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Viene de Capítulo VII
CURSO DE FILOSOFÍA ELEMENTAL
Capítulo VII
Filosofía natural (2)
segunda parte
Santiago Fernández Burillo
El espacio
El espacio y el tiempo son accidentes, no sustancias. Esta distinción, propia de la filosofía aristotélica, posibilita la solución de la primera antinomia kantiana. La distinción de ser en potencia y ser en acto posibilitará solucionar la antinomia segunda (Cf. Capítulo 6º).
Tanto en la aporía de Zenón contra el espacio (¿Dónde está el mundo?), como en la concepción racionalista y newtoniana del espacio, éste es concebido como una entidad real, infinita y preexistente a los cuerpos. Los cuerpos están dentro del espacio. Si se parte de ahí, la aporía es inevitable. El espacio de Newton es una sustancia, no un accidente, porque tiene ser en sí. Es real aunque no haya cuerpos. Si todos los cuerpos desapareciesen quedaría, vacío, el espacio universal.
Aristóteles ha declarado inexistente este espacio imaginario. Sólo existe el lugar de cada sustancia corpórea, y es finito como finita es ésta. Cada sustancia material tiene magnitud, pero las magnitudes físicas son finitas; las sustancias son finitas. Por eso, si consideramos todos los lugares, coordinados entre sí según las posiciones relativas o colocaciones, eso es el universo completo. Ahora, la pregunta por el lugar del universo ya no tiene respuesta fuera del mundo: afuera no hay nada. «Dentro» y «fuera» se dicen de un lugar, y el universo entero es la totalidad de los lugares, luego no hay ningún lugar afuera del todo. En la existencia natural el universo es todo; luego no hay nada fuera del universo. Hay que conceder a Zenón su conclusión: el universo no está en ningún lugar; todo lugar es una parte del universo; pero ¡el todo no es contenido por la parte!
Lo que denominamos «espacio» es una triple realidad, según consideremos el singular, el universal abstracto y la entidad de razón. Así, son espacio:
•Las distancias concretas y reales, como un palmo, dos quilómetros, etc. Estas son singulares.
•El concepto de distancia, obtenido a partir de aquellos singulares. Este es universal, como todo concepto abstracto.
•El ente de razón «este espacio universal» reúne en unidad lo que sólo puede darse junto en el pensamiento y por obra del pensamiento, pero no sin él ni al margen de él.
El accidente cantidad
Las sustancias naturales tienen siempre cantidad y cualidades, también son activas y, al estar dotadas de corporeidad, pueden recibir pasivamente acciones externas. Vemos derivar así los accidentes, a partir de la condición cambiante de la sustancia.
El primer accidente de la sustancia natural es la cantidad; acompaña necesariamente al ser físico. La cantidad no es el cuerpo (Galileo, Descartes); no es cuerpo, sino del cuerpo. Los cuerpos tienen cantidad, esta tiene magnitud, dimensiones, ocupa lugar, etc. Por tanto, la cantidad es un accidente primero; otros, como el lugar, el espacio o la situación, etc., se fundan en ella. La sustancia ocupa lugar porque tiene partes, y por eso mismo está más o menos lejos de otra, etc.
La esencia de la cantidad es definida por Aristóteles con las nociones de partes y distensión. La cantidad comporta partes extra partes. Partes, unas fuera de otras; este «fuera» designa la dilatación local, la corporeidad y las dimensiones. Si las partes no fueran «extra» (externas entre sí o a fuera una de otras), la sustancia no tendría cuerpo, dimensiones ni partes. Las partes, si no están separadas, se confunden en unidad indivisible. La existencia de partes y la exterioridad de las partes entre sí, es lo que explica la divisibilidad. Ser divisible pertenece a la esencia de la cantidad. A su vez, la divisibilidad hasta el infinito plantea la pregunta por los átomos: ¿existen partículas indivisibles, partes mínimas de cantidad?
El continuo
Dividir es interrumpir la continuidad entre las partes. El resultado de dividir una cantidad son cantidades (por definición); las porciones resultantes, aunque pequeñas, tienen partes y vuelven a ser divisibles. Es divisible todo aquello que tiene partes; y el resultado de dividir cantidad son porciones menores de cantidad. Pero toda cantidad tiene partes. Por tanto, la cantidad es divisible hasta el infinito.
Aristóteles define el continuo como lo divisible en [partes] siempre divisibles. Con independencia de nuestro pensamiento, la continuidad y la división son reales; ahora, ¿es real también la división hasta el infinito? ¿Existe el número infinito? ¿El número de cuerpos que hay en el universo puede ser actualmente infinito?
El filósofo distinguía lo divisible en potencia de lo dividido en acto. La misma cantidad divisible (en potencia) hasta el infinito, estará siempre dividida (en acto) de una manera determinada, concreta y finita. Así, Aquiles podía dividir de infinitas formas el trayecto que lo separa de la tortuga, en la aporía de Zenón de Elea, pero si empieza a correr la división (en acto) se hace de «una» manera. Que una distancia se pueda recorrer de infinitas maneras, no quiere decir que sea una distancia infinita en acto, sino en potencia.
El continuo es pensable, tiene fundamento en un aspecto de la realidad (la cantidad) y en el pensamiento humano (lo abstracto es intemporal, proporciona el siempre). El continuo es pensable, pero no por ello ha de ser real. No todo lo que se puede pensar tiene forzosamente que existir. Al contrario, hay realidades «de razón», esto es, que existen sólo en el pensamiento y por obra del pensamiento; sin una razón que las piense, no son nada. Un ejemplo de ello son las privaciones. El niño «no-músico» (no ser músico es privación) no es nada más que el niño; quien une o articula el niño y ser «no-músico» es solo la razón. Lo mismo pasa, en opinión de Aristóteles, con el infinito, lo no-finito, o lo «nunca acabado»: es de razón. Recuérdese que hablamos de magnitud infinita y física. Hay contradicción entre ser físico y ser infinito. La infinitud que atribuimos a líneas, superficies, etc., es ideal y, como tal, meramente pensada.
El número infinito
Aceptemos que la idea de cantidad infinita es obra del pensamiento; aun con todo, si es pensable, ¿no podría ser real?, ¿qué inconveniente hay, si no repugna a la razón? Se responde negativamente.
Ante todo, hay que distinguir cantidad y número. Número (lat. numero,); es la actividad de enumerar, o las cosas enumeradas. Distinguimos la actividad de numerar (contar) y las cosas contadas. El nombre («número») se aplica a ambas, pero son tan diferentes como lo que sólo existe en el pensamiento y lo que existe independientemente de ser pensado. Pues bien, lo que dice Aristóteles es que el número es una idea que proviene de la acción mental de contar, no del hecho de que exista una multitud de cosas. En este sentido, el número es infinito, con toda evidencia; pero se traslada a las cosas solo en cuanto que lo decimos,esto es, contamos y decimos cuántos hay. El número que «decimos» de las cosas no es una propiedad física de ellas, porque no les afecta en lo absoluto lo que nosotros digamos de ellas.
De momento, sabemos que no hay ningún fundamento para imaginar que las cosas pueden ser infinitas en número. ¿Hay alguna razón para asegurar que no pueden ser infinitas? Vamos a ver que sí. La infinitud real, física, repugna por la misma razón y en el mismo grado que repugna aceptar una realidad absurda. Esto nos hace volver a la incomprensibilidad del cambio que haría ser y no ser a la vez a las cosas (iguales y diversas, unas y múltiples, etc.). Lo mismo que impulsa a buscar una comprensión racional del cambio, obliga a reducir lo infinito al pensamiento. En efecto, el número infinito es y no es, a la vez. Es número, ya que contamos y siempre podemos seguir contando; no es número, porque no está contado. La cantidad es infinita porquepodemos contar; pero es finita, si ya está contada.
Todo esto se dice de una cantidad actual, no estamos pensando en el tiempo. No hablamos de tiempo, sino de cantidad infinita actual. Concluyamos. El universo de Aristóteles no está en ningún lugar, no está en el espacio, porque el espacio es una propiedad de los cuerpos. ¿Pueden ser los cuerpos infinitamente numerosos? No, la idea de cantidad infinita, en acto, repugna a la razón. El infinito es ideal, no físico.
El tiempo
Su definición es número del movimiento según lo anterior y lo posterior. El tiempo mide un movimiento. Esta definición reúne lo ideal (enumerar) y lo real (movimiento); por eso, hay un tiempo mental (y psicológico) y otro físico. ¿En cuál de esos sentidos se dice con prioridad?
Sin una mente que mida, hay cambio pero no tiempo. Sin cambio físico, hay conciencia –la presencia y lo presente–, pero no pasado ni futuro, tiempo. Ni en un mundo sin inteligencias, ni en un intelecto sin materia hay tiempo. El tiempo es humano.
¿Puede ser infinito el tiempo?, ¿puede haber transcurrido un tiempo infinito antes del día de hoy? Ya sabemos que la enumeración, como operación intelectual, es virtualmente infinita. Por lo tanto, ¿es posible que la serie de los cambios físicos sea tal que, cualquier estado de cosas suponga uno anterior, y aquél otro, y aquél otro, etc., hasta el infinito? La serie infinita, cuyas partes no son a la vez actuales, no es imposible. Luego una secuencia infinita no es teóricamente imposible; los elementos de la secuencia no existen simultáneamente: cuando el posterior llega, el anterior ya no existe. Aquí no hay número infinito en acto; hay número infinito, pero sólo en la potencia pensante. Es el mismo caso que la serie de los números naturales: es infinita, siempre podemos sumar la unidad.
Del mundo a Dios
La serie infinita no repugna a la mente, no atenta contra el principio de contradicción. Luego el tiempo puedeser infinito; pero recuérdese que esa posibilidad radica en la mente. Ahora, ¿no radicará también en la materia? Al cabo, según el mismo Aristóteles, ¿no supone todo cambio una materia? Y, por ende, ¿no supone el cambio siempre y «a parte ante» la posibilidad material de cambiar? Así es, en efecto, y por eso una serie de causas y efectos naturales no puede ser declarada imposible. Por esta misma razón, no deja de sorprender que el filósofo se plantee la pregunta sobre el fundamento del universo a la vez que da por supuesto que está durando desde hace un tiempo infinito. En la Edad Media, algunos filósofos creyeron ver en ello una actitud cerradamente «naturalista»: si el mundo «puede» estar durando desde la eternidad, el mundo se considera autosuficiente, absoluto. Contra esa apreciación está el hecho de que Aristóteles infirió del cambio la necesidad de una Causa eterna e intelectual. Dado que en el mundo todo cambia, si este mundo dura desde hace un tiempo infinito, entonces Dios existe, como Acto puro: en Él se apoya la posibilidad de todos los cambios. No podía ser de otro modo: el ser se dice, ante todo, en potencia y en acto; pero el acto es a la potencia como lo perfecto a lo imperfecto, luego la existencia actual se entiende como acto, y en virtud del acto, no de la potencia. «Es imposible que el ser provenga del Caos ni de la Noche», escribe contra los mitólogos de la Grecia arcaica.
Para durar y para cambiar hace falta existir; ahora, ¿existe el mundo por sí mismo? Si no queremos dar por supuesta la respuesta, sino permitir que la naturaleza nos lleve más allá de sí misma, hay que cerrar esa puerta. No diremos simplemente: «Todo lo que cambia empezó; y el mundo es proceso de cambio; luego el mundo ha empezado desde fuera, y ese Principio es Dios». Cabría pensar: «El mundo no empezó, luego no tiene Principio». El dios que está en cuestión en ese razonamiento es un principio temporal, luego pretérito, ¿qué garantiza su actualidad?
Tomás de Aquino ha interpretado del siguiente modo el planteamiento teológico de Aristóteles: «Tanto si el mundo tuvo un inicio temporal, como si no lo tuvo y sigue durando, Dios existe». Si el mundo empezó a existir, es obvio que Dios existe y es la Causa metafísica del ser físico; pero si el mundo no empezó y dura hace un tiempo infinito, eso no se explica por la potencia de la materia: ésta sólo posibilita cambiar, es decir, hacerse distinto, no posibilita «ser» de forma absoluta e independiente, ya que el ser en potencia no «es» sin el acto; luego el ser cambiante (acto del ente en potencia en cuanto tal), depende de otro ser en acto, y si éste aún es en potencia depende de un acto superior. En suma, todo ser cambiante remite al Acto puro.
La naturaleza remite más allá de sí misma, no por ser cambiante, sino por ser. La parte de la filosofía que piensa el ser como principio, más allá de la naturaleza (physis), que es principio sólo del obrar y cambiar, fue llamada Metafísica por Andrónico de Rodas, el editor helenista de la obra de Aristóteles. El propio Aristóteles la llamaba Filosofía primera, porque se ocupa de los principios, y también Teología, porque el Principio primero en absoluto es Dios.
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