Martes - 22.Mayo.2012

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Etica y Política Etica y Política
Introducción a la filosofía Introducción a la filosofía
Curso de filosofía elemental Curso de filosofía elemental
Metafísica Metafísica
Filosofía sobre dios Teología natural
Metafísica y Persona Metafísica y Persona
Filosofía del hombre Filosofía del hombre
Filosofía del conocimiento Filosofía del conocimiento
Psicología Psicología
ética general Etica general
Filosofía / teología de la rel Filosofía / teología de la religión
Estética, arte y belleza Estética. Arte y belleza
Filosofía sobre la naturaleza Filosofía sobre la naturaleza
Sobre el materialismo Sobre el materialismo
Filosofía y derecho Filosofía y derecho
Filosofía de los valores Filosofía de los valores
Filosofía de la educación Filosofía de la educación
Filosofía actual del ser Filosofía actual del ser
Historia de la filosofía Historia de la filosofía
Conceptos frecuentes en filoso Conceptos frecuentes en filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
Cultura
Literatura
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Los secretos de tu cerebro
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.

03 b CAPÍTULO III. CIENCIA Y FILOSOFÍA (y 2) (Santiago Fernández Burillo)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo

Viene de:
CAPÍTULO III. CIENCIA Y FILOSOFÍA (y 2)
(Curso de Filosofía Elemental, de Santiago Fernández Burillo)

III. Prioridad de la teoría

Prioridad de la inteligencia

Hemos expuesto tres concepciones distintas de la filosofía y hemos comprobado que se han dado tanto en los tiempos antiguos como en los modernos. Lo que ahora nos interesa es la cuestión de saber cuál de ellas es la correcta y, por lo tanto, cuál de las tres facultades –intelecto, voluntad y sentimiento– tiene prioridad natural y asume el encargo de ser la guía de las otras. No obstante, no hay que pensar en términos de confrontación. Tal como lo vieron los griegos, no se trataba de excluir dos formas de vida para dar lugar a una sola, sino de armonizarlas. Según Platón y Aristóteles, la manera de unirlas todas es jerarquizarlas; sólo si reconocemos la hegemonía del intelecto podemos poner orden. El orden es cosa del pensamiento.
Resulta, pues, que la cuestión de decidir cuál de las tres facultades (intelecto, voluntad y sentimiento), o cuál de las tres actitudes (teórica, práctica y positivista) tiene la legítima prioridad es ya una importante cuestión filosófica. Es la cuestión de saber por qué elegimos un carácter, o estilo de vida, y no otro. Discutiendo este tema con los “positivistas” del siglo IV a. de C., el joven Aristóteles escribió lo siguiente: Tanto si se debe filosofar, como si no se debe filosofar, en todo caso, es preciso filosofar. En efecto, si la búsqueda de la sabiduría tiene objeto, entonces éste es el más valioso y debemos investigarlo; pero si no lo tiene, hay explicar por qué, y esa explicación ya es una filosofía. En cuanto nos pongamos a estudiar nuestra incapacidad para conocer la razón última de las cosas, estaremos filosofando; por tanto, es cierto: tanto si se debe filosofar, como si no; en todo caso es preciso filosofar. Desde Aristóteles, el sentido común y la historia han decidido la cuestión a favor de la teoría. Rechazar el primado de la teoría es una teoría, luego la actitud teorética tiene la hegemonía; ella decide qué lugar corresponde a la voluntad y al sentimiento. Ahora, jerarquizar supedita los saberes a principios. Hallar la armonía del hombre y el universo es referirse a principios. Se caracteriza a la filosofía como pensamiento a la luz de los principios, o bien, pensamiento que refiere todos los temas a los principios primeros.

La admiración: del mito a la teoría

Es un hecho histórico que la filosofía nació como actitud teorética. Antes habían sido el mito y la adquisición de la técnica, o artes prácticas encaminadas al bienestar y la utilidad. La teoría hizo pasar al mito a segundo plano. La actitud teorética comenzó desde el momento en que se advirtió que no todo está sometido al imperio del tiempo. Sin negar la importancia del tiempo, lo que la filosofía descubre es algo permanente en la realidad, y que se corresponde con la intelección.
Esta advertencia es la teoría. Ahora bien la teoría es obra del noûs, el elemento intemporal que hay en el hombre; la filosofía comienza pues con la advertencia del espíritu y su apertura a lo intemporal. El mito explica el presente por un pasado remoto. El mito es una interpretación del tiempo que dice: “No hay futuro. El futuro ya ha pasado”. El tiempo del mito es circular, es la “rueda del tiempo”. En el Mito del Eterno Retorno de lo mismo –que era la concepción dominante antes de la teoría, y todavía lo es en el extremo Oriente– el futuro está dado, lo que pasará es lo que “ya ha pasado”. Aquí no tiene cabida la libertad: no se puede crear el futuro si ya está dado; si el futuro consiste en repetir el pasado, no se lo puede evitar ni crear, está predeterminado.
La actividad teorética, por el contrario, no explica el presente por el pasado, sino por lo actual. La teoría explica las cosas por causas y principios que actúan “ahora”: lo que hay, lo que está existiendo, depende actualmente de principios. Así es la mirada (gr. theoreîn) teórica o contemplativa: atenta a lo actual no ya al pasado (mito); y descubre oportunidades, es inventiva, e innova.
El objeto de la admiración ha sido lo contrario de la actitud mítica. La admiración intelectual es el estado en que el hombre se siente cautivado por lo intemporal. Por el contrario, el mitólogo (narrador, poeta) es el hombre de larga memoria, que recuerda cómo se ha formado el mundo, a partir del caos, siguiendo las generaciones de los dioses. El mitólogo vaticina el futuro por el peso del pasado: el futuro no escapará a su suerte. El pasado vuelve. El mitólogo sabe el futuro, porque sabe el pasado. Ahora bien, eso se llama superstición. Quien ha sido educado en la teoría ve que la afirmación de que el futuro ya está dado (es pasado) conduciría a la inacción, al fatalismo y a la pasividad. Ha sido, pues, el primado de la teoría –no el del mito– lo que ha liberado a la acción humana del fatalismo. La libertad y creatividad humanas, tan típicas del hombre occidental, se benefician de la prioridad de la actitud teórica y metafísica. Hay una filosofía nacida de la maravilla, teórica, en el trasfondo de la confianza occidental en la libertad, para la acción ética, para el progreso. No es una casualidad que la ciencia, en el sentido moderno de la palabra, haya nacido y prosperado en Occidente.

Tales y Pitágoras. Mirar la tierra desde los astros

Si preguntamos ante un grupo: “El teorema de Pitágoras, ¿era verdad antes de Pitágoras?” La respuesta que todos dan sin pensarlo es “sí”. Parece evidente que su verdad no depende de Pitágoras, el hombre. Se diría que Pitágoras no ha “inventado” el teorema, sino que lo ha “descubierto”: se ha topado con él, como Cristóbal Colón topó con América, porque estaba en medio de su camino hacia las Indias Orientales. Como las constelaciones de las estrellas, así parece ser la verdad del teorema: intemporal.

Se suele decir que los primeros filósofos se maravillaron al contemplar el cambio, el constante devenir al que están sometidas todas las cosas de la tierra. Y es cierto. Pero debiéramos insistir un poco en este detalle: uno no se admira de algo si no lo encuentra “extraño”, esto es, si no toma distancia. Ahora, para extrañarnos de que las cosas cambien, de que “las generaciones de los hombres caen, como las hojas del bosque en otoño” (Homero), es preciso ver como másnatural la estabilidad de lo que no cambia que el movimiento. ¿Cómo se produjo esta transformación mental? Era una modificación importante, porque el mundo material no conoce la permanencia de lo intemporal. Al contrario, en el mundo sensible todo es cambiante, con independencia de la rapidez: de prisa o lentamente, en el mundo todo cambia. ¿De dónde viene, por tanto, la extrañeza y la admiración?

La filosofía nació en el corazón de hombres que miraban las estrellas. El primero fue Tales de Mileto (s. VI a. de C.), autor del teorema de las paralelas y uno de los “Siete Sabios” de Grecia, viajero, matemático, astrónomo e ingeniero. Tales comparó la región inconmensurable del cielo estrellado con la tierra en la que vivimos. Allá arriba estaban las cosas que “siempre son”, según se creía. Las estrellas eran lo permanente, la tierra lo transitorio. Los astros siempre iguales, no cambian, son eternos; mientras que en el mundo de aquí abajo todo es mudable e inconsistente. Tales fue el primero de los que se maravillaron “ante el origen del Todo”. ¿Por qué? Por causa de una especie de “vuelta de campana”, de una revolución mental consistente en invertir la forma habitual de mirar. Tales no parece ser alguien que mira las estrellas desde la tierra, sino uno que considera la tierra desde los astros; no mira hacia “lo que siempre es” desde un momento efímero del tiempo, sino que mira todo lo que cambia, nace, crece y muere, desde la estabilidad de lo intemporal. Lo que verdaderamente extrañó a Tales de Mileto no fue que los astros fueran eternos, sino que en la tierra todo fuese transitorio. No era el cielo, sino la tierra, lo que hacía falta justificar. Este mundo no se entendía; y entender le pareció imprescindible.

Encontrar a las cosas necesitadas de explicación, por ser temporales, significa compararlas con lo intemporal. ¿Cómo era posible tal comparación? Quien compara pone en relación dos extremos previamente conocidos. Por lo tanto, la mente humana conoce tanto lo eterno como el tiempo; dicho de otro modo: la mente humana (el noûs) tiene tanta o más afinidad con las estrellas que con la tierra. Por eso juzga que todo tiene un Principio: toda esta diversidad cambiante está dependiendo, “ahora”, de una única realidad que no ha cambiado ni cambiará nunca. La pregunta oportuna, por eso, era: ¿de dónde ha salido todo y a dónde se encamina?
La pregunta por el origen primero y el destino último sólo es posible para alguien que mire al mundo sensible desde las estrellas, esto es, desde una visión de lo intemporal. Desde un principio, la pregunta por la naturaleza (gr. Physis, lat.Natura) fue más allá de la física o cosmología, hasta las causas últimas, convirtiéndose así en metafísica. Quien investiga movido por la admiración filosofa, es decir, ama una especie de imposible: la sabiduría. Los teoremas, el amor y la filosofía tienen en común el adverbio “siempre”.

Ahora, hay diversas realidades que pueden admirar a la mente, de manera que hay diversas temáticas iniciales de la filosofía. ¿Qué realidades admiraron a los filósofos de ayer, como a los de hoy? El impresionante espectáculo del cielo astronómico mueve a admiración. Y también la autoridad de la conciencia, cuando formula el deber. El mismo hecho de conocer es admirable. Lo es, porque en todo conocimiento hay finitud e infinitud: todo lo que conocemos es cosa finita y, por otro lado, el “poder” de conocer no queda saturado por ningún objeto. Este poder se proyecta sin límite, tiene un no sé qué de infinito. Y los hombres lo han atribuido a la divinidad, hasta el punto de afirmar que la sabiduría no es cosa de los hombres, sino de Dios. Tal fue el caso de Sócrates y Aristóteles, en la Antigüedad; pero también el de Descartes, Leibniz y Hegel, en la modernidad.

Sócrates. La admiración de saber que no somos Dios

Una de las formas más sorprendentes en que se ha expresado la maravilla del conocimiento es el dicho de Sócrates: “Sólo sé que no sé nada”. Parece que Sócrates (470-399 a. C.) quería decir que, por el hecho de saber que nuestro conocimiento es limitado e imperfecto, lo hemos comparado ya con el saber infinitamente perfecto. ¿Cómo sabemos, si no, que es limitado? Y es sorprendente que tengamos idea de un saber perfecto, precisamente cuando reconocemos que nuestro saber es reducido, imperfecto.
¿Cómo tenemos idea del saber perfecto, sin saberlo? Lo cierto es que ya a los antiguos filósofos del paganismo les parecía que la sabiduría era propia sólo de Dios. Por lo tanto, al hombre correspondía no la sabiduría (Sophía), sino el amor a la sabiduría (Philosophia).
Modestia del nombre. Para designar la actividad nacida de la sorpresa, la admiración y la conciencia de la propia limitación, hacía falta una palabra modesta. No sabiduría, sino amor a la sabiduría. Eso quería decir en griego filosofía. Con ello quedaba claro que el hombre limita con lo suprarracional, y limita también con lo infrarracional, que encuentra al descender a la materia, a la singularidad, lo imprevisible y las excepciones. El hombre es un ser fronterizo.

Recapitulación. Una definición clásica de la filosofía

La actitud teórica es el hilo conductor de la historia del pensamiento. Mas las reacciones voluntaristas (praxis) o positivistas (póyesis) y antimetafísicas se presentan una vez y otra, sea como protestas ante el error o extravagancia de algunas teorías –sutiles pero ajenas a la vigencia de los principios–, o como pugna frente al realismo del sentido común. Recapitulemos:

a) La filosofía nace de la admiración, como teoría
b) Se separa del mito, abriendo el futuro, la libertad.
c) Limitada entre lo suprarracional y lo infrarracional, no reconoce otros límites que los de la misma razón humana.
d) Se pregunta por el origen primero y el fin último de todo cuanto existe.
e) A diferencia de las ciencias, no sólo se plantea preguntas concretas, sino que examina qué quiere decir “saber”, “inteligencia”, “realidad primordial”, etc.
f) Examina temas como Dios, el espíritu, la libertad, etc., pero no es religión.


Estas son algunas de las principales ideas que se desprenden de cuanto hemos expuesto en las páginas anteriores. Cabe notar que todas ellas encajan bien en la definición “escolar” del saber filosófico: “La filosofía es la ciencia de todas las cosas, por sus causas últimas, y adquirida por medio de la luz de la razón”.

Universalidad de la filosofía

La misma definición de la filosofía es ya un importante tema filosófico; en ella se pone en juego qué es lo principal, lo hegemónico, en el hombre y en la realidad completa. Puesto que hay diferentes concepciones del hombre y diferentes ideales de vida, la idea de “filosofía” ha sido también bastante distinta en cada época, según las escuelas. De ahí que el interés principal de este capítulo sea rastrear qué tienen en común: ¿qué es la filosofía, esa tarea tan humana y por ello tan diversa?
La definición “escolar” es menos ingenua de lo que puede parecer, deja abierta la cuestión: nos indica mejor lo que la filosofía no es, que lo que ella en sí misma sea. Al cabo, como amor a la sabiduría, se describe por una meta no concluida, que no cabe dar por supuesta.
Consideremos las cuatro partículas de esa definición “escolar”:

a) ciencia: por contraposición a la experiencia y a las opiniones; 
b) de todas las cosas: a diferencia de las ciencias (particulares); 
c) por causas últimas: a diferencia del método científico experimental o descriptivo, que explica por causas próximas; 
d) adquirida por la luz de la razón: a diferencia de la fe y la teología, que se fundan en la Revelación, superior a la razón y comprensión humanas.

Notemos que de ahí se desprende una descripción negativa (por tanto no hay “definición”), que nos indica lo que “no es” filosofía:
–No es un repertorio de opiniones subjetivas, ni alguna experiencia singular.
–No es una ciencia particular.
–No es ciencia experimental. Ni tampoco la suma de todas ellas.
–No es la teología, ni una religión.

Cabría añadir que la filosofía no es algo impersonal –como el estado de la ciencia o una historia del mundo–; así como raramente una innovación científica nos cambia la vida, también sería raro que la filosofía que uno hace suya no comprometiera su modo de vivir. Además, y por lo mismo que la sabiduría humana no es un sistema de conceptos bien encajados entre sí y concluso, es extraño a ella el propósito de darla por concluida, de “cerrar” el sistema. En referencia a este empeño, que se ha dado en alguna ocasión, afirma Leonardo Polo que toda sabiduría humana es prematura. Invito al lector a meditar esta afirmación en su sentido más positivo, como si dijera que la sabiduría humana (la filosofía) puede coincidir con su proceso de maduración personal.



IV. Apéndice. Las ramas de la filosofía. Definiciones

Cuadro esquemático del saber y sus grados

I. Orden sobrenatural. Saber sobrenatural (revelación, fe teologal, sagrada teología)
II. Orden natural. Saber natural (naturaleza, razón, filosofía y ciencias), que se divide:

...A. Orden real o independiente de la razón, que abarca:
.....1. Orden natural (Filosofía natural o Cosmología, Psicología)
.....2. Orden ontológico (Metafísica u Ontología) 
.....3. Orden teológico (Teología natural o Teodicea) 

...B. Orden racional, en los actos de la razón (Filosofía racional o Lógica).
...C. Orden moral, en los actos de la voluntad (Filosofía moral o Ética).
...D. Orden técnico, en los actos de la razón que produce artefactos (Técnica y ciencias aplicadas). 

(Cf. Jesús García López, Tomás de Aquino, Maestro del orden, Madrid, 1985 y 1987; págs. 24-31. Editorial Cincel)


Definiciones

Filosofía (definición escolar clásica). Ciencia, de todas las cosas, por sus causas últimas, adquirida mediante la luz de la razón natural. Se divide en especulativa y práctica, según se ordene a conocer la verdad de las cosas o a guiar la acción.

Filosofía natural (o Cosmología). Parte de la filosofía especulativa que tiene como objeto el ser cambiante o móvil. Como los seres cambiantes son sustancias corpóreas, indaga la estructura del ser en cuanto sujeto del cambio y sus causas (materia y forma, causa eficiente y final), así como la esencia de la corporeidad, del espacio y el tiempo.

Psicología (Del gr. psykhé; en lat. anima). La Psicología racional es una parte de la Filosofía natural, su objeto es el ente natural viviente. Considera la vida como un tipo de movimiento; vivir es movimiento espontáneo o automovimiento. La materia sola no explica la vida: las piedras son cuerpos y no viven. Se atribuye la vida al alma, como su principio radical e intrínseco al cuerpo; se la define como forma sustancial del cuerpo. Los hechos psíquicos se diferencian de los hechos físicos; y se clasifican en: cognoscitivos y apetitivos, sensibles o intelectuales.

Antropología (o Antropología trascendental), la filosofía realista actual asume algunos planteamientos del idealismo moderno, y los logros de la tendencia personalista, considerando la Psicología racional clásica en un nivel más alto, equivalente al metafísico, pues su tema es el ser personal. Se puede admitir que el ser cósmico y el ser personal son realmente diferentes; ello conlleva la distinción entre Metafísica y Antropología sin menoscabo del realismo filosófico (Leonardo Polo).

Metafísica. Es la ciencia especulativa por excelencia; todas las ciencias filosóficas son tales en la medida en que toman sus principios de la Metafísica; tiene por objeto el ente en cuanto ente y los principios del ser y del pensar. El tratado de Aristóteles sigue siendo su texto fundacional y la referencia obligada. En cuanto se ocupa de los principios de la razón (especulativa y práctica) es sabiduría: todas las ciencias se valen de los principios, pero ninguna los investiga.
Si se acepta la distinción de Antropología trascendental y Metafísica, entonces se debe decir que la Metafísica no versa primordialmente sobre un objeto: el ser no es “objeto”, sino acto. Sobre el ser como acto primero versa el hábito de los primeros principios (no-contradicción, causalidad e identidad). Sobre el ser como acto de ser personal versan el hábito de sabiduría y la sindéresis. Este planteamiento se presenta como complementario, no como alternativo, del clásico. 

Teoría del conocimiento. Es la Metafísica que investiga la esencia del conocimiento y, en segundo lugar, la cuestión de la posibilidad de conocer la verdad, cuál es la naturaleza de ésta y la del error. En cuanto busca una norma para discernir la verdad del error, se llama también Crítica o Criteriología, porque su objeto es el criterio de la certeza.
No se la debe confundir con la Metodología de las ciencias, llamada también Epistemología, la cual es, si acaso, una parte de la Lógica.

Ontología. Ciencia del ente en cuanto ente (lo existente; lat. ens). El nombre Ontología (literalmente: “tratado del ente”), es sinónimo de Metafísica, acuñado en la modernidad.

Teología natural (Teodicea). Aristóteles llama a la Metafísica “filosofía primera”, porque versa sobre lo primero (el ser) y sobre los principios primeros de la inteligencia; la llama también Theología, tratado del ser primero o del Principio primero. No se debe confundir con la sagrada Teología, porque los principios de ésta son los datos de la fe. La Teología natural investiga la existencia y naturaleza de Dios, primer Principio o Causa suprema, a partir de la experiencia humana y los principios de la razón. Es la coronación de la Metafísica. Desde Platón y Aristóteles, hasta Hegel, los filósofos han considerado que “teología” era casi sinónimo de “metafísica” y, por tanto, casi lo mismo que la filosofía.

Lógica. Parte de la filosofía práctica. Se define: “arte directiva del acto de la razón, por la que el hombre razona ordenadamente, con facilidad y sin error”.
Aquí arte es sinónimo de saber práctico o ciencia práctica. La Lógica es el arte de pensar bien, esto es, “una ordenación de la razón, de manera que sus actos lleguen al fin debido”. La razón reflexiona sobre sí misma; por eso, no sólo puede dirigir los actos de las demás facultades, sino también los suyos propios. 
–Cuando la Lógica considera sólo la “forma” o corrección de los razonamientos o inferencias, se llama Lógica formal; ésta investiga las leyes de la inferencia o deducción infalible de conclusiones a partir de cualesquiera premisas.
–Cuando la Lógica considera la “materia” de los razonamientos, esto es, los conceptos y juicios en su expresión lingüística, se llama Lógica material, ésta estudia los signos (semiótica) y la interpretación del lenguaje (filosofía del lenguaje).
–La Epistemología o Metodología de las ciencias tiene por objeto establecer qué es ciencia y cuáles son los métodos científicos. Hay diversos tipos de ciencias, también diversos métodos.
–La Retórica estudia el razonamiento persuasivo o probable. Es el método de algunas ciencias sociales, que se fundamentan en la observación, mas no describen hechos ciertos sino voluntarios.

Ética (Moral). Filosofía práctica que considera el orden que la razón introduce en los actos de la voluntad. Tal orden se establece con vistas al fin último de la vida, viene expresado por la Ley moral natural y se va haciendo hacedero con la adquisición de buenos hábitos, o virtudes, morales. La Filosofía moral define y demuestra sus objetos apelando, principalmente, a la causa final, es decir, al fin al que se ordena la acción. Por eso, el gran tema de la ética o filosofía moral es el destino humano.
Puesto que el hombre es un ser destinado y capaz de realizar su destino, la libertad es central en la vida moral. Los temas capitales de la ética son, pues: 1) la libertad, 2) el bien y los bienes, 3) las virtudes, y 4) la norma, los deberes.

Sociología, Política, Derecho. Son ciencias subordinadas a la ética, porque toman de ella sus principios primeros y no pueden contradecirla. Juntamente con la historia y la economía, constituyen las ciencias del hombre o sociales. Todas ellas, como la Psicología, son actualmente ciencias independientes, o particulares; no obstante, su raigambre filosófica es tan honda que sus diversas escuelas o tendencias responden a la diversidad de filosofías de sus autores. Más aún que las ciencias de la Naturaleza y la técnica, las ciencias sociales se rigen por principios filosóficos y éticos; dicho de otro modo: las crisis sociales, políticas, jurídicas, etc., entrañan siempre componentes sapienciales.

17/11/2007 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.99:0.35
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós