Viernes - 26.Mayo.2017

ROME REPORTS
Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Laicidad y laicismo Laicidad y laicismo
Filosofía y derecho Filosofía y derecho
Familia - educación
Etica
Valores
Cultura
Literatura
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.
Estás en: Derecho

Ley y conciencia (Francisco de Borja SANTAMARÍA)

ver las estadisticas del contenido
Ley y conciencia

Ley y conciencia

 

La objeción de conciencia representa, quizá, el aspecto más difícil de articular en un estado de Derecho, pues por su naturaleza, la conciencia es el elemento más subversivo con que se enfrenta la ley.

por Francisco de Borja SANTAMARÍA
Arvo Net, 06.08.2007

La objeción de conciencia ha reaparecido en la vida española tras años de letargo, una vez desaparecido el servicio militar que fue en su día motivo de objeción de conciencia y toda vez que la objeción de conciencia planteada por los médicos para la realización de abortos ha encontrado en la práctica una solución pacífica. La ley que equipara las uniones homosexuales con el matrimonio, por un lado, y la implantación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, por otro, han reabierto socialmente un movimiento significativo de objeción de conciencia.

La objeción de conciencia representa, quizá, el aspecto más difícil de articular en un estado de Derecho, pues por su naturaleza, la conciencia es el elemento más subversivo con que se enfrenta la ley. Pero, por otra parte, el derecho a objetar representa la piedra de toque de legitimidad de un régimen de libertades, puesto que la libertad primera y fundamental de cada individuo es la de actuar en conformidad con las propias convicciones. La cuestión es que la articulación de las exigencias del derecho con la conciencia de los ciudadanos en ocasiones es problemática.

La objeción de conciencia es potencialmente subversiva porque uno de los fundamentos del Estado de Derecho es la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la consiguiente obligación de cumplirla. Pero quien objeta pretende, precisamente, ser eximido de tal cumplimiento. Ahora bien, la apelación del objetor a su conciencia no es estrictamente una apelación a la razón y, por ello mismo, se sustrae a la pretensión universalista de toda ley. Así, pues, la conciencia puede llegar a ser para el sistema legal algo tan indigerible como lo puede ser una hoja de papel para nuestro estómago.

La tensión entre conciencia y ley, sin embargo, no es nueva. En Occidente tenemos constancia de este problema, al menos, desde hace veinticinco siglos con la tragedia “Antígona” de Sófocles. Como es sabido, en ella se nos cuenta el final desdichado de la heroína que se empeñó en enterrar el cadáver de su hermano Polinices, tal como se lo exigía su conciencia, incumpliendo así la orden del rey Creonte, que había prohibido enterrar los cadáveres de quienes habían atacado la ciudad de Tebas. Según Steiner, en la actualidad, en multitud de literaturas “subterráneas” –las que se escriben en lugares con censura- siguen apareciendo reformulaciones de este mito, el de “una joven que dice no al despotismo, que dice no a cierta concepción demasiado cortante de la ley, en nombre de otra ley” que apela a la conciencia y que entra en contradicción con las leyes de los hombres.

Pero la conciencia que objeta la norma jurídica no es algo que esté presente sólo en la literatura. Como ha expresado algún jurista, en materia de objeción de conciencia se ha producido un big-bang jurídico. En efecto, han aparecido objetores fiscales, personas que, por conciencia, se niegan a recibir ciertos tratamientos terapéuticos, jóvenes que se niegan a quitarse el velo en la escuela, etcétera, etcétera.

El pluralismo hacia el que tienden las sociedades invita a tomarse en serio la objeción de conciencia y a reflexionar con seriedad acerca de su conveniente regulación. En vez de obviar el tema, tanto la sociedad como los responsables políticos, han de esforzarse por encontrar soluciones que resuelvan del mejor modo posible un conflicto que encontrará tanto mejores respuestas cuanto su planteamiento no sea ni extremista ni espurio. A este propósito, lo ideal será, por una parte, que el Estado no haga un uso ideológico de la ley y, por otro, que los ciudadanos no incurran en una instrumentalización estratégica de la objeción.

Al aparato del Estado y especialmente al legislador se le puede pedir un planteamiento flexible ante esta cuestión. Que por parte del Gobierno y del Congreso no se haya buscado en este país una solución –porque en otros países se han encontrado soluciones- para los funcionarios o responsables políticos que tengan problemas de conciencia para la celebración de bodas entre homosexuales lleva a pensar que al Gobierno no sólo entiende que las parejas de gays y lesbianas pueden contraer matrimonio, sino que no está dispuesto a que nadie discrepe de que eso está bien. Es a ésta pretensión –la de erradicar un pensamiento contrario al de la norma- a la que denomino uso ideológico de la ley. Un parlamento o un Gobierno pueden legítimamente legislar lo que consideren oportuno en función de su ideología, pero lo que no pueden intentar es que todos los ciudadanos compartamos esa ideología. E, insisto, la negativa a regular la objeción de conciencia suele responder a la aspiración –poco democrática- de convertir la norma legal en norma intelectual.

Por otra parte, los ciudadanos hemos de tener muy claro que la objeción de conciencia es una cuestión muy seria y que, en sí misma, no es un arma política. La objeción de conciencia se deslegitima cuando se instrumentaliza, es decir, cuando se recurre a ella como herramienta para cambiar la ley. Por supuesto que cambiar las leyes representa una pretensión completamente legítima, pero la objeción no es el camino; puede serlo de hecho, pero la promoción estratégica de la objeción, aunque pueda ser eficaz –como lo fue en el caso del servicio militar- acaba perjudicando a la objeción, pues, ante la objeción estratégica, el aparato del Estado acaba desentendiéndose del respeto a las conciencias y se preocupa exclusivamente de que su poder no se vea menoscabado.

‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾

Arvo Net, 07/08/2007

© ASOCIACIÓN ARVO

Contacto: webmaster@arvo.net

Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

 

Enviado por ARVO - 06/08/2008 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v02.14:0.31
GestionMax
Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós