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Francesco D"Agostino, es desde
1990 Ordinario de Filosofia del Derecho
en la Facoltà di Giurisprudenza
dell"Università di Roma “Tor Vergata”.
Profesor de Bioetica en LUISS de Roma.
Es miembro del Consiglio Scientifico
dell"Istituto dell"Enciclopedia Italiana
y, a partir de su institución en 1990,
miembro del Comitato Nazionale per la
Bioetica, del cual es Presidente desde
1995 y pasa a ser Presidente Honorario
en 1999. Es autor de casi trescientas
publicaciones, entre las cuales se
cuentan "Filosofia del diritto” (1997),
“Bioetica” (1998), “Linee di una
filosofia della famiglia” (1999), “La
sanzione nell"esperienza giuridica”
(1999). Su valiosa opinión acerca de las
relaciones entre cristianos y musulmanes
ha sido recogida por la prensa italiana
y vertida en conferencias y otros medios
académicos. Recogemos aquí algunas de
sus ideas a este respecto. En los
últimos años, en diversos paises, en la
convivencia entre cristianos y
musulmanes se producen fenómenos
calificados por los medios como de «una
sola dirección». Por ejemplo, se decide
cerrar una escuela para permitir a un
grupo de estudiantes musulmanes festejar
el inicio del Ramadán; otra escuela
quita el crucifijo de las aulas para no
ofender a los pequeños musulmanes...
Estos gestos de tolerancia no agradan a
todos los cristianos, pues muchos países
musulmanes no reconocen ciertos derechos
fundamentales de los creyentes en otras
religiones.
D"Agostino reconoce que el fenómeno
unidireccional resulta un tanto
paradójico, pero se explica porque
estamos viviendo una época de
transición. Venimos de un tiempo en el
que el multiculturalismo era desconocido
y ahora nos hallamos en un periodo en el
que se ha convertido en una realidad
cotidiana. No ha de desconcertar el
fenómeno unidireccional. La tolerancia
es un deber específico de los cristianos
porque creen en un Dios que es Padre de
todos los hombres. Por eso habríamos de
potenciar todos los elementos que
subrayan la fraternidad con los
musulmanes, aunque ellos no hubieran
alcanzado la misma conciencia. El
cristiano no puede limitarse a decir: si
tú no me dejas abrir una iglesia en
Arabia yo no te dejo rezar en una
mezquita en Italia. Ahora bien, lo
cortés no quita lo valiente: el
cristiano puede -es más, debe- criticar,
falsas creencias según las cuales, por
ejemplo, matar a otros seres humanos es
un acto de fe querido por Dios.
Si un padre musulmán pretende quitar la
cruz de un aula cristiana a la que
asiste su hijo, habrá que utilizar lo
podríamos llamar estrategias de
integración: «La cruz no te puede
ofender, contiene todo el valor de la
dignidad humana que también los laicos
propugnan. Nosotros te respetamos si en
la cartera llevas el Corán». Los
cristianos tenemos la obligacion de usar
una fuerte paciencia histórica. También
Dios ha sido paciente con su pueblo...
Lo importante es sembrar, dar señales
intelectualmente honestas, no pretender
que el diálogo lleve enseguida a
resultados. A veces, no seremos
comprendidos, pero este es el precio del
testimonio cristiano. En lo que no
debemos ceder es en materia de los
derechos humanos fundamentales, los
valores de la coexistencia civil, pues
son irrenunciables en su carácter laico,
fundan toda sociedad humana. Es aquí
donde no podemos transigir, por ejemplo,
en la paridad hombre mujer. Podemos y
debemos defenderla sin timidez en nombre
de los valores constitucionales y con la
Declaración universal de los derechos
humanos, que en 1948 fue firmada por
muchos países islámicos.
Publicado en nuevo Arvo Net
06/05/2005 |