| de Ramón del Valle-Inclán
Colección Austral juvenil, Espasa-Calpe, 1982.
El humor de la farsa anima a los personajes de esta obra teatral, la única que Valle-Inclán escribió para niños. Tras la apariencia de un cuento de hadas, una bella infantina a punto de ser devorada por un dragón y un valiente príncipe que será su salvador, se esconden muchas referencias históricas de la época del autor, vigentes también en la nuestra. La Princesa se dispone a entragarse a las fauces del Dragón para salvar al reino de Micomicón. ¿Qué sucede en ese reino que debe ser salvado? Muchas cosas malas. Cierto día llega un barco de tierras lejanas. El reino se despuebla para ir a esperar al navío. El Prícipe le confía al Bufón:
PRÍNCIPE VADEMAR.- Por todos los caminos hallé gente que acudía a esperar ese navío. Sólo quedarán aquí los viejos y los inútiles.
EL BUFÓN.-¡Los viejos, los inútiles! ¿Qué locuras estás diciendo? En otro tiempo algunos hubo; pero ahora se ha dado una ley para que los automóviles los aplasten en las carreteras. ¿De qué sirve un viejo de cien años? ¿De qué sirve una vieja gorda? ¿Y los tullidos que se arrastran como tortugas? Ha sido una ley muy sabia, que mereció el aplauso de toda la Corte. Así se hacen fuertes las razas. Tú es posible que no la halles bien, porque eres un sentimental. Lo he conocido desde el primer momento, en cuanto me convidaste a cenar. ¡Eres un sentimental!
Una obra que puede ser leída o representada gracias a sus divertidos diálogos y a la diversidad de sus personajes y situaciones.
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