Veritas.com,
6 de marzo de 2006
(VERITAS) Tras la crisis surgida en el
panorama internacional a raíz de la
publicación de unas viñetas del profeta
Mahoma en una revista danesa, el Islam sigue
ocupando portadas de actualidad. Veritas ha
consultado la opinión de un experto en
aspectos jurídicos y sociales del Islam en
España y en Europa para abordar el tema.
Entre otras conclusiones Iván Jiménez-Aybar
afirmó que "la más perfecta compañera de
viaje del islamismo radical sigue siendo la
marginación social". Este investigador de la
Universidad de Navarra, sostuvo también que
"el principal obstáculo para la práctica de
la religión islámica no es el catolicismo,
sino el laicismo beligerante que cada vez
con más fuerza impregna el espacio público".
Durante la entrevista, este experto subrayó
como dato curioso que se hable de
"inmigración musulmana, pero nunca de
inmigración cristiana" y se decantó por
"medir la importancia de la presencia de los
musulmanes en España a través de criterios
como el número de mezquitas, de entidades
religiosas inscritas oficialmente o de
cementerios musulmanes", y no colgando la
"etiqueta de musulmán toda persona que
proviene de países donde la religión
musulmana es mayoritaria".
Finalmente, sugirió que de forma paralela a
la lucha contra la islamofobia -ya
emprendida internacionalmente- se afronte
también la "lucha contra la cristianofobia
en el mundo islámico"
***
¿Por qué se ha producido una reacción
violenta en algunos países musulmanes a las
ya famosas viñetas de Mahoma, mientras
apenas se han oído a los musulmanes que
residen en países occidentales?
Bueno, eso no es del todo cierto. Podemos
decir que los musulmanes residentes en
Europa han dejado sentir su voz, pero sin
recurrir a la violencia. Aunque es preciso
recordar que en Londres y en alguna otra
ciudad europea se produjeron manifestaciones
de miembros de comunidades islámicas que
animaban a acabar con la vida de los que
habían insultado a su profeta Mahoma,
avisando además que Europa se postraría
cuando los muyahidines llegaran rugiendo (en
clara alusión al sonido de las bombas).
Afortunadamente, ha predominado el sentido
común y el buen tono en los representantes
de mezquitas y comunidades musulmanas
europeas a la hora de referirse a la
polémica sobre las viñetas. Ha habido
llamamientos a la concordia y a un mayor y
mejor conocimiento y entendimiento entre las
diferentes culturas y religiones. Pongo un
ejemplo: en la página webislam.com, el
portal musulmán de habla hispana más
importante del mundo, se puso a disposición
del público en general abundante
documentación sobre la vida y la figura del
profeta Mahoma, para así paliar de alguna
manera el desconocimiento existente al
respecto.
No obstante, si bien los mensajes emitidos
por ciertos imames y representantes
musulmanes europeos tienden a rechazar el
uso de la fuerza, me ha parecido entrever en
ocasiones cierta comprensión hacia los
episodios de violencia acaecidos en algunos
países del ámbito islámico, dada la magnitud
del escarnio sufrido a causa de las viñetas.
Pero esto no es nada nuevo, ya que lo mismo
ocurre cuando se refieren a Hamás o a la
resistencia iraquí. Muy al estilo del
lenguaje que cierto sector del nacionalismo
vasco que siempre ha utilizado respecto al
terrorismo de ETA. Asimismo, he visto poca
autocrítica en esos mensajes en relación a
la ausencia de libertad de expresión en el
mundo musulmán. Ni han censurado el cierre
de periódicos, ni el encarcelamiento de los
pocos periodistas valientes que se
atrevieron a publicar las viñetas en sus
medios de comunicación.
¿Diría usted que mientras el fundamentalismo
religioso parece afectar sobre todo a los
países de mayoría musulmana, en el caso de
los musulmanes que emigran se produce más
bien un fenómeno de secularización?
Quizá se podía decir eso hace unos pocos
años, aunque los atentados de Madrid y
Londres obligan a hilar más fino. Es obvio
que la práctica del Islam no sólo viene
condicionada por la obediencia a la propia
ley islámica, sino también por el contexto
donde aquella se desarrolla. Y, claro, lejos
de sus países de origen, muchos musulmanes
no sienten el peso del control social que a
veces obliga a observar determinados ritos o
a participar en ciertas festividades del
calendario musulmán. Además, no hay que
olvidar que, para un musulmán, practicar su
fe en Europa no está exento de dificultades,
sobre todo teniendo en cuenta que
determinados aspectos de su religión chocan
frontalmente con el orden público. Si bien
es cierto que la presión es menor en un
contexto migratorio, también lo es que,
conforme una comunidad musulmana se va
implantando, desarrollando y arraigando en
un determinado lugar, también pone en marcha
su propio sistema de solidaridad social
intragrupal que facilita el mantenimiento de
las pautas religiosas y culturales del país
de origen. Aunque, por otro lado, hay que
desterrar ese cliché que nos lleva a dar por
supuesto que todos los musulmanes son
fervorosos practicantes. A muchos les
sorprendería comprobar, por ejemplo, la baja
tasa de asistencia de los jóvenes a la
oración de los viernes en las mezquitas de
Marruecos, Argelia o Túnez.
No obstante, conviene tener en cuenta un
fenómeno que cada vez se produce con mayor
frecuencia: jóvenes que en sus países de
origen estaban alejados de la religión,
cuando llevan un tiempo viviendo en Europa
comienzan a frecuentar la mezquita y a
entrar en los círculos de un islamismo de
corte radical. En muchas ocasiones, los
reclutadores tienden sus redes en aquellos
barrios donde se concentra un mayor número
de población proveniente del ámbito
musulmán, intentando captar a los jóvenes
inadaptados que viven al borde de la
marginación social (algunos de ellos son ya
delincuentes), y convirtiéndolos en
fervorosos islamistas. Aunque, por otro
lado, también hay que decir que muchos de
los jóvenes que se integran en estos
círculos son personas perfectamente
integradas en su entorno, que llegan al
islamismo a través de libros o páginas web
donde se alimenta el odio a Occidente. Pero,
sin lugar a dudas, la más perfecta compañera
de viaje del islamismo radical sigue siendo
la marginación social.
¿Qué rasgos definen al "Islam español"? ¿Qué
diferencias internas destacaría?
El rasgo principal que le define es su
heterogeneidad, si bien es cierto que lo que
podríamos denominar el Islam inmigrado es la
presencia mayoritaria y más importante.
También cabe destacar el Islam
nacionalizado, grupo formado tanto por
aquellos inmigrantes procedentes de
Palestina, Jordania y Siria (sobre todo) que
vinieron a España a estudiar en las décadas
de los 60-70, como por aquellos otros que
vinieron sobre todo de Marruecos y
adquirieron la nacionalidad durante los 80 y
los 90. En tercer lugar, cabe destacar el
Islam converso (o neomusulmanes), cuya
importancia es más cualitativa que
cuantitativa. Al no tener que sufrir el
obligado proceso de integración inherente a
todo proceso migratorio, su capacidad para
interactuar con la sociedad civil y con las
autoridades públicas es mucho mayor que la
de las comunidades formadas por inmigrantes.
Aunque hoy en día el fenómeno de las
conversiones está cada vez más extendido,
podemos afirmar que su nacimiento está
ligado a Andalucía y al intento de rememorar
el esplendor de la civilización de
Al-Ándalus. Este dato explica por qué el
fenómeno converso tiene más pujanza y un
mayor sustento ideológico en nuestro país
que en otros del contexto europeo. Por
último, no nos debemos olvidar del conocido
como Islam de las embajadas, fruto de las
cada vez más importantes y numerosas
inversiones que determinados países
islámicos (en especial Arabia Saudita,
Egipto, algunos Emiratos Árabes, Marruecos y
Libia) realizan en nuestro país, casi
siempre en forma de grandes mezquitas o en
subvenciones a pequeñas comunidades
esparcidas por nuestro territorio.
¿Diferencias internas? Por supuesto, muchas.
Pero no vienen marcadas, en contra de lo que
cabría pensar, por diferencias ideológicas
insalvables. Ni mucho menos. La primera
diferencia viene determinada por el origen
geográfico de los musulmanes que residen en
España. Los sirios, jordanos, palestinos,
árabes, etc., van por un lado.
Los magrebíes por otro.
Y, por supuesto, los musulmanes procedentes
del África subsahariana suelen conformar
grupos con poca permeabilidad hacia el
exterior (es fácil ver, por ejemplo,
mezquitas a las que sólo van senegaleses, o
gambianos). Sin olvidarnos de los conversos,
los cuales son vistos en ocasiones como
extraños por los demás grupos, dadas las
diferencias culturales, raciales y
lingüísticas existentes.
En segundo lugar, hay que
tener muy presente que la lucha que ciertos
países islámicos mantienen por hacerse con
el control del Islam europeo se trasladan a
nuestro país en forma de conflictos entre
comunidades (en muchas ocasiones en una
misma localidad) y peleas intestinas en el
seno de la estructura institucional del
Islam español.
¿Qué factores han
producido la "eclosión" del fenómeno
islámico en España en los últimos 10 años?
Y, en este sentido, ¿puede señalar
brevemente los principales pasos que han
llevado al Islam a su institucionalización
en nuestro país?
¿Diez años? Hablemos más
bien de los últimos quince o veinte. La
bonanza económica que vive España ha
provocado que aquella inmigración que
comenzó a venir con cierta fuerza en la
segunda mitad de la década de los ochenta y
que se intensificó en los noventa, se haya
asentado definitivamente en nuestro país.
Además, a ella se le ha unido otros miles de
inmigrantes procedentes de países europeos
(sobre todo de Francia y Bélgica) que han
visto en España una segunda oportunidad de
salir adelante. Superada ya la primera fase
del proceso migratorio, en la que la
búsqueda de vivienda y trabajo son los
objetivos principales, los musulmanes se han
ido organizando comunitariamente con el
objetivo de practicar su religión, pidiendo
además a las administraciones públicas
competentes que pusieran todos los medios a
su alcance para facilitar tal deseo.
A este respecto, las
grandes protagonistas han sido (y son) las
asociaciones islámicas locales. Fueron las
principales protagonistas de la firma en
1992 del Acuerdo de cooperación entre el
Estado y la denominada Comisión Islámica de
España (CIE), conformada por dos grandes
federaciones –la Federación Española de
Entidades Religiosas Islámicas (FEERI) y la
Unión de Comunidades Islámicas de España
(UCIDE)‑ que agrupan a su vez a cientos de
esas asociaciones. En este Acuerdo se
regulan una serie de cuestiones atinentes a
la organización y práctica de la religión
islámica en España, como, por ejemplo, el
estatuto jurídico de las mezquitas y de los
imames, la alimentación halal en colegios y
centros de internamiento, los efectos
civiles del matrimonio celebrado según el
rito musulmán, los enterramientos y
cementerios islámicos, la práctica del Islam
en el ámbito laboral o la enseñanza de esta
religión en escuelas públicas y centros
privados concertados.
La puesta en marcha de
este Acuerdo ha favorecido sobremanera el
proceso de institucionalización del Islam en
nuestro país, toda vez que implica la
cooperación entre las entidades religiosas y
las autoridades públicas estatales y
autonómicas. Asimismo, el que sólo se
aplique el Acuerdo a las comunidades
pertenecientes a la CIE que consten
inscritas en el Registro de Entidades
Religiosas del Ministerio de Justicia, ha
provocado que multitud de asociaciones que
desarrollaban su labor de modo invisible,
hayan optado por formar parte del que
podemos denominar Islam oficial, haciéndose
visibles a los ojos de las administraciones
públicas competentes y convirtiéndose en sus
interlocutores.
¿Qué importancia tiene la
convivencia de musulmanes y católicos en
España?
De primer orden. Sobre
todo ahora que desde ciertos grupos de
opinión se pretende resucitar el espíritu de
las cruzadas y el miedo hacia lo musulmán.
El diálogo y el conocimiento mutuo son
imprescindibles para que podamos convivir en
paz. Ya sé que es un tópico, pero conviene
recalcarlo. En mi opinión, la palabra clave
es respeto. Y, para que los musulmanes sean
respetados, deben comenzar por respetar
ellos la cultura, la idiosincrasia y las
normas de la sociedad que les acoge. En este
sentido, solicitar la retirada de los
crucifijos de las paredes de determinados
espacios públicos, pedir que no se canten
villancicos o se monte el belén durante la
Navidad en escuelas públicas, o pretender
que se retiren representaciones artísticas y
símbolos varios que hacen referencia a la
reconquista, suponen ataques directos contra
la Iglesia Católica o, cuando menos,
agravios hacia la cultura cristiana que
impregna nuestro ser como país. Son hechos
aislados, de acuerdo, pero envician
sobremanera la convivencia.
Por otro lado, en el
contexto de una sociedad cada vez más
secularizada en la que la religión está
siendo apartada por mor de una malentendida
laicidad, el diálogo entre las personas de
fe se antoja fundamental. Se trata de buscar
puntos en común para ofrecer también
soluciones comunes a los males que aquejan a
nuestro mundo. Y, para empezar, conviene
dejar de verse mutuamente como una amenaza
para el otro. La mayoría de los musulmanes
no pretenden destruir nuestra civilización
ni nuestro sistema de valores. En
contrapartida, el principal obstáculo para
la práctica de la religión islámica no es el
catolicismo, sino el laicismo beligerante
que cada vez con más fuerza impregna el
espacio público. Por ejemplo, no es
casualidad que los colegios que más y mejor
respetan cuestiones como la alimentación
halal o los ritos y festividades islámicas
sean los concertados católicos. Por tanto,
hay que seguir explorando la vía del diálogo
interreligioso.
¿Hay datos fiables del
número de practicantes musulmanes en nuestro
país?
No los hay, y me
sorprende la tranquilidad con la que algunas
personas –no sólo musulmanes, sino también
periodistas e investigadores‑ los ofrecen.
Yo no voy a caer en ese error. Es la
pregunta que primero suele hacerse, y la más
difícil de contestar. Sobre todo porque
nuestro Ordenamiento jurídico impide hacer
un censo de número de practicantes de una
religión. Cuando se cuantifica la presencia
de los musulmanes en España, sólo se suele
tener en cuenta a los inmigrantes
procedentes de países del ámbito islámico,
sin percatarse que algunos de ellos son
cristianos (los que vienen de Palestina,
Siria o Jordania, por ejemplo), o que pueden
ser personas no practicantes o sin apego a
religión alguna. Asimismo, esas cifras
tampoco suelen incluir ni a los
nacionalizados ni a los españoles conversos.
Por tanto, son incompletas. Además de
enormemente manejables y alterables a
nuestro antojo, como las cifras de los
asistentes a una manifestación.
Por otro lado, es curioso
resaltar que se habla de inmigración
musulmana, pero nunca de inmigración
cristiana. A los que vienen de Marruecos se
les denomina con frecuencia inmigrantes
musulmanes, pero a los que vienen de Ecuador
nadie les llama inmigrantes cristianos. Es
decir, se cuelga con extrema facilidad la
etiqueta de musulmán a toda persona que
proviene de países donde la religión
islámica es mayoritaria. Esto no es
científico. Yo me decanto por medir la
importancia de la presencia de los
musulmanes en España a través de otros
criterios, como, por ejemplo, el número de
mezquitas, de entidades religiosas inscritas
en el Registro de Entidades Religiosas del
Ministerio de Justicia, de cementerios
musulmanes (o de parcelas reservadas a tal
efecto dentro de los cementerios públicos) o
la cifra de alumnos solicitantes de la
asignatura de religión islámica en las
escuelas.
¿Qué puede hacerse a
nivel de política internacional para que los
Estados musulmanes respeten la libertad
religiosa de la que gozan los musulmanes que
viven en Europa?
Tras los atentados del 11-S y la extensión
de la amenaza del islamismo, la presión
diplomática de diversos países ha conseguido
que en algunos estados musulmanes se vigile
mucho más de cerca la actividad de ciertos
grupos radicales, imponiéndolo muchas veces
como condición para seguir manteniendo
determinados intercambios comerciales. En
este sentido, la cuestión de la libertad
religiosa de los no musulmanes en suelo
islámico debe integrarse en esa agenda
estratégica. Sin lugar a
dudas.
Por otro lado, la
intervención de Naciones Unidas se me antoja
fundamental. A lo largo de los últimos años
varios países musulmanes han reclamado que
la ONU se implicara con mayor intensidad en
la lucha contra la islamofobia. Ya se ha
conseguido. De hecho, yo mismo formo parte
de un comité de asesores constituido a tal
fin. Durante nuestra última reunión de
Sevilla, algunos de nosotros conseguimos que
se incluyera en la agenda de trabajo la
lucha contra la cristianofobia en el mundo
islámico, tras aportar numerosas pruebas al
respecto. Es urgente que los musulmanes
hagan primero autocrítica y den después
ejemplo, promoviendo profundos cambios
legislativos en sus respectivos
ordenamientos jurídicos. Sólo de este modo
estarán legitimados para pedir respeto a sus
creencias. Si así se hace, será el momento
de hablar de alianzas de civilizaciones;
pero no antes...
______________________________
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Iván Jiménez-Aybar: Doctor europeo en
Derecho por la Universidad de Zaragoza.
Consultor en inmigración y Abogado del Real
e Ilustre Colegio de Abogados de Zaragoza.
Investigador de la Universidad de Navarra.
Profesor encargado del Área jurídica del
Curso de Experto Profesional en Cultura,
Civilización y Religión Islámicas (UNED).
Asesor de Naciones Unidas en materia de
islamofobia. Entre otras, es autor de la
monografía “El Islam en España: aspectos
institucionales de su estatuto jurídico”
(Pamplona 2004). También cabe destacar los
siguientes trabajos: “El Islam en una Europa
multicultural” (2001), “La formación de la
comunidad musulmana de Aragón y su estatuto
jurídico” (2004), “La alimentación halal en
España: aspectos jurídicos, económicos y
sociales” (2005) y “El Islam en el ámbito
laboral español” (2006).
E-mail:
ivan@jimenez-aybar.com