| Por Araceli de
Anca Abati
Contra envidia, caridad.
Fue el pecado de envidia el causante del primer crimen que
registra la historia de la humanidad. Caín no recibió
ofensa alguna de Abel, le mató porque no soportaba
ver a su hermano corresponder generosamente con sus ofrendas
al Amor que Dios le mostraba.
Pues... es más fácil perdonar una ofensa personal
que la "sombra" que nos hacen, o creemos que nos
hacen.
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Por eso, si queremos rezar sinceramente el Padrenuestro, debemos
saber liberar nuestra envidia, "perdonando", pasando
por alto ese algo que jamás fue ofensa.
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¿Perdonando?... Más que perdonar: ¡Alabar
y dar gracias a Dios! Darle gracias porque distribuyó
sus Dones a manos llenas entre los hombres, y porque nosotros
también los recibimos, diferentes quizá de esos
que nos producen envidia. Y si desconociéramos qué
Dones Dios nos ha regalado, deberíamos descubrirlos
para ponerlos al servicio de nuestros hermanos los hombres.
Así, trocaremos envidia por Caridad.
Dice san Pedro: "Que cada uno ponga al servicio
de los demás el don que ha recibido, como buenos administradores
de la multiforme gracia de Dios" (I Pedro 4, 10).
© Araceli de Anca Abati
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