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ISLAM Y CRISTIANISMO (Urbano Ferrer)

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ISLAM Y CRISTIANISMO

 


 

 

Por Urbano FERRER
 


Los acontecimientos mundiales recientes desde el último 11-S han dirigido la atención del público hacia las diferencias entre Islam y Cristianismo, que —según se dice— habrían hecho estallar un conflicto entre civilizaciones, larvado desde unas cosmovisiones irreductibles y enfrentadas. De aquí el interés de las voces autorizadas por resaltar en el sentido opuesto la no confusión de los musulmanes con los grupos terroristas ni siquiera con la jihad, no menos que el prevenir la identificación del terrorismo con los sectores deprimidos de la sociedad.

La creencia islámica se basa en su origen en el mensaje transmitido por Mahoma a sus fieles y que él habría tomado al dictado del Arcángel Gabriel en caracteres árabes. En él se mezclan enseñanzas judías y cristianas auténticas, como son el monoteísmo y la veneración y adoración de la criatura a su Dios, con interpretaciones defectuosas e incomprensiones del contenido bíblico. Centraré esta exposición en dos carencias que destacan especialmente: la ausencia de conocimiento de la filiación divina y la falta de fronteras entre lo temporal y lo sagrado.

El término “Islam” significa sometimiento al Dios único, y es esta actitud, en consonancia con la religiosidad natural y con la soberanía y majestad del Dios que se ha revelado, la que sirve de punto de encuentro con las demás disposiciones religiosas auténticas. Según el Concilio Vaticano II: «La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma, como se sometió Abraham a Dios» (Declaración Nostra Aetate, 3). Junto a ello es de advertir que los anuncios de Dios al hombre a través de Mahoma permanecen externos a Dios e incapaces de comunicar al hombre la participación en la vida divina que profesa el Cristianismo. Que la Palabra de Dios (Segunda Persona de la Trindad) se haga hombre para salvar a éste y que le convierta en hijo de Dios «en el Hijo», más allá de sus capacidades naturales, es del todo extraño a la creencia islámica.

Un botón de muestra de lo anterior está en que, mientras para el creyente en Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, el cielo consiste en la visión beatífica de Dios, posible al hombre por la sobreelevación de su entendimiento mediante el lumen gloriae, para el musulmán los premios y castigos de Dios remunerador en la vida ultraterrena se equiparan respectivamente a los placeres sensuales y a los tormentos de esta vida, sin referencia a la comunión con Dios ni al apartamiento de El.

En relación con el poder temporal, era regentado en sus comienzos por la «umma» o comunidad árabe de creyentes, que tiene por inseparables el celo religioso y la expansión política. En el mismo sentido, la «sharía» o conjunto de prescripciones legales civiles proceden del Corán y de la «hadith» o conjunto de dichos del Profeta. Sin embargo, la aclimatación en los más diversos pueblos, particularmente en el Imperio otomano después de que Occidente perdiera Constantinopla en 1452, ha traído consigo posteriormente notables diferencias en el modo de islamización, que van desde las expresiones más intolerantes en Arabia Saudí, el Yemen o Sudán hasta concesiones a formas de gobierno occidentalizadas en Egipto o en Siria, aunque en ningún caso se ha renunciado a la impregnación arábiga original en los rituales y el modo de vivir.

También aquí es nítido el contraste con la fe y la moral cristianas, cuya unidad no va asociada a las prácticas culturales palestinas de origen, sino que ha adoptado en sus formulaciones dogmáticas categorías universales procedentes de la Filosofía griega, permaneciendo a la vez abierta en medida creciente a la pluralidad cultural de los cinco continentes. Esto sólo es posible si se diferencian con pulcritud los ámbitos de la autonomía temporal y del Reino de Dios, excluyendo, así, para el cristiano la uniformación cultural y la confusión de competencias en la acción apostólica que es inseparable de su vocación.
 

 

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Director de Revistas: Javier Martínez Cortés

Editor-Coordinador: Antonio Orozco Delclós

Publicado en nuevo Arvo Net 06/05/2005

 

Enviado por Arvo Net - 05/06/2005 ir arriba
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