Por Juan Pedro Aparicio
La familia rodeaba al moribundo.
El moribundo habló con lentitud:
-Siempre creí que yo no viviría mucho.
Los niños clavaban en él sus conmovidos ojos.
El moribundo continuó tras un suspiro:
-Siempre tuve el presentimiento de que me iba a morir muy pronto.
El reloj del comedor tocó la media y el moribundo tragó saliva.
-Luego, a medida que he ido viviendo, llegué a creer que mi presentir era falso.
El moribundo concluyó juntando las manos:
Ahora, ya veis: con ochenta y seis años cumplidos comprendo que ese presentimiento ha sido la mayor verdad de mi vida.
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En la Revista Nuestro Tiempo, Nº 517-518,(Págs. 126-127)
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