| Por Manuel Fontán
¿Qué es la cultura?
Es el mundo interpretado por los hombres. Paul Valery, el poeta francés, decía que la cultura es aquello que hace que seamos lo que somos y de lo que nos hemos olvidado.
¿Cuáles son las notas características de la cultura occidental?
Se han dado muchas respuestas a lo largo de la Historia. Lo característico de la cultura occidental es que, en un momento determinado, tuvo lugar en ella la pregunta filosófica. No acerca de qué somos como cultura, sino acerca de quiénes somos en cuanto seres humanos, con independencia del sitio en el que hemos nacido y en el momento en el que hemos nacido.
La cultura occidental tiene raíces cristianas. Pero, actualmente, se prescinde de ellas. ¿Qué aporta el cristianismo a la cultura occidental?
En primer lugar, es imposible explicar la cultura actual sin el cristianismo. Lo cual no quiere decir que la cultura actual siga siendo cristiana. Dice un escritor contemporáneo que cuando se produce la muerte de Dios, cuando Dios deja de ser al menos una hipótesis explicativa, empiezan a endiosarse otras realidades. El cristianismo aporta el sentido del misterio, con la esperanza de dar al misterio una respuesta. Aportar la idea de que las culturas no se bastan a sí mismas. Es decir, la realidad y el mundo no se acaban en sí mismos. Hay algo más. Aporta el sentido de la trascendencia como un elemento que, por ejemplo, tiene una enorme fuerza contra el inmenso aburrimiento que nos invade. Aporta profundidad, una profundidad que es posible buscar y encontrar en la superficie, porque no es una profundidad esotérica. Aporta misericordia, sentido de la justicia. Muchísimas cosas.
¿Qué aporta a una determinada cultura el contacto con otras realidades culturales?
Aporta riqueza. Por ejemplo, la cultura española tiene aspectos muy valiosos. Quizá, no somos unos genios en música, pero sí hemos tenido grandes genios en la literatura. Y el conocimiento de esa literatura puede aportar riqueza a países que, a lo mejor, han sido grandes productores de cultura en términos musicales, pero no literarios. En cualquier caso, me parece más interesante el hecho de que dos culturas entren en contacto que el valor de los productos culturales que se puedan intercambiar. Creo que es muy importante el contacto con otra cultura porque eso ayuda a conocer algo que no es propio, y eso tiene valor porque amplía el horizonte. Eso es riqueza en sentido filosófico. Además, se es más sabio respecto a lo propio. Por ejemplo, el sentido de la patria o de lo propio que tienen las personas que han vivido en el extranjero, muchas veces, es más acusado que el sentido de la
patria que tienen los que siempre han vivido en su propio país.
(En Alfa y Omega, nº 284, 6.12.2001)
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