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DIÁLOGO CRISTIANISMO - ISLAM (S.S. Benedicto XVI (discurso). Zenit. El Mundo.)

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21 PAÍSES MUSULMANES CON EL PAPA

21 PAÍSES MUSULMANES CON EL PAPA



Al invitar este lunes a Castel Gandolfo a diplomáticos de veintiún países de mayoría islámica y a representantes musulmanes de Italia, Benedicto XVI era consciente de que hay gestos que dicen más que muchas palabras.- DISCURSO y comentarios.

Discurso del Papa Benedicto XVI

a exponentes islámicos y a embajadores de países de mayoría islámica

Zenit - 25/09/2006

 

 

Señor cardinal,

señoras y señores embajadores,

queridos amigos musulmanes:

 

 

Con mucho gusto os doy la bienvenida en este encuentro que he deseado con el objetivo de consolidar los lazos de amistad y de solidaridad entre la Santa Sede y a las comunidades musulmanas del mundo. Doy las gracias al señor cardenal Paul Popuard, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, por las palabras que me acaba de dirigir, así como a todos vosotros por haber respondido a mi invitación.

 

Las circunstancias que han suscitado nuestro encuentro son bien conocidas. Ya he tenido la oportunidad de hablar de ello en la semana pasada. En este contexto particular, quisiera hoy volver a expresar toda la estima y el profundo respeto que siento por los creyentes musulmanes, recordando las afirmaciones del Concilio Vaticano II que para la Iglesia católica constituyen la «Charta Magna» del diálogo islámico-cristiano: «La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia» (Declaración «Nostra Aetate», n.3).

 

Situándome con decisión en esta perspectiva, desde el inicio de mi pontificado he tenido la ocasión de manifestar mi deseo de seguir estableciendo puentes de amistad con los seguidores de todas las religiones, manifestando particularmente mi aprecio por el crecimiento del diálogo entre musulmanes y cristianos (Cf. Discurso a los representantes de las iglesias y comunidades cristianas y de otras religiones no cristianas, 25 de abril de 2005).

 

Como subrayé en Colonia, el año pasado, «el diálogo interreligioso e intercultural entre cristianos y musulmanes no puede reducirse a una opción temporánea. En efecto, es una necesidad vital, de la cual depende en gran parte nuestro futuro» (Discurso a los representantes de algunas comunidades musulmanas, 20 de agosto de 2005).

 

En un mundo caracterizado por el relativismo y que con demasiada frecuencia excluye la trascendencia de la universalidad de la razón necesitamos imperativamente un auténtico diálogo entre las religiones y entre las culturas capaz de ayudarnos a superar juntos todas las tensiones, con un espíritu de colaboración fecunda.

 

Continuando la obra emprendida por mi predecesor, el Papa Juan Pablo II, deseo por tanto vivamente que las relaciones de confianza, que se han desarrollado entre cristianos y musulmanes desde hace numerosos años, no sólo continúen, sino que se desarrollen en un espíritu de diálogo sincero y respetuoso, fundado en un conocimiento recíproco cada vez más verdadero que, con alegría, reconoce los valores religiosos que tenemos en común y que, con lealtad, respeta las diferencias.

 

El diálogo interreligioso e intercultural es una necesidad para construir juntos el mundo de paz y de fraternidad ardientemente deseado por todos los hombres de buena voluntad. En este sentido, nuestros contemporáneos esperan de nosotros un testimonio elocuente para mostrar a todos el valor de la dimensión religiosa de la existencia.

 

Fieles a las enseñanzas de sus propias tradiciones religiosas, cristianos y musulmanes tienen que aprender a trabajar juntos, como ya sucede con diversas experiencias comunes, para evitar toda forma de intolerancia y oponerse a toda manifestación de violencia; y nosotros, autoridades religiosas y responsables políticos tenemos, que guiarles y alentarles en esta dirección. En efecto, «si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres» (Declaración «Nostra Aetate», n.3).

 

Por tanto, las lecciones del pasado tienen que ayudarnos a buscar caminos de reconciliación para vivir en el respeto de la identidad y de la libertad de cada quien, de cara a una colaboración fecunda al servicio de toda la humanidad. Como declaraba el Papa Juan Pablo II en su memorable discurso a los jóvenes en Casablanca (Marruecos), «el respeto y el diálogo exigen la reciprocidad en todos los campos, sobre todo en lo que afecta a las libertades fundamentales y más en particular a la libertad religiosa. Favorecen la paz y el entendimiento entre los pueblos» (n. 5).

 

Queridos amigos: estoy profundamente convencido de que, en la situación que hoy atraviesa el mundo, es un imperativo el que cristianos y musulmanes se comprometan juntos para afrontar los nuevos desafíos que se plantean a la humanidad, en particular, los que afectan a la defensa y a la promoción de la dignidad del ser humano, así como a los derechos que de ella se derivan. Cuando aumentan las amenazas contra el hombre y la paz, cristianos y musulmanes manifiestan su obediencia al Creador, que quiere que todos vivan con la dignidad que les ha otorgado, reconociendo el carácter central de la persona y trabajando con perseverancia para que su vida siempre sea respetada.

 

Queridos amigos: deseo de todo corazón que Dios misericordioso guíe nuestros pasos por los caminos de una comprensión recíproca cada vez más verdadera. En el momento en el que los musulmanes comienzan el itinerario espiritual de Ramadán, les hago llegar mis mejores deseos, esperando que el Todopoderoso les conceda una vida serena y tranquila. ¡Que el Dios de la paz os llene con la abundancia de sus bendiciones, al igual que a las comunidades que vosotros representáis!

 

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El Papa con musulmanes:

Un encuentro que vale más que mil palabras
 

Un escritor iraquí presente considera que se abre una nueva etapa

 

CASTEL GANDOLFO, lunes, 25 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Al invitar este lunes a Castel Gandolfo a diplomáticos de veintiún países de mayoría islámica y a representantes musulmanes de Italia, Benedicto XVI era consciente de que hay gestos que dicen más que muchas palabras.

 

Antes de que llegara el Papa, sus huéspedes en la residencia pontificia veraniega conversaron con el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, y con los miembros de ese dicasterio de la Santa Sede, en particular con monseñor Khaled Akasheh, jefe de la Oficina para el Islam.

 

Además, se unió a estas conversaciones monseñor Pietro Parolin, subsecretario de la Sección de la Secretaría de Estado para las Relaciones con los Estados.

 

Los 21 países representados por los diplomáticos eran: Kuwait, Jordania, Pakistán, Qatar, Costa de Marfil, Indonesia, Turquía, Bosnia-Herzegovina, el Líbano, Yemen, Egipto, Irak, Senegal, Argelia, Marruecos, Albania, Siria, Túnez, Libia, Irán y Azerbaiyán.

 

En la audiencia, estaba presente también el representante de la Liga de los Estados Árabes, Salid Khalid, pues la Santa Sede tiene el estatuto de observador en esta institución.

 

Quince musulmanes participaron en representación de los miembros de la Consulta Islámica en Italia, entre quienes se encontraba el embajador italiano Mario Scialoja, y el escritor iraquí residente en este país, Younis Tawfik.

 

En la audiencia también saludó al Papa el imam de la mezquita de Roma, Ali Salem Mohammed Salem y el secretario general del Centro Islámico Cultural de Italia, Abdellah Redouane.

 

El discurso del Papa, en el que reafirmó que el diálogo entre musulmanes y cristianos «es una necesidad vital, de la que depende en gran parte nuestro futuro», fue acogido por un aplauso.

 

El cardenal Poupard presentó al Santo Padre a cada uno de sus huéspedes musulmanes, entre los que había cuatro mujeres, y el Papa conversó con cada uno de ellos. El encuentro duró poco más de media hora y no faltó la foto de grupo.

 

Tras la audiencia, Younis Tawfik, confesó que el discurso del Papa fue «emocionante e impactante, pues no quiso retomar o recalcar la polémica de los días pasados, sino pronunciar un discurso totalmente nuevo, como si quisiera dar un giro, pasar la página, dando la impresión de continuar el camino de la Iglesia por el diálogo».

 

«Confirmó su estima por el islam, por los musulmanes, dándonos una lección de gran tolerancia, sobre todo cuando pasó a saludarnos uno a uno. Se detuvo el tiempo suficiente para preguntarle a cada uno quién era y para darle las gracias por haber venido a la audiencia», ha explicado el escritor iraquí a los micrófonos de «Radio Vaticano».

 

Para Tawfik el discurso del Papa es muy importante en este momento en que «muchas personas sólo buscan sus intereses, entre otras cosas, fomentando el odio y el enfrentamiento».

 

«Por el contrario, el discurso del Santo Padre ha querido evitar este enfrentamiento, ha querido invitar a todos a reflexionar sobre la importancia de la paz y los valores de la humanidad», concluyó el escritor.

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En el diario «EL MUNDO»:

Benedicto XVI celebra una 'minicumbre'
con 22 representantes de países islámicos

«Reitero la estima y el profundo respeto que siento hacia los creyentes musulmanes». Con esas palabras Benedicto XVI se dirigía ayer a los más de 40 representantes del mundo islámico reunidos en la Sala de los Suizos del palacio apostólico de Castelgandolfo, residencia de vacaciones del Pontífice. Entre los participantes en esta especie de minicumbre interreligiosa (una iniciativa sin precedentes que algunos ya califican de histórica) se encontraban los 22 representantes diplomáticos ante la Santa Sede de países de mayoría musulmana, así como diversos miembros de los principales organismos islámicos en Italia.

Benedicto XVI tuvo un detalle con todos ellos: en deferencia al ayuno que impone el ya iniciado Ramadán, durante los 30 minutos que duró el encuentro, no se ofreció a los asistentes ni siquiera un vaso de agua. A la cita, realizada a instancias del Vaticano tras la polémica desatada por el ya célebre discurso del Papa en la Universidad de Ratisbona, sólo faltó el embajador de Sudán y por motivos plenamente justificados. Todos los demás países de mayoría musulmana acreditados ante la Santa Sede enviaron a sus representantes al encuentro, incluidos Pakistán, Indonesia, Irán, Irak, Siria, Túnez, Líbano, Yemen, Egipto, Argelia, Marruecos, Senegal, la Liga Arabe y Turquía, país este último al que Benedicto XVI tiene previsto viajar a finales de noviembre próximo.

Reciprocidad

En su intervención, realizada en francés, el Pontífice subrayó la importancia del diálogo entre cristianos y musulmanes. «El diálogo interreligioso e intercultural entre cristianos y musulmanes no puede reducirse a una elección de un momento. Se trata efectivamente de una necesidad vital de la que depende en gran parte nuestro futuro», afirmó el Pontífice. «El respeto y el diálogo requieren de la reciprocidad en todos los campos, sobre todo en lo relativo a las libertades fundamentales y más particularmente a la libertad religiosa. Ello favorece la paz y el acuerdo entre los pueblos», añadió. La reunión de ayer supone un nuevo paso (el cuarto, para ser más exactos) de Benedicto XVI por tratar de acallar las críticas y, en algunos casos, las violentas protestas que en los países musulmanes desató su intervención del pasado 12 de septiembre en la Universidad de Ratisbona. Pero, por encima de todo, el encuentro celebrado en Castegandolfo confirma la voluntad del Papa de proseguir avanzando por el camino (iniciado por Juan Pablo II) del diálogo interreligioso, con especial atención a las grandes confesiones monoteístas.

Además, a nadie se le escapa la relevancia política del encuentro que el Pontífice mantuvo ayer con los representantes de los principales países musulmanes. Algunos ya hablan de la posibilidad de que el Vaticano se convierta en uno de los principales interlocutores con el mundo islámico, y más cuando con frecuencia las autoridades de Occidente se quejan de lo difícil que resulta dialogar con los representantes musulmanes al no existir una autoridad única capaz de asumir compromisos vinculantes para toda esa comunidad religiosa.

En ese sentido, Benedicto XVI exhortó ayer a los cristianos y a los musulmanes «a esforzarse para afrontar juntos los numerosos desafíos a los que se enfrenta la Humanidad», en especial los que hacen referencia a la defensa y a la promoción de la dignidad del ser humano. Para el Papa, el diálogo entre religiones y culturas supone el instrumento necesario para que musulmanes y cristianos puedan «crear juntos el mundo de paz y fraternidad que desean ardientemente los hombres de buena voluntad».

La mayoría de los asistentes a la reunión convocada por el Papa se mostraron satisfechos con el resultado de la misma. «Creo que este encuentro ha resuelto muchos problemas y puede poner el punto final a la controversia», aseguraba por ejemplo Jalil Altoubat, uno de los 16 miembros de la Consulta Islámica en Italia, un organismo que representa a los musulmanes del país trasalpino y que mantiene estrechas relaciones con el Gobierno. «El Papa ha recordado las diferencias entre ambos credos pero ha expresado su deseo de continuar manteniendo un cordial y fructífero diálogo», destacaba Mario Scialoja, asesor de la Liga Arabe en Italia.

 

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Arvo Net, 26/09/2006

© ASOCIACIÓN ARVO

Contacto: webmaster@arvo.net

Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

 

Enviado por Arvo - 26/09/2006 ir arriba
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