|
Por Carlos Goñi
Arvo Net
Dimitri Pitterman, presidente del Deportivo Alavés,
criticó a los jugadores del Real Madrid por la forma
como celebraron el segundo gol que encajó su equipo.
Los tres jugadores brasileños del equipo blanco se
tiraron al suelo e hicieron “la cucaracha” ante los
pitidos de la afición local. Este tipo de
actuaciones son frecuentes en nuestros campos de
fútbol. Ha cambiado la forma de celebrar los goles.
¿No será un signo de que ha cambiado también la
manera que tenemos de celebrar las fiestas?
Ya he dicho que el gol es la culminación del fútbol.
Todos los esfuerzos se ven recompensados si el balón
llega a tocar la red de la portería contraria. Un
partido sin goles resulta, también lo he dicho, en
cierto modo, decepcionante. No es de extrañar, por
tanto, que los jugadores celebren con tanta vehemencia
cada uno de los tantos que consiguen. La forma y la
razón de la celebración de los goles en un campo de
fútbol nos puede ayudar a entender el sentido de la
fiesta en nuestros días.
Cuando un jugador consigue un gol, sufre un arrebato de
alegría, que le saca de sí y le hace correr
alocadamente, saltar, gritar, abrazarse con otros
compañeros, bailar, gesticular, quitarse la camiseta,
cubrirse la cabeza, hacer el avión o el pájaro,
disparar... y un sinfín de gestos que, sacados de
contexto, resultan absolutamente ridículos. Porque en la
liturgia futbolística, tan importante es marcar un gol
como celebrarlo. De hecho, en los múltiples resúmenes de
goles que nos proporcionan las cadenas de televisión,
siempre se incluye la imagen de su festejo. En muy raras
ocasiones se deja de manifestar alborozo tras obtener un
tanto: suele ocurrir cuando lo causa un jugador en su
propia puerta, cuando se trata del antiguo equipo del
goleador, cuando el gol ya no sirve para nada... No
siempre, ni mucho menos, se cumplen estas excepciones,
sino que, más bien, la celebración tiene valor por sí
misma. Incluso creo que los jugadores no sólo ensayan
jugadas, sino también la forma de festejar los goles.
Si observamos la actuación de los jugadores en esta
circunstancia, nos daremos cuenta de que prevalece un
cierto individualismo que antaño no existía. Me refiero
a que antes los goles se celebraban con más
espontaneidad y en grupo. Consistían casi exclusivamente
(quitando las piruetas de Hugo Sánchez) en formar un
gran abrazo colectivo, una melé futbolística, como si el
protagonista se fundiera con todo el equipo. Pero, de un
tiempo a esta parte, los jugadores celebran los goles en
solitario, incluso a veces apartan a sus propios
compañeros de su camino para situarse en un punto
determinado, desde donde poder realizar la pirueta
preparada. Y todo el mundo lo aclama y se alegra con él
porque ha sido capaz de culminar una jugada. La razón de
la fiesta, de la alegría, de la celebración, es el mismo
individuo que lo celebra.
Pero lo que sucede en los campos de fútbol, también
ocurre fuera. Hace tiempo que hemos cambiado la razón,
el sentido y la forma de la fiesta. Quizá nunca como
ahora se haya dado tanta importancia a las múltiples
formas de celebración, que generalmente se traducen en
diversión. Ese individualismo que observamos en los
terrenos de juego, lo vivimos también en nuestra manera
de celebrar: claro que no excluimos a los demás, pero
tampoco, en sentido propio, compartimos con ellos, sino
que buscamos más nuestra propia diversión, para la cual
los otros resultan “interesantes”. Nosotros somos el
centro de atención porque la única razón de la fiesta
somos nosotros. Hemos marcado un gol y merecemos
disfrutarlo. La fiesta ya no es un premio inmerecido,
sino un derecho exigido; ya no tiene la forma de acción
de gracias, sino de gratificación interna; ya no
encierra un sentido religioso (que nos “religa” con el
Absoluto), sino un ritual de egolatría.
En la fiesta todo está permitido.
Es cuestión de cubrirse la cabeza con la camiseta y
dejarse llevar por los sentimientos: se trata de volar,
de saltar, de gritar, de bailar. Aun a riesgo de ser
multados, debemos, de tanto en tanto, quitarnos la
camiseta para manifestar que en esos momentos estamos
por encima del bien y del mal.[1]
Debemos, en fin, dejarnos arrebatar por la explosión de
alegría que supone marcar un gol.
A mi modo de ver, en los instantes que dura la
celebración del gol queda resumida la manera que tiene
el hombre de hoy de vivir la fiesta. Por desgracia,
demasiado individualista, demasiado autocomplaciente.
______________________________________________________________________
Extracto del libro de Carlos Goñi Zubieta,
Futbolsofía. Filosofar a través del fútbol
(Ediciones Del Laberinto, Madrid, 2002, pp.
143-145)
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾
RELACIONADOS
CUENTOS PARA DESPERTAR
(Microrrelatos, de Carlos Goñi)
DESCANSO, DIVERSIÓN, DEPORTE
Artículos de
Carlos Goñi
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾
|
|