| Por Araceli de
Anca Abati
La alegría del servir está escondida en la
naturaleza humana, y... ¡pobre del que no la descubra!,
porque encontrará muchas amarguras en su vida.
Por eso, la Virgen, criatura perfecta, nacida sin pecado
original (cfr. Bula Ineffabilis Deus, 8-12-1854)
-"más que Ella sólo Dios"-,
se siente esclava, pero "esclava del Señor"
(Lucas 1, 38), y al servir, se hace Señora.
La Virgen es, por antonomasia, la Señora.
***
O servimos, tú y yo, a Dios -al tiempo que nos enseñoreamos
en lo creado- o servimos a otros dioses: dinero, placeres,
egoísmo..., al tiempo que nos esclavizamos en la tiranía
de nuestros caprichos, apetencias...
El que no quiere la esclavitud del Amor divino y se rebela
contra su Señor Natural, habrá de soportar aquello
que sentencia la sabiduría popular: "El que escupe
contra el cielo, encima le cae su salivazo".
***
A todos, el Señor invita en el Salmo 99:
"Servid a Dios con júbilo, venid gozosos
a su presencia" (Salmo 99, 2).
Y san Pablo nos dice:
"¿Acaso no sabéis que si os ofrecéis
vosotros mismos como esclavos para obedecer a alguien, quedáis
sujetos a aquél a quien obedecéis, bien al pecado
para la muerte, bien a la obediencia para la justicia?"
(Romanos 6, 16).
© Araceli de Anca Abati
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