parte, mostrarse digno de confianza y, por otra, considerar también al otro digno de confianza. Como se preguntaba alguien, tras el escándalo Watergate: “¿Le compraría Ud. a este hombre (Richard Nixon) un coche de segunda mano? . Sólo unas relaciones basadas en la mutua confianza crean el clima propicio para la búsqueda de la felicidad personal y para el desarrollo económico. En su “Diario”, Anna Frank escribió, en pleno apogeo de la II Guerra Mundial: “Continúo creyendo en la bondad innata del hombre. No se puede construir todo sobre la base de la muerte, la miseria y la confusión”.
|