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¿QUÉ ESPERA LA IGLESIA DEL ESTADO (Mons. A. García Gasco) |
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El corazón de la Iglesia
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¿Qué espera la Iglesia del
Estado? |
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La dimensión religiosa de las personas
es una realidad que no puede ser combatida, desdeñada o
ignorada por los poderes públicos de un Estado democrático.
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El
arzobispo
de
Valencia,
monseñor
Agustín
García-Gasco,
en
su
carta
publicada
en «Paraula-Iglesia
en
Valencia»
el
30
de
noviembre
de
2003,
dedicada
al
25
aniversario
de
la
Constitución
española,
dice
lo
siguiente:
La
dimensión
religiosa
de las
personas
es una
realidad
que no
puede
ser
combatida,
desdeñada
o
ignorada
por los
poderes
públicos
de un
Estado
democrático.
El
desarrollo
económico,
cultural,
deportivo,
político,
asociativo
e
incluso
el ocio
son
aspectos
humanos
que
habitualmente
encuentran
acogimiento
favorable
en las
autoridades
que
efectúan
políticas
positivas
para el
ejercicio
de
dichas
facetas
humanas.
Las
relaciones
del
Estado
con las
religiones
son
diversas
en cada
parte
del
mundo y
resulta
importante
reseñar
que el
cristianismo,
la
religión
del
amor, la
reconciliación
y el
perdón,
asume
desde
sus
inicios
una
postura
abierta
al
diálogo.
Cuando
van a
cumplirse
XXV años
de la
Constitución
Española
resulta
necesario
recordar
que la
Iglesia
buscó y
facilitó
cauces
de
acercamiento.
¿Qué es
lo que
espera
la
Iglesia
del
Estado?
Esa es
una
pregunta
que se
aprestan
a
responder,
de forma
indebida,
plataformas
o
colectivos
que
expresamente
se han
formado
recientemente
con la
pretensión
de negar
la
presencia
pública
del
fenómeno
religioso.
Intentan
acallar
nuestro
derecho
de
expresión
y
manifestación
en
público.
Ha sido
el mismo
Pontífice,
Juan
Pablo II,
quien ha
dicho
bien
claro lo
que los
cristianos
esperamos
de los
poderes
públicos.
Ha sido
en el
documento
Iglesia
en
Europa,
en el
que ha
dejado
una vez
más,
bien
claras
las
expectativas
de la
Iglesia
y del
Estado:
«En las
relaciones
con los
poderes
públicos,
la
Iglesia
no pide
volver a
formas
de
Estado
confesional.
Al mismo
tiempo,
deplora
todo
tipo de
laicismo
ideológico,
o
separación
hostil
entre
las
instituciones
civiles
y las
confesiones
religiosas».
La
Iglesia
no
necesita
que el
Estado
sea
confesional
para
desarrollar
su
misión.
Lo único
que
requiere
es que
el
Estado
respete
la
libertad
religiosa.
Las
personas
sólo
pueden
ejercer
su
libertad
religiosa
allí
donde el
Estado
no
coacciona
la
conciencia,
allí
donde no
surgen
formas
solapadas
de
persecución
por
profesar
el
credo,
allí
donde no
se
desprecia
la
verdad,
allí
donde no
se
fomenta
la
soberbia
prepotente
o la
indiferencia
despectiva
que
expulsan
a Dios
de la
ciudad.
El
respeto
de la
libertad
religiosa
de las
personas
se
traduce
en «la
lógica
de una
sana
colaboración
entre
comunidad
eclesial
y
sociedad
política».
Igualmente,
la
Iglesia
invita a
los
cristianos
a no
permanecer
indiferentes
ni
impasibles
ante el
reto
histórico
de la
construcción
europea:
«Con
esta
óptica,
es
necesaria
una
presencia
de
cristianos,
adecuadamente
formados
y
competentes,
en las
diversas
instancias
e
instituciones
europeas,
para
contribuir,
respetando
los
procedimientos
democráticos
correctos
y
mediante
la
confrontación
de las
propuestas,
a
delinear
una
convivencia
europea
cada vez
más
respetuosa
de cada
hombre y
cada
mujer y,
por
tanto,
conforme
al bien
común».
Que
Europa
se
construya
como
Unión,
ha de
impulsar
también
a los
cristianos
hacia la
unidad,
para ser
verdaderos
testigos
de
esperanza.
Juan
Pablo II
mueve
las
conciencias
de los
creyentes
para
considerar
que «en
la
Europa
que está
en
camino
hacia la
unidad
política,
¿podemos
admitir
que
precisamente
la
Iglesia
de
Cristo
sea un
factor
de
desunión
y de
discordia?
¿No
sería
éste uno
de los
mayores
escándalos
de
nuestro
tiempo?».
La
Iglesia
es un
espejo
en el
que se
refleja
el alma
de la
humanidad.
Si los
cristianos
nos
apasionamos
por
profundizar
en la
verdad
que nos
une, la
humanidad
encontrará
un
fermento
sólido
de
concordia.
La nueva
Europa
necesita
de este
aporte
de alma
que los
cristianos
estamos
llamados
a
realizar.
Como
Pastor
de la
Iglesia
en
Valencia
invito a
todos
los
cristianos
a
colaborar
activamente
con las
autoridades,
políticos,
sindicatos,
empresas,
corporaciones
y
entidades
a la
construcción
europea.
Por
dicho
motivo,
estimo
de
especial
interés
contribuir
a la
difusión
de la
actitud
de la
Iglesia
ante las
relaciones
mutuas
con los
poderes
públicos
reseñadas
por el
Papa. En
ese
sentido,
he
remitido
la
Exhortación
del Papa
a los
agentes
sociales
y
políticos
para
que,
abiertos
al
diálogo,
conozcan
las
líneas
de
pensamiento
de la
Iglesia
en la
construcción
europea.
Animo a
todos
los
párrocos
y fieles
a
conocer,
profundizar
y
divulgar
esta
Exhortación
del Papa
en sus
respectivos
ámbitos.
Hay que tomar partido
Carta
semanal
de Mons.
Gracía
Gasco,
Arzobispo
de
Valencia,
Publicada
en «Paraula-Iglesia
en
Valencia»
el 18 de
mayo de
2003
Las
elecciones
autonómicas
y
municipales
que
se
avecinan
este
mes
de
mayo
suscitan
comentarios
y
reflexiones
en
los
medios
de
comunicación
y en
todos
los
ámbitos
de
la
sociedad,
incluida
la
Iglesia.
Como
pastor
de
la
Iglesia
en
Valencia,
he
tenido
ocasión
de
recibir
la
visita
de
muchas
personas
de
nuestra
tierra
que
desarrollan
labores
políticas
o
que
se
presentan
como
candidatos
de
diversos
partidos
políticos
que
concurren
a
las
elecciones,
y
que
han
querido
exponerme
con
sinceridad
sus
planteamientos.
Ante
cada
comicio
electoral
son
muchas
las
voces
que
me
solicitan
de
una
forma
sincera
o
interesada
algún
tipo
de
pronunciamiento
sobre
la
responsabilidad
del
cristiano
ante
las
elecciones.
El
talante
y
actitud
de
los
candidatos,
la
labor
desarrollada
en
las
legislaturas,
las
promesas
que
se
hicieron,
la
constatación
de
que
mejorar
la
sociedad
es
una
cuestión
mucho
más
lenta
de
lo
que
desearíamos,
el
voto
útil,
la
posible
influencia
de
eventos
internacionales
que
no
guardan
relación
con
el
ámbito
local
o
autonómico,
la
posibilidad
de
abstenerse
de
votar
o la
implicación
activa
que
debe
desarrollar
el
cristiano
son
cuestiones
comunes
que
se
suscitan
en
estas
elecciones.
La
premisa
inicial
que
deseo
subrayar
es
la
libertad
de
criterio
de
cada
ciudadano
y de
cada
cristiano
de
acuerdo
con
los
principios
de
la
ley
moral
natural.
Esa
libertad,
que
tiene
su
fundamento
en
la
libertad
de
conciencia
que
proclama
el
Vaticano
II,
exige
necesariamente
el
ejercicio
responsable
del
derecho
del
voto.
Votar
de
forma
inconsecuente,
aleatoria
o
sin
información
es
una
irresponsabilidad
hacia
uno
mismo,
hacia
su
familia
y
hacia
su
propia
comunidad
local
o
autonómica.
La
libertad
política
no
está
ni
puede
estar
basada
en
la
idea
según
la
cual
todas
las
concepciones
sobre
el
bien
del
hombre
son
igualmente
verdaderas
y
tienen
el
mismo
valor.
El
Evangelio
tiende
a
realizar
en
la
vida
social
una
serie
de
valores
y
principios
sin
los
cuales
no
es
posible
construir
el
bien
común.
La
defensa
de
la
vida
y de
la
dignidad
de
la
persona,
especialmente
en
las
fases
de
su
existencia
en
que
se
encuentra
más
desprotegida;
el
reconocimiento
de
la
familia
de
fundación
matrimonial
como
expresión
primera
y
originaria
de
la
dimensión
social
de
la
persona;
la
primacía
de
la
ley
moral
frente
al
desarrollo
tecnológico
que
amenaza
la
dignidad
de
las
personas
y la
misma
naturaleza;
el
respeto
a la
libertad
religiosa
y a
la
libertad
de
enseñanza,
reconociendo
el
derecho
de
los
padres
a
elegir
la
educación
de
sus
hijos;
la
solidaridad
y la
justicia
social
como
principios
inspiradores
de
las
relaciones
económicas
y de
trabajo;
el
rechazo
sin
ambigüedades
de
la
violencia
terrorista
y de
los
nacionalismos
excluyentes.
Estos
principios
forman
parte
del
bien
común.
Los
programas
políticos
que
no
los
respetan
no
merecen
la
confianza
de
los
cristianos.
Por
ello,
como
pastor
de
la
Iglesia
en
Valencia,
estimo
oportuno
pediros,
una
cita
electoral
más,
que
toméis
partido.
No
es
lícita
la
abstención.
Quiero
unirme
a la
campaña
institucional
que
en
cada
comicio
se
efectúa
para
animaros
a la
participación
electoral
en
la
fiesta
de
la
democracia.
No
podemos
olvidar
que
somos
administradores
del
mundo
y
deberemos
rendir
cuentas
por
los
talentos
que
hemos
recibido.
Abstenerse
en
las
elecciones
es
hacer
dejación
en
las
tareas
de
administración
del
talento
que
se
nos
ha
confiado
para
mejorar
nuestra
ciudad
y
nuestra
querida
Comunidad
Valenciana.
Votar
es
un
derecho
cívico
y,
en
buena
medida,
un
deber
ético
y de
responsabilidad
moral.
Con
libertad
y
con
responsabilidad,
animo
a
todos
los
cristianos
de
la
Comunidad
Valenciana
a
que
acudáis
a
votar
en
las
próximas
elecciones.
Es
una
oportunidad
más
que
nos
ofrece
la
vida
de
manifestar
nuestro
compromiso
cristiano
en
el
mundo
que
nos
rodea
y
que
algunos
pretenden
silenciar.
18
de
mayo
de
2003
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©
ASOCIACIÓN ARVO 1980-2005 |
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Contacto: mailto:webmaster@arvo.net |
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Director de Revistas: Javier Martínez Cortés |
|
Editor-Coordinador: Antonio Orozco Delclós
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Enviado por Paraula - 20/06/2005 |
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