Por José Morales (*)
El Islam es una de las
grandes religiones históricas y la más
importante numéricamente después del
Cristianismo. Su llamativa expansión en el
mundo, especialmente en Asia y África, se debe
en gran medida a la facilidad con la que
absorbió cultos locales y los dirigió hacia la
mayor amplitud de una visión monoteísta.
El mensaje del Islam se caracteriza por su gran
sencillez y contundencia. « No hay más Dios que
Allah, y Mahoma es su profeta». Se trata, en
efecto, de una religión profética, que apela a
una revelación divina que Mahoma habría recibido
directamente en diversos momentos de su agitada
vida. A pesar de las tendencias hagiográficas de
sus biógrafos, la figura de Mahoma emerge en las
fuentes documentales como una personalidad
convincente y decidida con rasgos carismáticos.
Era un político y un guerrero, que hubo de
dedicar mucho de su vida a batallar contra
enemigos numerosos, lo cual puede haber dejado
en el Islam una impronta militante y
eventualmente agresiva.
Mahoma recogió en el Corán (Lectura, Recitación)
sus doctrinas y visiones. Este libro, de cierta
belleza literaria y cuyo estilo elíptico refleja
las cualidades plásticas y expresivas del habla
de los beduinos del desierto arábigo, es tan
central al Islam como Jesús de Nazareth lo es en
el Cristianismo. El Corán es para los musulmanes
la misma palabra de Dios no creada. Según la
Tradición islámica, las palabras de Mahoma
fueron recogidas inicialmente en materiales de
tipo diverso como hojas de palmera, huesos
planos de camello, y piezas de madera o
pergamino. Más tarde fueron agrupadas en suras
(capítulos) bajo la supervisión del profeta.
Durante la vida de éste no llegó a haber una
versión final del texto. La recensión última
parece haber sido hecha en el califato de Uthman,
tercer califa (644-656), que se dice ordenó
componer una versión autorizada, y destruir
todas las variantes que existían en el momento.
Las actuales ediciones del Corán parecen basarse
en la llamada «recensión de Uthman».
Algunos estudiosos occidentales, que han usado
métodos adaptados del análisis textual de la
Biblia, cuestionan esta versión de los hechos, y
piensan que el Corán, tal como lo conocemos, fue
compilado en fecha muy posterior, a partir de
una tradición oral fragmentaria derivada de
Mahoma, pero que incluía abundante material de
carácter exegético. Este material explicativo se
habría desarrollado en el curso de las polémicas
con Judíos y Cristianos después de las primeras
conquistas musulmanas. Estas opiniones
revisionistas sobre la redacción del Corán
encierran algunas consecuencias importantes para
la historia inicial del Islam, porque sugieren
que las instituciones religiosas musulmanas
surgieron unos dos siglos después del tiempo de
Mahoma, con el fin principal de consolidar
ideológicamente la conquista árabe, que
comprendía extensos territorios ya en el siglo
IX.
El programa religioso del Islam se basa en los
«cinco pilares de la fe», que constituyen el
fundamento de la creencia y de la práctica
comunes a todos los musulmanes. El primer pilar
es la shahada, la profesión de fe mediante la
cual el musulmán reconoce su adhesión y
fidelidad a Dios y a su Profeta: `Declaro que no
hay más dios que Allah, y declaro también que
Mahoma es el Mensajero de Allah`. Pronunciar la
shahada ante testigos es suficiente para la
conversión al Islam.
El segundo pilar es la oración (Salat), un deber
fundamental que se practica individual y
públicamente. En su forma pública se hace los
viernes y algunos días festivos, y es un medio
importante para reforzar la conciencia de grupo
y expresar solidaridad social. El tercero de los
cinco pilares es la limosna o `caridad
obligatoria´ (Zakat). Implica que la propiedad
personal debe ser purificada (sentido originario
de zakat) mediante una contribución a la
comunidad destinada a mantener a los miembros
más débiles. Zakat introdujo una forma
organizada de ayuda social, que sustituía a la
largueza y los donativos distribuidos antes por
los jefes tribales.
El cuarto pilar es el ayuno anual del Ramadán (sawm),
noveno mes del calendario lunar, durante el cual
se prohíbe toda comida, bebida y actividad
sexual desde el alba hasta el anochecer. La idea
del Ramadán es facilitar a la comunidad
beneficios del ascetismo, tales como
autodisciplina y control sobre las necesidades
corporales.
El quinto pilar del Islam es la peregrinación a
la Meca, el Hajj, que en su forma final fue
instituido por Mahoma en el 632, año de su
muerte. El Hajj conecta directamente con
tradiciones del anterior paganismo árabe, y es
un instrumento capital de cohesión islámica. Es
también el evento central del calendario
musulmán, y contiene sin duda un mensaje y un
potencial que pueden ser políticos.
Con toda su significación, el Corán no es la
única fuente de la religión musulmana. El Corán
se complementa con la Sunna, tradición que
contiene principalmente los hadiths o dichos del
Profeta. Este hecho motiva la denominación de la
gran mayoría de los musulmanes como ´pueblo de
la Sunn´ (Sunnitas). Corán y Sunna, vistos como
una unidad maduran en la concepción de la Sharia
o Ley divina del Islam. El método y sistema
interpretativo de la Sharia, elaborado por
brillantes legistas de los siglos VIII y
siguientes, se articula en el fiqh (`raíces de
conocimiento´), que es la explicación de cómo la
ley divina se manifiesta y actúa en términos
prácticos.
Las bases del fiqh son así el Corán, la Sunna
del Profeta, el consenso de la comunidad
creyente, y el razonamiento analógico. Dado que
el Corán requiere interpretación en referencia
al hadith (palabras de Mahoma), la Sunna posee
un rango semejante al Corán, y algunas veces
superior. El fiqh ha tenido una gran importancia
como elemento unificador de la práctica
religiosa, y a la vez ha hecho del Islam una
religión y una fe legalistas.
El Credo musulmán profesa e inculca una
concepción estrictamente monoteísta y lejana de
lo divino. El Dios del Corán es un Ser que
inspira más sobrecogimiento que amor, y está
para muchos occidentales más cerca del Motor
inmóvil de Aristóteles que de la divinidad
trascendente y antropomórfica del Antiguo
Testamento. Mahoma se presenta como el último y
definitivo de una serie de profetas (Adán, Noé,
Abraham, Jesús), restaurador de una religión
antigua y pura, que se habría degradado en el
transcurso de los siglos.
El Corán concibe la Creación del mundo como un
proceso continuo más que como un acto singular
realizado por el Creador. Contiene una visión
escatológica del Día del juicio al final de los
tiempos, con un paraíso para los fieles
musulmanes y un infierno para los incrédulos. El
Islam se presenta como un mensaje de salvación.
Trae la noticia gozosa de la salvación de Dios,
y es en sí mismo un acto salvífico por el que
los creyentes son librados de la oscuridad.
La Umma islámica o comunidad musulmana, se
constituye precisamente a partir del valor
salvífico de la Ley coránica, y de la profesión
de fe en la Unicidad de Dios (tawhid). Los que
no caminan por esa vía, como es el caso, por
ejemplo, de los cristianos y judíos, están
excluidos de la salvación. Hace falta ser
musulmán para salvarse.
Un aspecto importante del Islam es el misticismo
cultivado por los Sufis, que se desarrolla a
partir del siglo IX, con una tradición de
maestros, grupos, y órdenes que han pervivido
hasta nuestros días. El movimiento Sufi ha
inyectado en el Islam una espiritualidad de
carácter interior que ha servido de contrapeso a
una religión preocupada esencialmente por las
formas externas y las observancias legales. Los
maestros Sufis se inspiraron originariamente en
las tradiciones místicas de las iglesias
orientales cristianas, de modo que su doctrina
no tiene origen autóctono (como pensaba el
arabista Louis Massignon). La conciencia mística
no corresponde al talante profético y activo de
la religión islámica, que se hallan bien
ejemplificados en la vida de Mahoma. Pero el
misticismo de los Sufis ha cumplido atípicamente
un papel religioso, y sobre todo ha contribuido,
de modo informal pero eficaz, a la difusión del
Islam en los pueblos del África negra.
La gran mayoría de los musulmanes son Sunitas,
pero los denominados Shiitas tienen en el mundo
islámico una importancia nada despreciable. Los
Shiitas (`partidarios´) se remontan a la figura
de Alí, primo y yerno de Mahoma y cuarto califa,
muerto en el año 661, y conmemoran todos los
años la derrota y muerte de Husein, hijo de Alí,
a manos de los califas Omeyas en la batalla de
Karbala (Irak, 680). El Shiismo se ha
desarrollado desde entonces como un modo
particular de vivir, pensar, y sentir el Islam.
Se adorna con rasgos populares y piadosos, y
toma inspiración de la experiencia histórica en
torno al fracaso y al martirio.
La fe Shiita se centra en los Imanes, personajes
carismáticos y sucesores dentro de la familia
del Profeta. Esta concepción incluye la figura
del mahdi, personaje escatológico que se
proyecta en el futuro. El ayatollah Khomeini,
líder religioso-político de la reciente
revolución iraní, no se proclamó mahdi pero usó
el título de Imán y no negó explícitamente su
posible identificación con el Imán esperado por
la comunidad de los Shiitas.
El Islam ha experimentado durante las últimas
décadas un notable resurgir, como núcleo de una
cultura y de una civilización que acentúan
frente al Occidente su sentido de identidad.
Para muchos musulmanes no se trata tanto de
modernizar el Islam como de islamizar la
modernidad, aunque suene un objetivo utópico. En
los países musulmanes, los gobiernos y regímenes
políticos se han hecho más islámicos en su
orientación, símbolos, prácticas y leyes, y en
el mundo occidental europeo ha crecido
considerablemente la presencia religiosa del
Islam. Los musulmanes han aumentado
demográficamente desde el 12% de la población
mundial en 1900 al 17% en 1980. Pero el área de
poder e influencia islámicos se hallan
circunscritos dentro de límites sólidos, tanto
visibles como invisibles.
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(*) Texto de José
Morales, en "Teología de las religiones", Ed.
Rialp 2001, pp. 70-75. Este manual se ha
concebido como un libro básico para introducirse
en la teología de las religiones. Aporta con ese
fin los datos y elementos principales en torno a
la reflexión sobre las religiones de la tierra,
y ofrece una valoración que resulta orientadora
para el lector. La relación del Cristianismo con
las religiones es uno de los asuntos importantes
que deberá ocupar a la Iglesia durante los
próximos decenios. Las muchas cuestiones
teóricas y prácticas que las religiones plantean
al Cristianismo exigen de los cristianos un
conocimiento adecuado de los principales credos
de extensión universal. Es una experiencia
llamada a reforzar su propia identidad
espiritual y su respeto hacia las demás
tradiciones religiosas.