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EINSTEIN, JUAN PABLO II, BENEDICTO XVI Y LA FISIÓN NUCLEAR (Antonio Orozco Delclós)

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Einstein, Juan Pablo II, Benedicto XVI y la fisión nuclear


     «En el alba de este tercer milenio todos nosotros, hijos de la Iglesia, estamos llamados a caminar en la vida cristiana con un renovado impulso. Como he escrito en la Carta apostólica Novo millennio ineunte, no se trata de «  inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste  ».103 La realización de este programa de un nuevo vigor de la vida cristiana pasa por la Eucaristía.»

Por su parte, Benedicto XVI nos ha descubierto la fórmula revolucionaria -nueva y antigua- que indica la fuente inagotable de energía vital para la vida buena de la humanidad: vida, verdad, sabiduría, amor, paz, libertad... en cantidades insospechadas e inagotables, el e=mc2 teológico.
 

Autor: Antonio Orozco Delclós

Albert Eistein y la Eucaristía
 

Muchos comentan que Albert Eistein en su juventud fue más bien lo que se suele llamar «un ateo». Al parecer, según se dice, no creía en la existencia de un Dios personal. Pocos son, sin embargo, los que conocen su evolución sobre el reconocimiento del Creador. Randall Sullivan en su libro "The Miracle Detective" (New York, 2004, pp.432-433) relata una conversación que tuvo con Benedict Groeschel, un monje neoyorquino experto en teología mística y autor de " still, small voice" (Ignatius Press, 1993 ).  Cuenta Sullivan que Groeschel le comentó que había estado leyendo mucho sobre Einstein y que aunque el gran físico quizá se había opuesto a la idea de un Dios personal cuando era joven, en su madurez se había convertido [en opinión de Groeschel] en una persona bastante religiosa.  En concreto dice: «Estaba fascinado por el misterio del Santísimo Sacramento».

 

La ciencia y los años no apartan de Dios, al contrario, normalmente, la búsqueda honrada de la verdad, aunque sea de un segmento mínimo de las cosas, conduce casi necesariamente –salvada la libertad de la persona- al descubrimiento de la Verdad primera, que, como es lógico, siendo origen de personas, ha de ser eminentemente personal. La Fe y la Ciencia, por más que quienes ignoren éste o aquél saber no se hayan dado cuenta todavía, lejos de oponerse se ayudan una a la otra y se complementan en el progreso del conocimiento global.

 

Einstein, el más eminente físico después de Newton, buscaba la fórmula en la que se pudiera encerrar la textura de cualquier porción pequeña o grande de materia. Pero no pensaba encontrar en ella el Origen absoluto, ni que la materia fuera el todo de la realidad: había un Dios que «no jugaba a los dados». No importa que la metáfora de los dados, haya sido superada por nuevos descubrimientos. Lo esencial es que hay Dios que juega, en el sentido profundo de la palabra: el que hace posible el orden del universo. Incluso si hubiera que admitir el azar, Dios sería el que hace posible que del azar, surja el orden. No es de extrañar que un Eistein, con el paso del tiempo, cuanto más engmas desentrañaba, más se acercase a la comprensión del misterio, en el sentido más estricto: la existencia de lo que jamás se podrá encerrar en una fórmula, ni siquiera en un solo nombre, y que ha de ser una Inteligencia infinitamente más poderosa que la suya, no sólo capaz de entender, sino de crear la maravilla del Universo.

 

«Estaba fascinado por el misterio del Santísimo Sacramento». ¿Quiere decir Groeschel  que Einstein creía propiamente en la presencia de real de Jesucristo bajo las figuras de pan y vino consagrados en la santa misa? No me atrevo a afirmarlo. Pero lo que parece seguro es que a Eistein no le sorprendía del todo el misterio eucarístico. Su familiaridad con lo fascinante del universo creado, le permitía reconocer que Dios es capaz de hacer algo infinitamente más fascinante.

 

El papa Benedicto lo resumía con sencillez encantadora y grandiosa:

 

«La entera existencia terrena de Jesús, desde la concepción hasta la muerte, ha sido un único acto de amor. Tan es así, que se puede resumir en estas palabras: Jesus Caritas, Jesús Amor. En la última Cena, «sabiendo que había llegado su hora» (Jn 13,1), el divino Maestro ofreció a sus discípulos el ejemplo supremo de amor lavándoles los pies y confiándoles su preciosa herencia, la Eucaristía, en la cual se concentra todo el misterio pascual, como escribió el venerado Papa Juan Pablo II en la Encíclica Ecclesia de Eucaristia (cfr n. 5). / «Tomas y comed, esto es mi cuerpo… Bebed todos de él, esto es mi sangre» (Mt 26, 26-27). Las palabras de Jesús en el Cenáculo anticipan su muerte y manifiestan la consciencia con que Él la afronta, transformándola en el don de Sí, en el acto de amor que se da totalmente. En la Eucaristía el Señor se da a nosotros con su cuerpo, con su alma y con su divinidad, y nosotros nos convertimos en una sola cosa con él y entre nosotros…»

 

A quien este familiarizado con la física cuántica y con la reciente teoría de las cuerdas, probablemente le sea más fácil creer en el misterio eucarístico que a Newton. Por supuesto, no se le exime de la humildad, compartida – sólo por aparente paradoja - por los niños y los grandes hombres, abiertos siempre a los grandes dones de la Verdad Primera, que es también Bondad, Sabiduría, Amor, Belleza.

 

 

FISION NUCLEAR *

Para entender qué es la fisión nuclear considere los siguientes hechos:

  1. El núcleo de un átomo no es un objeto rígido e indivisible.

  2. Los neutrones y protones dentro del núcleo se mueven muy
    rápidamente.

  3. Cuando un núcleo de un elemento pesado es bombardeado por un neutrón, el núcleo cambia de forma y rápidamente se parte en dos núcleos livianos:
     
     

 
    • La masa sumada de los fragmentos de fisión es menor que la masa del núcleo original.

  • La masa perdida se convierte en energía tal como lo predice la Teoría de la Relatividad Especial de Einstein:

  • E = mc2  -->  Masa = Energía

De la fórmula de Einstein E=mc2 es evidente que la cantidad de energía generada en la fisión nuclear es inmensa (esto se debe a que el factor c2, que es la velocidad de la luz al cuadrado, es muy grande).

 

Benedicto XVI y la fisión nuclear

Todas las analogías comparan dos realidades, una más conocida con otra menos conocida, con la finalidad de crecer en el conocimiento de lo menos conocido. La analogía subraya una semejanza existente entre las cosas que se comparan y prescinde de las desemejanzas que puedan haber, sin desconocerlas. Los Evangelios están llenos de analogías. El Señor compara el Reino de Dios a realidades familiares a sus oyentes: a un tesoro escondido, a una red barredera, al grano de mostaza, la más pequeña de las semillas que sin embargo encierra dentro de sí una energía tal que llega a convertirse en un árbol cuyas ramas sirven de cobijo a muchos pájaros. Cosas pequeñas, en apariencia insignificantes, en las que el Creador ha puesto un vigor insospechado. El Papa Benedicto descubre una analogía muy oportuna en nuestro tiempo: la que existe entre esa realidad minúscula, que los ojos no ven, que los antiguos ni siquiera imaginaban, no ya el átomo, sino el núcleo del átomo. Se oculta ahí una energía increíble, enorme, que se libera con la fisión nuclear. Ahí tenemos una analogía fenomenal: bajo las figuras del pan y del vino consagrados en la santa misa, se encuentra una energía sobrenatural maravillosa, imponente, para quienes reciben con las disposiciones debidas la Eucaristía.

El miércoles 24 de agosto el Papa volvía a la analogía de Köln: "en la Eucaristía --así decía en la homilía de la celebración conclusiva tomando de la física una imagen muy conocida-- produce la «fisión nuclear» en el corazón más escondido del ser. Sólo esta íntima explosión del bien que vence al mal puede dar vida a otras transformaciones necesarias para cambiar el mundo. Recemos, por tanto, para que los jóvenes de Colonia lleven consigo la luz de Cristo, que es verdad y amor, y la difundan por doquier. De este modo podremos asistir a una nueva primavera de esperanza en Alemania, en Europa y en todo el mundo".

Si no fuera una cursilada, Benedicto XVI podría ser llamado "Einstein teológico del siglo XXI", "premio Einstein siglo XXI", o algo de este estilo. El Papa no necesita más títulos que el de Obispo de Roma, Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo en la Tierra. Pero nos ha descubierto la fórmula revolucionaria -nueva y antigua- que indica la fuente inagotable de energía vital para la vida buena de la humanidad: vida, verdad, sabiduría, amor, paz, libertad... en cantidades insospechadas e inagotables, el e=mc2 teológico. La fuente se llama Eucaristía. Bajo las figuras de pan y de vino se esconde el Cuerpo y la Sangre de Cristo crucificado y resucitado; Cuerpo y Sangre que encierran la plenitud del poder de Dios corporalmente (Colosenses 2, 9). Misterio de fe. Cómo no ver que la energía es inconmensurable.

Quizá muchos piensen "pues yo recibo diariamente la Eucaristía y no percibo ninguna explosión de bondad, alegría, amor, etc... en mi interior ¿será que soy un tipo raro?". Hombre, un poco raro ya eres, porque con toda esa energía dentro... Pero no olvides que así como la transformación del pan en el Cuerpo de Cristo sobre el altar no es sensible, tampoco es sensible tu transformación en Cristo. Lo que tienes que examinar no es lo que sientes, sino lo que vives, es decir, si tu vida se va conformando a la vida de Cristo, si mejora tu atención a la Eucaristía, tu quererle tuyo, tu "ad-orarle", como dice el Papa, con esos dos movimientos que son: 1) sumisión, lo propio de la criatura que reconoce que no es nada sin su Creador y que todo lo que es lo es por Él, en Él y con Él. En consecuencia, adhesión a su Verdad, Bondad, Sabiduría, Belleza, Amor; 2) gratitud por la liberación que la adhesión causa en el ser personal que ya puede moverse por ese espacio sin límites de la Verdad, la Bondad, la Sabiduría, la Belleza, el Amor y la Libertad infinitas. Todo esto se traduce en la alegría de vivir en creciente plenitud, con la espiritualidad que Juan Pablo II llamaba "del Magnificat".

Es la gran transformación de la vida personal de simplemente humana a vida humano-divina, a semejanza (analogía) del Verbo encarnado que es Dios y hombre verdadero.

Eucaristía: e=mc2 teológico. Revolución en marcha hacía el "ser Dios en todo". Una condición necesaria: la revolución dominical. Recuperar el sentido original del domingo, o del fin de semana, que no tiene sentido festivo sin la Eucaristía. La palabra del Papa ha sido también clara en este punto. No se trata de un detalle pequeño. Es un factor esencial en la estrategia de la nueva revolución, perteneciente a la verdad del hombre, a la verdad de la fiesta, a la verdad cristiana, a la verdad de la transformación del cristiano y del mundo en el Reino del Padre Celestial.

Antonio Orozco Delclós
 


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-
Introducción teológica a la Homilía de Benedicto XVI en la clausura de la JMJ (con el texto completo de la Homilía).
Antonio Orozco Delclós, Arvo Net

- Homilía de Benedicto XVI en la ceremonia de clausura de la XX Jornada Mundial de la Juventud
Radio Vaticano

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Etiquetas: Einstein, Euacristía
Enviado por Arvo.net - 22/05/2008 ir arriba
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