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¿CRISIS DEMOGRÁFICA? (Mariano Delgado)

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¿CRISIS DEMOGRÁFICA?

O nos mantenemos en esta cultura que proporciona tanto bienestar a unos pocos... hasta que desaparezca, o intentamos resolver el problema; o dejamos la posibilidad de elegir a nuestros descendientes...

Aprender del pasado.

Por Mariano Delgado


CADA VEZ es mejor conocido, por historiadores y paleontólogos, algo que hasta hace no mucho tiempo estaba más o menos envuelto en el misterio: el nacimiento, hace unos diez mil años, de la Cultura Neolítica, uno de los mayores progresos realizados por la humanidad , y que hizo posible todos los posteriores, en un período insignificante de tiempo, si tenemos en cuenta que el Homo sapiens existía desde cien mil años antes. El Neolítico aparece por primera vez en el "Levante", una pequeña región delimitada al oeste por el Mediterráneo, al sur y al este por los desiertos de Israel, Jordania, Irak y Siria, y al norte por las montañas del Taurus. Aunque esta región presenta muy grandes variaciones topográficas y microclimáticas, el Neolítico surgió en toda ella de forma prácticamente simultánea, ¿Cual fue la causa?. Hoy estamos en condiciones de dar una respuesta a esta pregunta, y es muy sencilla: la agricultura.

La "invención" de la agricultura marcó un cambio significativo en el modo de vida: lo que antes eran grupos reducidos, que dedicaban la mayor parte de su tiempo y esfuerzo a la búsqueda de alimento, pudieron sedenterizarse en poblaciones permanentes, y el almacenamiento de alimento permitió a la población crecer mucho más allá de lo que había sido posible hasta ese momento; el crecimiento de la población perfeccionó las reglas sociales según las cuales se habían organizado los grupos de cazadores, y así se inició el progreso de las sociedades humanas.

Ahora bien, resulta difícil atribuir este logro a una casualidad; la realidad es que esta región había sido la más poblada de la tierra desde los mismos albores de la humanidad, y no es difícil pensar que aquellos hombres buscaran una solución a un problema aparentemente irresoluble: no podían alimentar, con su antigua forma de vida, a todos sus descendientes. El hecho fue que con el logro de la agricultura la población pudo crecer de forma ilimitada durante un largo período de la historia, y esto conllevó un progresivo crecimiento en el nivel de vida.

En otros puntos del planeta, aunque más tarde, también se inventó, de forma independiente, la agricultura. Esto ocurrió al sur de China y en la Polinesia, que tenían un punto en común con el Levante: su gran densidad de población. Fundamentalmente desde estos tres lugares se irradió al resto de la humanidad la agricultura y el progreso, con el consiguiente crecimiento demográfico.

En distintas culturas ha habido otros grandes avances de la humanidad gracias a la capacidad delhombre de enfrentarse y resolver este tipo de problemas cuando se lo ha propuesto:la necesidad de alimentar a un mayor número de personas en un territorio reducido también impulsó, por ejemplo, el asentamiento en las primeras ciudades y la revolución industrial.

Hay, en la historia otros momentos de crisis de población bien conocidos en los que se ha seguido una estrategia distinta. Ejemplos claros son los casos de Esparta y Roma, en las dos metrópolis ocurrió algo similar, no se intentó resolver el problema, sencillamente se trató de erradicar por el sencillo método, mucho más antiguo de lo que se cree, del control de la natalidad. En estos dos ejemplos hay que añadir otro dato que también es común: ambas culturas habían logrado un largo período de bienestar y habían entrado en una decadencia moral de signo hedonista, después de mucho tiempo de ser líderes de su mundo.

Esparta no resurgió. La disminución de la población en Italia y el comportamiento hedonista obligó a que los trabajos más serviles, entre ellos el de soldado, fueran realizados por “bárbaros” germanos contratados como mercenarios baratos. El final de la historia es de todos conocido: aquellos “bárbaros” acabaron haciéndose los dueños del antiguo Imperio Romano, con el consiguiente retroceso cultural que dio lugar a la Edad Media.

A esto contribuyó una antigua idea generalizada en todas las culturas, que creían firmemente en una historia cíclica en la que el progreso de la civilización tenía un límite. De hecho existía la idea. entre los ciudadanos romanos, de que con su sociedad habían llegado a la plenitud de los tiempos . El mismo Aristóteles había observado que las ideas científicas más avanzadas de su época habían sido desarrolladas y olvidadas muchas veces en otras grandes civilizaciones, y que las ciencias, junto con las artes y las comodidades de la vida habrían ya alcanzado el máximo nivel posible .

Por suerte los logros culturales del Imperio Romano no se perdieron: su estudio se mantuvo en las instituciones eclesiásticas y, después, gracias al nacimiento de las universidades, promovidas por ellas, se hizo accesible a otros sectores de la sociedad, dando lugar al Renacimiento.

Salta a la vista la similitud de estas decadencias culturales con respecto a la cultura occidental actual. Existe una falta de ilusión y valentía para reconocer y enfrentarse a la propia responsabilidad. Si nuestros antepasados no se hubieran atrevido a hacerlo, sus descendientes -nosotros no existiríamos- estarían todavía en la selva. Podemos preguntarnos qué grandes logros insospechados, como serían los actuales para un hombre de hace mil años, impediremos alcanzar a la humanidad si menospreciamos la capacidad de la inteligencia humana para resolver problemas vitales. Pero precisamente cuando el problema es vital hace falta mucha valentía para enfrentarlo y tener visión de futuro, más vale mirar a corto plazo y quedarnos como estamos, como hicieron las culturas que sucumbieron.

En este sentido es evidente que la alarma sobre la crisis de población se ha dado antes de tiempo, puesto que por el momento hay recursos suficientes en el planeta para alimentar a un número de habitantes mucho mayor del que hay en la actualidad, con tal de que estos recursos se distribuyan de una forma razonable .

Pero el grito de alarma es el siguiente: “¡Hay que pensar en nuestros descendientes del futuro!”, u otro más reciente: “¡Hay que salvaguardar la Naturaleza!”; precisamente una de las causas de la crisis ecológica es la búsqueda de un rápido bienestar sin pensar en las consecuencias a largo plazo. Y, por regla general, es precisamente en los países occidentales con mayor densidad de población donde los “derechos de la Naturaleza” se respetan mejor, y donde la renta per capita es mayor (!).

Por otro lado tampoco es aceptable una postura contraria, según la cual la crisis demográfica es un mito y nunca se producirá: si la población crece indefinidamente inevitablemente llegará el problema, como ya hemos visto que ha ocurrido en otros momentos de la historia, pero ¿será un problema irresoluble?.

Por ahora la historia nos muestra que los grandes progresos de la humanidad han tenido lugar en las sociedades que han sabido resolver este tipo de problemas, y las grandes decadencias cuando se han intentado arrancar de raíz.

Aunque el grito en que se apoyan los defensores del control de la natalidadsea “hay que pensar en el futuro de la humanidad”, la experiencia muestra que los que, de hecho, lo ponen en práctica no lo hacen por tan noble razón, sino que prefieren tener un coche mejor, una casa más cómoda, más medios de bienestar, incluso algunos animales de compañía, que tener más hijos.

Paradójicamente los estados que primero han fomentado esta política de miedo al futuro ahora hacen campañas para fomentar la natalidad, pero su resultado es poco eficaz porque es muy difícil cambiar el rumbo de una sociedad que ha entrado en la inercia de lo más fácil. Esta reacción desde arriba se debe a que ya se empiezan a notar las consecuencias negativas de estas políticas, consecuencias que se podían haber previsto fácilmente si de verdad se hubiera pensado en el futuro. A parte de los inconvenientes que se ven a simple vista, y que podríamos resumir en que cada vez son menos los que producen y más los que consumen, la reacción de los gobiernos se debe también a alarmantes estudios científicos que no salen a la luz de la opinión pública. En ellos los expertos hablan de posibles degeneraciones raciales como consecuencia de las presiones ejercidas contra la tendencia natural, el proceso de despoblación no parece ser yaconsecuencia sólo de una actitud, sino que hay datos que indican que en muy pocas generaciones se produce una caída de la fertilidad natural. Algunos expertos ven ya casi inevitables desastrosas consecuencias demográficas: el destino de la especie humana -o al menos de ciertas poblaciones nacionales- se ponen en juego en un tal proceso y, por eso, la “implosión” demográfica está sustituyendo, como término de mayor preocupación, al de explosión demográfica .

También se pone de manifiesto la manipulación de ciertos datos en el origen de la alarma del “baby boom”, se utilizaron por ejemplo tasas poco refinadas (que no tienen en cuenta las diversas estructuras por edad) de crecimiento natural, que son más altas que las tasas verdaderas y que, en algunos países, la tasa verdadera o intrínseca se estaba acercando a cero, o incluso ya era inferior: “Kuczynski encontró que, mientras los nacimientos superaban a los fallecimientos en una medida del 48% en la Europa noroccidental de 1926, haciendo posible un aumento de alrededor del 6,2 por mil -es decir 19,2 nacimientos menos 13 fallecimientos por mil habitantes-, la tasa de crecimiento a largo plazo se revelaba negativa, porque con la mortalidad y natalidad en curso, específica por edad, cien madres traían al mundo sólo noventa y tres futuras madres, y así la población declinaba alrededor del 7% por generación. La reproducción neta se situaba por debajo del nivel de reemplazo en Suecia, Francia, Alemania, Inglaterra y Gales, y marchaba en esta dirección en otros países” .

No es de extrañar que, actualmente, algunos países occidentales y ricos, mientras fomentan la natalidad entre sus ciudadanos, “animen” a controlar la natalidad a países del Tercer Mundo, prácticamente despoblados en relación con ellos, como se ha visto en la reciente Conferencia de El Cairo.

Pero, para terminar, volvamos a nuestro argumento central. La alternativa parece clara: o nos mantenemos en esta cultura que proporciona tanto bienestar a unos pocos... hasta que desaparezca, o intentamos resolver el problema; o, al menos ¿dejamos la posibilidad de elegir a nuestros descendientes si llegan a tenerlo?

 

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27/07/2005 ir arriba
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