
Capítulo IV
La lógica del
discurso humano

Por
Santiago Fernández Burillo
I.
Qué es la
Lógica
II.
Lógica del
concepto
III.
Lógica del
juicio o proposición
IV.
Lógica del
raciocinio o silogismo
V.
Lógica
material. Verdad y certeza
VI.
Certeza y
voluntarismo
«Una mente
toda lógica es como un cuchillo sin mango:
hiere a quien lo empuña» (Rabindranath
Tagore).
I. Qué es la
lógica
Definición
Se define la lógica como «el arte directiva
de la razón, por la que ésta procede
ordenadamente, con facilidad y sin error».
Es, pues, un saber práctico (arte), y
sirve como instrumento para las demás
ciencias. Hay una lógica natural,
espontánea, y una lógica científica.
Lógica
natural
La lógica
perfecciona el discurso. Mas hay diferentes
tipos de discurso. No siempre razonamos
sobre lo cierto, a veces discurrimos sobre
cosas probables, o verosímiles. Algunos
filósofos quisieron hacer de la lógica un
instrumento universal, un método único. ¿Es
eso posible? ¿Existe una sola lógica? La
respuesta es matizada; por una parte, hay
“una” lógica, 2 por 2 son 4, aquí y en la
luna, para nosotros y para un extraterrestre,
y es así porque las leyes lógicas no son
convencionales, ni son reglas. Las
convenciones se pueden cambiar y las reglas
tienen excepciones; en cambio, las leyes de
la razón no pueden cambiar, ni tienen
excepciones. Así pues, la lógica es una:
entre ser racional y no serlo no cabe
término medio, como entre ser humano y no
serlo.
A la tesis
que sostiene lo contrario se la conoce como
psicologismo. Para ésta la ley lógica
sería una regularidad, una experiencia
repetida. Habría hechos generalizados, no
leyes. Según el británico, John Stuart
Mill (1806-1873) las leyes –incluido el
principio de no-contradicción– son sólo
hábitos psicológicos. Sin embargo, la verdad
lógica posee validez con independencia de
los hechos, de manera semejante a como el
teorema de Pitágoras es verdadero en sí
mismo, con independencia quién piense en él,
o cuándo. Otra variante de esa idea de la
verdad lógica es el sociologismo, que
ve los axiomas y leyes lógicas como
productos culturales. Según Lucien
Lévy-Bruhl (1857-1939), existió una
mentalidad prelógica, gobernada por la
fantasía, la magia y la superstición, antes
de que se inventara la lógica. Resuena aquí
la Ley de los tres estados, de
Augusto Comte, según la cual la
humanidad fue fantasiosa y mágica en su
niñez. Pero, si esta hipótesis fuera válida,
no se podría hablar de lógica natural;
la lógica tendría un origen alógico
(casual). Si el uso lógico de la razón fuera
“producto cultural”, sería como afirmar que
era un artefacto sin artífice. Hay que
decir, por el contrario, que la racionalidad
es natural, y tiene leyes que no cabe
incumplir; la mente sigue esas normas, aun
antes de conocerlas reflexivamente.
La tesis de
Lévy-Bruhl, es una forma de explicar lo más
perfecto por lo menos. Según él, la
mentalidad primitiva no usaba conceptos ni
juicios lógicos, sino imágenes y
sentimientos, por los que el individuo se
identifica con el grupo. Sus estudios se
basaron en informes llegados a Europa sobre
magia y prácticas supersticiosas en
sociedades primitivas. Ahora bien, la
superstición es una anomalía, pero no sólo
en las sociedades primitivas. En cuanto al
mito, no equivale a irracionalidad. Podría
decirse que fue la "ciencia" del hombre
antiguo, ya que refería la realidad a
causas, valiéndose de narraciones y
conceptos abstractos; al cabo, exponía un
"por qué" de las cosas y en eso obedecía a
la lógica espontánea.
La lógica
científica
La lógica
científica presupone la natural. La razón
reflexiona sobre sus actos, observa la
diferencia entre lo correcto y lo
incorrecto, investiga las leyes del discurso
y las formula. La lógica natural es
espontánea, la reflexiva arte, esto
es, ciencia práctica. Como ciencia,
estudia las leyes del razonamiento. Es
ciencia práctica y normativa: no le
interesa cómo piensa uno de hecho,
sino cómo debe pensar, de derecho,
para llegar a la verdad. En suma, la lógica
descubre normas y leyes que obligan a la
razón; tal como las normas éticas señalan el
bien, las lógicas señalan las condiciones de
la verdad.
Objeto y
método
Para definir una ciencia se precisa su
objeto y su método. El objeto se subdivide
en: objeto material y objeto
formal. El objeto material de la lógica
son los actos de la razón. Su objeto formal
es la corrección en esos actos.
Además, el método de una ciencia se
corresponde con su objeto formal, esto es,
con aquel aspecto que considera en su
“materia”. El método de la lógica no es
psicológico, ni sociológico, se trata de un
método racional y reflexivo.
Al distinguir
objeto y método se señalan dos aspectos
inseparables. Llamamos objeto a lo que
se conoce, y método al acto con que
lo conocemos. Lo que llegamos a conocer se
corresponde con el acto de conocerlo
(método). Ahora bien, los actos de conocer
tienen diferentes niveles; por eso, la
lógica sólo comprende una parte del método,
a saber, el de la razón discursiva. Ella
misma es controlada por actos de pensar más
altos (no discursivos), son los principios y
los hábitos intelectuales. (De ahí que se
subordine a la metafísica y a la teoría del
conocimiento). La lógica controla a las
ciencias (es Organon o instrumento
del saber) y ella misma es controlada por la
metafísica. Este hecho responde al
principio de subalternación de las ciencias,
que explica cómo toda ciencia (subalternada)
hace uso de principios que recibe de otra
superior (subalternante). Siempre los
principios fundan la ciencia, nunca al
revés.
Partes de la Lógica formal
La lógica
considera las formas del razonar,
esto es, de enlazar juicios para llegar a
conclusiones, y los juicios constan de
conceptos. Por eso, se comienza observando
que hay reglas y leyes lógicas del concepto,
del juicio y del raciocinio. Esto
proporciona un criterio para estudiar
ordenadamente la lógica formal: lógica del
concepto, lógica del juicio y lógica del
raciocinio o silogismo.
Panlogismo
Algunos
filósofos ha postulado que la razón,
siguiendo un solo método, puede llegar a
conocerlo todo; ahora, eso supone que la
realidad posea una estructura idéntica
a la lógica natural. Sólo así la lógica
sería única y lo explicaría todo;
sería la ciencia por excelencia. Esta
posición se conoce con el nombre de
panlogismo; su ejemplo más conocido es la
lógica o método dialéctico (Hegel),
que supone la identidad entre el espíritu y
el proceso material del mundo.
La primera
sistematización de la lógica fue obra de
Aristóteles. La tradición agrupó sus
libros bajo el nombre de Organon,
esto es, instrumento del saber. En los
tiempos modernos se sintió la necesidad de
un nuevo método, para la nueva ciencia (Bacon,
Descartes). Si la razón es una –dice
Descartes–, el método correcto será sólo
uno. Así sería si los conceptos fueran de un
solo tipo y si la razón discursiva fuera el
acto cognoscitivo (método) más intenso; si
no lo son, no es así. Ahora, el discurso es
a la inteligencia, como el arroyo a la
fuente: allí donde el arroyo discurre, el
acto de la fuente está presente, pero no
necesariamente al revés. Hay más luz en la
inteligencia que en el discurso.
II. Lógica del concepto
El concepto y el término
Concepto es el acto con el que la
mente aprehende un tipo de ser, sin afirmar
ni negar nada. Así: "guerra", "algo". El
juicio, en cambio, une conceptos: "la guerra
es cruel" o "aquí hay algo". El concepto se
llama simple aprehensión, porque
capta sin juzgar; se llama concepto,
porque la mente lo forma dentro de sí; y se
llama idea (del gr. eideo-în,
ver), porque es aquello que el intelecto ha
visto; también se lo llama noción,
porque es un acto del noûs, o mente.
Más profunda es la expresión «palabra
interior» (verbum cordis, verbum mentis),
ya que el concepto es formado por la mente,
en su interior, y exteriorizado en la
palabra oral o escrita. Término es la
expresión lingüística de un concepto La
lógica estudia el concepto «en» los
términos.
La
significación
Es la razón
de ser del lenguaje. Pensar y hablar es
referirse a cosas. La ley básica de la
teoría del signo (semiótica) es que
las palabras son signos artificiales
de los conceptos, y los conceptos signos
naturales de las cosas. En resumen: «Las
palabras significan conceptos, los conceptos
son signos de las cosas».
El signo es
"medio", en el mismo sentido que el aire es
el medio de la audición, o la luz el de la
visión. El hecho de que el pensamiento se
valga de signos muestra que no es inmediato,
sino mediato. A la inversa, los
conocimientos o verdades inmediatas son
inefables, ninguna palabra o discurso los
puede agotar.
Las palabras
"aprehensión", "idea", "concepto" y "noción"
son comunes en la terminología clásica. El
concepto también se llama “intención” (del
lat. tendere-in, tender, apuntar
hacia) porque es el acto mediante el cual la
mente «señala» o «se refiere al» objeto. Se
distinguen el concepto directo y el
concepto reflejo, como «primera» y
«segunda intención». Así, el entendimiento
capta qué es "flor" (primera intención); una
vez formado este objeto mental, la mente
considera en él la universalidad, por
ejemplo (segunda intención). Una segunda
intención es un concepto del concepto,
un concepto reflejo. Ya se ve que la lógica
científica estudia "segundas intenciones",
pues forma conceptos de los conceptos.
Por otra
parte, toda idea significa algo, sea
existente (los Pirineos), meramente posible
(montaña de oro), una negación o privación
(ceguera) o incluso un imposible (círculo
cuadrado). Se ve, pues, que el “objeto” es
distinto del “acto” que lo entiende o
aprehende. El acto de entender es real,
aunque su objeto o contenido sea ideal,
ficticio o quimérico. Para distinguirlos, se
llama concepto objetivo al signo
mental u “objeto”; y concepto formal
al “acto” que lo forma y entiende.
Comprehensión y extensión de un concepto
Toda idea
incluye notas. La totalidad de las notas, es
su comprehensión. El conjunto de
individuos a los que conviene la idea es su
extensión. Así, por ejemplo, las
notas constitutivas del concepto "reloj"
son: "artefacto", "medida" y "tiempo",
supuesto que definamos el reloj como:
“artefacto para medir el tiempo”. La
extensión, en cambio, es el conjunto de
cosas que cumplen la definición. La de
"reloj" incluye: relojes de sol, de arena,
mecánicos, electrónicos, de pulsera, de
pared, de campanario, etc. A su vez, cada
uno de estos conjuntos contiene un número de
individuos indeterminado.
Regla: la
extensión está en proporción inversa a la
comprehensión, a más comprehensión, menos
extensión. Así, la idea pierde extensión
cuando más notas la integran: reloj de
pulsera y de tal marca, etc. A la inversa,
si pierde notas y la comprehensión se
empobrece, la cantidad de singulares a los
que conviene se hace cada vez mayor; por
ejemplo, hay más artefactos para medir, que
relojes.
Nota
de una idea es todo lo que se puede decir
con verdad del objeto. Ahora bien, no todas
las notas que pertenecen a la cosa son
conocidas, nuestro saber siempre puede
incrementarse. Por eso, tanto si un ente es
natural como si es artificial, su definición
"real" incluye un número de notas que escapa
a nuestro saber. Es otra manera de recordar
que nuestro saber, aun siendo real, es
limitado. En referencia a la comprehensión
plena, o a la definición perfecta, se dice
que no comprendemos nada, aunque
sepamos muchas verdades. La esencia
de las cosas nos es desconocida, escribe
Santo Tomás de Aquino, que no era escéptico.
Equivocidad,
univocidad y analogía de los términos
Las ideas son
unívocas o análogas; pero las palabras
pueden ser también equívocas. Por tanto, el
término puede ser:
1)
Unívoco, es el que se dice siempre con
el mismo sentido: hombre, caballo.
2) Equívoco, se dice igual de cosas
distintas como: León, nombre propio, y león,
nombre común.
3)
Análogo, se aplica a cosas distintas,
iguales en algo; el sentido es en parte
igual y en parte distinto, como cuando se
dice un hombre sano y un alimento sano.
Las ideas
trascendentales
Trascendentales
son nociones universalísimas cuya extensión
es máxima porque abarcan todo lo que existe,
dejando fuera sólo la nada. Se las llama
también análogas, porque no se dicen
igual de todas las cosas. Por ejemplo
ser, se atribuye a todo, pero no es
igual el árbol, que el caballo o el hombre;
ni es igual lo material que lo espiritual,
lo finito y lo infinito.
Son
transcendentales el ser (ente), la verdad,
la bondad y la belleza; son atributos que se
dicen de toda cosa, según una escala o
gradación de perfección; se pueden atribuir
(con verdad) a cualquier cosa por el hecho
de ser. Se llaman "transcendentales" (del
lat. trans-scando, ir más allá
subiendo), porque superan en extensión a
todos los universales (géneros y especies),
pero no se los debe pensar como separados,
externos a los géneros y especies. Al
contrario: todas las ideas son interiores a
los transcendentales; éstos no sólo tienen
la mayor extensión, sino también la mayor
comprehensión, y comprenden todas las
realidades determinadas. La regla anterior
no se cumple aquí, los trascendentales no
son, propiamente, conceptos u «objetos»,
aunque solemos tratarlos como si lo fueran.
Así, por ejemplo, la piedra, el árbol, la
estrella, el número abstracto, la virtud,
etc., son conceptos objetivos, significan
“algo real”, por tanto el concepto de
ente está incluido dentro de cada uno de
ellos, aunque ninguno agote la riqueza de
"ser". El realismo es el tipo de
filosofía que afirma la primacía del ser, ya
sea en la realidad (primum ontologicum),
o en el conocimiento (primum cognitum).
Los
universales
El concepto
es universal. Lo universal es algo
uno que se dice de muchos; de muchos
singulares, con un mismo significado. No
admite grados. Por ejemplo, el concepto de
"hombre" se dice de todos en el mismo
sentido: no es posible ser más o menos
humano, se es o no, en absoluto. Aquí no hay
término medio, ni gradación.
La lógica
formal trabaja con términos unívocos, no
análogos ni trascendentales; eso limita su
aplicación a las ciencias particulares. El
saber metafísico, en cambio, no tiene por
método la lógica formal, sino la «analogía»
(Aristóteles, Tomás de Aquino). Así, hay que
volver a decir que la lógica formal es un
método para saber, pero no el único; el
intento de reducir los saberes a un solo
método (la lógica formal, la matemática,
etc.) reduce el alcance del pensamiento y
constituye el reduccionismo cientifista.
El problema
de los universales
Los conceptos
son universales, las cosas son singulares;
lo universal es único e ideal, lo singular
múltiple y sensible. Sin embargo, los
conceptos universales significan
seres singulares, eso es parte del misterio
del conocimiento. ¿Qué son esos
"universales"? ¿Dónde se encuentran, qué
realidad tienen? En la historia se han
propuesto tres modelos de respuesta para
esas preguntas:
a)
Realismo exagerado, o hiperrealismo.
Según Platón, la idea es una e
idéntica, invariable, eterna e inmaterial.
Las cosas sensibles son lo contrario:
materiales, temporales, cambiantes y
caducas. De donde Platón concluye que el ser
ideal es más real que el ser
singular.
b)
Nominalismo. Solo existen entes
singulares. Los términos e ideas universales
son "ficciones", artificios lingüísticos
para sustituir una multitud de singulares
por un nombre (lat. nomen). El
intelecto no conoce cosas, sino nombres: no
la rosa, sino el nombre de la rosa: Stat
pristina rosa solo nomine; nomina nuda
tenemus (G. de Ockham).
c)
Realismo moderado. Es la posición de
Aristóteles. La idea existe en la cosa,
como forma de una materia; el
pensamiento (noûs) la abstrae o
separa formándola dentro de sí como
concepto. Tomás de Aquino completa
esta teoría distinguiendo: universal in
re, post rem y ante rem.
Según Platón,
las ideas constituyen un mundo separado y
perfecto, a cuya imitación se hace este
mundo sensible; el "mundo de las ideas" es
una región de entidades eternas e
inmutables. Según Aristóteles, en cambio,
las ideas sólo son “ideales” en la mente, en
la materia son formas, esto es, principios
reales de las cosas; éstas constan de
materia y forma (hylemorfismo), por
la materia son singulares y por la forma
tienen ser y son inteligibles. Finalmente,
Tomás de Aquino reúne la concepción de
Platón y la de Aristóteles mediante la
noción de creación. La idea es distinta
según esté en la mente del Creador (ante
rem), en la criatura (in re), o
en la mente humana (post rem).
Las
categorías o predicamentos
Aristóteles
redujo todas las ideas universales a diez
tipos o géneros, denominados categorías
(gr. kategoreo, enunciar, afirmar), o
predicamentos (lat. praedico).
Elaboró así una lista de los predicados que
cabe atribuir a un sujeto: sustancia,
cantidad, cualidad, relación, acción,
pasión, dónde, cuándo, situación y hábito.
Esta lista de
las categorías recoge formas lógicas,
es decir, formas humanas de pensar y de
hablar, pero también formas reales de
ser; son los diez "géneros supremos", esto
es, las diez maneras en que se dice el
ser, en el orden del ente finito.
La
complejidad de esa lista se reduce a una
distinción básica: substancia y accidente.
El ente del que se habla será "en sí" (sub-stantia,
sujeto), o "en otro" (accidens,
atributo). El ser fundamental es la
sustancia, porque la realidad del accidente
consiste en "ser en" la sustancia; de ahí
que el accidente, más que un ser, es el ser
de un ser (ens entis).
Los
predicables
Los
universales, considerados sólo en su
dimensión lógica, se llaman predicables:
algo uno que se dice de muchos; pero
este "decirse" es diferente según que el
concepto exprese la esencia o no, o según la
exprese de manera completa o incompleta. La
clasificación de los predicables se
encuentra en la Introducción al libro
Categorías, de Aristóteles, que
escribió el filósofo neoplatónico
Porfirio (233-305).
Mediante la
articulación de los predicables, se logra un
"árbol" que va de lo más indeterminado
(genérico) a lo más determinado y concreto
(singular), se copia así la estructura de la
realidad, en el "espacio lógico".
He aquí el llamado árbol de Porfirio:
Género
Supremo: Sustancia
Dif.
Genérica: material / inmaterial
Gen.
Subalterno Sustancia Corpórea
Dif.
Genérica: animada / inanimada
Gen.
Subalterno: Viviente
Dif.
Genérica: sensitivo / insensible
Gen. Próximo:
Animal
Dif.
Específica: racional / irracional
Especie:
Hombre / Pedro, Juan, Pablo...etc.
Son cinco los
predicables, según Porfirio, a saber: la
especie, el género, la diferencia, el propio
y el accidente.
1. Especie
es el concepto que se predica de los
singulares expresando la esencia completa.
Si decimos de Sócrates que es "hombre",
expresamos la esencia completa de Sócrates.
"Esencia" significa, en sentido lógico, lo
que responde a la pregunta: "¿qué es"? (quid
est?), de ahí el nombre latino
quidditas. La especie expresa la
quidditas o esencia, y sus inferiores
son individuos singulares, diferentes solo
numéricamente.
2. Género
es el concepto que se predica de muchos
singulares, expresando parte de su esencia,
a saber, la parte común a otras especies y,
por eso, indeterminada. Si decimos que
Sócrates es "animal" expresamos una parte de
su esencia, común con muchas especies.
3. Diferencia es el concepto que
expresa la parte determinante, esto es, la
que no es común a otras especies, sino
diferencial; así, por ejemplo, el hombre es
"racional".
4. Propio
o propiedad, no expresa la esencia, pero sí
algo que emana de ella o la acompaña
siempre. Si decimos de Sócrates que "ríe" o
"habla", le atribuimos propiedades
exclusivas de la especie humana. Las
propiedades son los conceptos que suelen
usar las ciencias para definir; por ejemplo,
distinguimos los cuerpos por la forma
cristalina, peso, dureza, afinidades
químicas, conductivas, etc.
5.
Accidente se predica como algo
contingente, externo a la esencia. Si
decimos de Sócrates que "está sentado" o "es
blanco", le atribuimos algo cuya presencia o
ausencia no hará que Sócrates sea humano, ni
deje de serlo.
Si miramos
ahora el árbol de Porfirio, vemos mejor cómo
hay que leerlo:
–Las ideas
universales unívocas se ordenan según
géneros y especies.
–La idea que
contiene a otras ideas se llama género,
respecto de aquellas.
–La idea que
contiene solo individuos se llama especie.
–La
diferencia específica aporta la distinción
entre especies diversas.
–Hay un orden
jerárquico entre las ideas universales.
–El género
supremo de los universales es la sustancia
material o compuesta.
–La escala
jerárquica de los universales expresa la
jerarquía de los existentes.
Oposición de
ideas
Son
“opuestos” los predicados que no pueden
estar en el mismo sujeto bajo el mismo punto
de vista, como: cuerpo y espíritu, frío y
caliente, etc. La oposición de ideas sigue
ciertas leyes; así, conocido un opuesto, se
conoce el otro. Según Aristóteles hay cuatro
especies de oposición:
a)
Contradictorias. Las ideas son opuestas
como el ser y su simple negación: ser-nada;
blanco-no-blanco. No hay un punto medio.
b)
Contrarias. Pertenecen al mismo género
pero distan el máximo entre sí:
blanco-negro; bello-feo. Pueden tener un
punto medio: entre avaricia y prodigalidad,
una liberalidad moderada.
c) Privaciones. Se oponen como una
perfección y su ausencia, la ceguera es
privación de la vista.
d) Relativas. Ideas opuestas de modo
que una no puede ser sin la otra como padre
e hijo, hombre y mujer, etc.
La definición
Definir es
determinar la comprehensión de un concepto
(la extensión depende de la comprensión). La
definición es un término complejo que
expresa qué es la cosa. A menudo
debemos contentarnos con definir el nombre,
o las propiedades de la cosa; definir el ser
es muy difícil, conocemos el ser real de las
cosas con enormes limitaciones. De ahí los
tipos de definición:
1.
Definición nominal. No define la cosa,
sino la palabra. Puede ser etimológica
o sinonímica; es un primer paso en la
aproximación a lo real.
