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[YA] NADIE TIENE DERECHO A LA VIDA (Antonio Orozco)

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 "Nadie tiene derecho a la vida"

Antonio Orozco
Arvo.net, 12.03.2010

Este es el título -"Nadie tiene derecho a la vida"- que el profesor de Filosofía del Derecho Ignacio Sánchez Cámara, pone en su artículo publicado el 25 de febrero de 2010 en su blog  pensandolo-bien. Podremos añadir un "Ya", si entra en vigor la ley Aído. «El Senado -dice Sánchez Cámara -ha aprobado la nueva regulación del aborto, que entrará en vigor dentro de cuatro meses. Si la madre decide si tiene el hijo o acaba con su vida, podemos concluir que, a partir de ahora, nadie tiene en España derecho a la vida. El mismo día, el presidente del Gobierno proclamaba en Naciones Unidas, a propósito de la pena de muerte, que nadie tiene derecho a quitar la vida a un ser humano. La ley entraña una transformación radical de nuestro Derecho y de la concepción acerca de la dignidad de la vida humana. Lo que era un delito, pasa a ser un derecho. No se trata de una mera despenalización si no de algo configurado con la fuerza del derecho, que puede ser legítimamente exigido de los poderes públicos, es decir, no algo meramente lícito, sino exigible. Existe un derecho a matar. El texto es, a mi juicio, inconstitucional. Vulnera el artículo 15 de la Constitución que establece que 'todos tienen derecho a la vida'. Además, el Tribunal Constitucional, aunque declaró que el embrión no era titular del derecho a la vida, estableció que era un bien digno de protección jurídica. Una ley de plazos es incompatible con esa protección. En las primeras catorce semanas, el aborto es un derecho que la mujer puede ejercer sin invocar ningún supuesto o circunstancia. Argumentar que la formación del consentimiento de la mujer garantiza la protección no hace sino añadir cinismo al oprobio. La ley prevé que la mujer sea informada primero de los medios para ejercer su “derecho” al aborto. Y sólo después, y en sobre cerrado, es informada de las ayudas en el caso de que decida no abortar. Justo lo contrario de lo que establece la legislación alemana, que también instaura un sistema de plazos, pero que sostiene que la información a la mujer irá encaminada a que decida continuar con su embarazo

La "radical transformación" de nuestro Derecho, como bien dice Sánchez Cámara, tiene consecuencias incalculables. Ayer, otro profesor de Filosofía del Derecho, Andrés Ollero, advertía en ABC sobre "la mayor injusticia", que es esta: "La capacidad de la sociedad de mirar hacia otro lado cuando se vulneran derechos humanos básicos, como por ejemplo el aborto". Cuando Jean Paul Sartre, decía a mediados del siglo pasado que "la naturaleza del hombre consiste en no tener naturaleza" nos parecía un broma de filósofo en las nubes. ¿A quién se le ocurre en serio que todo puede convertirse en todo? Se le ocurrió a Mao-Tsé-Tung. La ciencia ficción, el progreso de la biotecnología, también los falsos logros de la pseudociencia han precipitado en un voluntarismo insospechado hace apenas unos lustros por el común de las gentes. Pero he aquí que la ley Aído, alcance o no a saberlo la ministra, es la aplicación exacta del principio del existencialismo ateo, bajo las nuevas luces que los éxitos de la técnica han proyectado sobre el ideal del ser humano como plastilina moldeable a voluntad del autoconsumidor. Ya no cabe hablar de naturaleza humana. No hay Dios que la haya concebido. No hay valores a priori. Nosotros hemos de crearlos, creando un hombre/mujer nuevo, una especie de híbrido que será lo que él/ella decida ser. No hay varón ni mujer, ni padre ni madre, ni abuela para contar cuentos machistas como el de Caperucita. Al fin y al cabo Caperucita es niña y el lobo no es loba. Los bancos de óvulos y de semen están ahí y llegará el día en que los niños realmente vendrán de París en latas de conserva. El mundo feliz de Aldous Huxley es ya una realidad. Pero ¿han leído los aídos la obra hasta el final? ¿Se dan cuenta los que están detrás del proyecto Aído, de la factura que pasará la naturaleza humana cuando se harte de ser tratada como un producto de usar y tirar?

Que nadie se engañe. Y si mira hacia otro lado, que luego ... no se queje. Les invito a leer, si no lo han hecho lo publicado en ABC de Sevilla por Francisco J. Contreras:

 EL SEXO A LO AÍDO 

 El Senado aprobó hace días la nueva ley del aborto. Lo hemos conseguido: el embrión de buitre leonado (hay multas por la destrucción de huevos) tendrá mayor protección jurídica que el feto humano. Hemos superado finalmente nuestra arrogancia “especista”: ¿quién nos había dicho que teníamos más dignidad que los demás animales? ¿Qué nos habíamos creído? Henos aquí por fin equiparados con el hermano lince y el admirable quebrantahuesos.
 
Querría llamar la atención sobre un aspecto de la ley Aído que ha escapado en general al análisis. Es una ley de 23 artículos … y sólo los arts. 12 a 23 regulan el aborto. ¿De qué tratan los anteriores? La Exposición de Motivos asegura que la nueva ley busca “garantizar los derechos relativos a la salud sexual y reproductiva [SSR]”. Los españoles padecemos, según parece, una “salud sexual” muy deficiente, pero la ley Aído va a curarnos (para ir abriendo boca, el ministerio de Igualdad ha invertido 26.000 € en un “mapa de la inervación y excitación del clítoris”). Sobre todo, va a curar a nuestros hijos, que gozarán de una “salud sexual” rozagante gracias a la formación que la ley ha previsto para ellos. Los arts. 1 al 11 trasudan obsesión por la pedagogía sexual: el sistema sanitario deberá “proporcionar educación sanitaria integral y con perspectiva de género sobre SSR” (art. 5.2);  “los poderes públicos desarrollarán acciones informativas y  de formación sobre SSR […] dirigidas, principalmente, a la juventud” (art. 6);  “el sistema educativo contemplará la formación en SSR, incluyendo un enfoque integral  que contribuya a […] b) el reconocimiento de la diversidad sexual; c) el desarrollo armónico de la sexualidad acorde con la personalidad de los jóvenes […]” (art. 9). 
 
 Términos como “integral”, “enfoque de género”, etc. esconden una densa carga ideológica. Para saber de qué se trata, se puede consultar el Borrador de Estrategia Nacional de Salud Reproductiva [ENSR] de 11/11/2009, elaborado por el Ministerio de Sanidad. Son 192 páginas, la mitad de ellas doctrinales. Su lectura es dura … pero muy reveladora: ahí está la esencia de la nueva izquierda. La ideología que será enseñada en las escuelas (art. 9). Señalemos algunas claves:
 
- El sexo como centro de la existencia: “el derecho a tener prácticas sexuales no reproductivas” es un “derecho humano universal, basado en la libertad, dignidad e igualdad” [p. 7](ya la ley Aído revelaba en su preámbulo que “el desarrollo de la sexualidad está directamente vinculado a la dignidad de la persona”). El derecho al disfrute no debe verse obstaculizado ni por el temor a la maternidad, ni por “tabúes” morales. La ENSR aboga por “un concepto positivo de la salud sexual que incluye el bienestar, la satisfacción y el placer, dejando de lado la concepción de la sexualidad ligada a la represión, el miedo y lo moralmente bueno o malo” [p. 14].
 
- El placer sexual debe ser buscado como un fin en sí mismo; su condicionamiento al vínculo matrimonial (o, siquiera, a la existencia de un sentimiento) es castrante y culpabilizador: “antes se dignificaba la sexualidad mediante el matrimonio, […] mientras que en la actualidad se exige en cambio su dignificación mediante el amor romántico. Esto indica la vivencia del deseo sexual con culpabilidad y vergüenza por parte de las mujeres […]”[p. 25] (la ENSR constata que un porcentaje preocupante de mujeres –incluso jóvenes- sigue vinculando el sexo con el amor: este dato es interpretado como el resultado de la persistencia de “estereotipos sexistas” nocivos: cf. p. 38).
 
- Una vida tan orgasmocéntrica tropezará antes o después con un embarazo indeseado (pues los anticonceptivos pueden fallar, o a veces uno olvida utilizarlos). El derecho al placer es, por tanto, inseparable del derecho al aborto: “uno de los derechos básicos de las mujeres en materia de salud reproductiva es el derecho a decidir libremente [la continuación o no de su embarazo]” [p. 15].
 
- Los rasgos masculinos y femeninos (por ejemplo, la maternidad) no se basan en la naturaleza, sino en la cultura; son “roles” que es preciso deconstruir: “los estereotipos acerca de lo que es ser hombre o ser mujer en nuestra sociedad tienen graves repercusiones para la vivencia de la sexualidad de un modo placentero” [p. 24]. Especialmente nefando es el “estereotipo” de la complementariedad hombre-mujer: “a mujeres y hombres se nos educa en un rol de complementariedad […]. [A causa de ello] los individuos están mediatizados en sus comportamientos sexuales por las normas y la moral establecida, viéndose auto-juzgados y juzgados socialmente cuando tratan de transgredir lo que se espera para unas y otros” [p. 24].
 
- La maternidad es otro “mito” perjudicial para la mujer: “el mito del instinto maternal, supuestamente natural e intrínseco, predestina a las mujeres a ser madres para que posteriormente se dediquen al cuidado de las criaturas”; “el rol maternal tiene efectos profundos […] en la desigualdad sexual” [p. 27]; “la maternidad no es un hecho natural” [p. 28].
 
 - Los niños tienen también derechos sexuales: “las personas tienen y viven su sexualidad desde que nacen hasta que mueren; tendrán diferentes necesidades relacionadas con la salud sexual, y necesitarán de servicios que les faciliten educación, atención, etc.” [p. 30]. Es precisa, pues, una “formación sexual integral desde la infancia”: “a través de ella, mujeres y hombres podrán decidir con autonomía sobre su vida sexual, desde la niñez hasta la vejez. La educación sobre la sexualidad permite vivirla libremente sin temores ni prejuicios” [p. 69].

Antonio Orozco

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Este documento se archivará en Ideologías

 

12/03/2010 ir arriba
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