| La moda, la infinidad
de gustos, aquello que cambia de un día para otro, de época
en época, del según qué... produce, lo vemos cada día, mundos
de criterios opinables y del todo cambiantes. Pero el número
1, el 2, el 3... y las reglas de sus operaciones aritméticas
no cambian nunca.
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Así, tampoco cambian los Mandamientos -Ley Natural-, que,
promulgados por el Creador en el Monte Sinaí, a la vez que
inscritos en el corazón del hombre, su vigencia permanecerá
hasta el fin del mundo.
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Y nosotros, que recordamos el Salmo 118: Señor, Dios mío,
"A no haber sido tu Ley el objeto de mi meditación, hubiera
sin duda perecido en mi angustia. Nunca jamás olvidaré tus
justísimas instituciones; pues me diste en ellos la vida.
Tuyo soy, sálvame: pues que he investigado con ansia tus mandamientos"
(Salmo 118, 92-94)... ...agradecemos que la Ley de Dios permanezca
íntegra; ”No penséis que he venido a abolir la Ley o los
Profetas -dice Jesús-; no he venido a abolirlos sino
a darles su plenitud" (Mateo 5, 17).
© Araceli de Anca Abati
© Arvo Net 2004
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