Nuevos estudios sobre
la historicidad de los Evangelios
Por
Santiago Ausín y Juan Chapa
*
En los últimos años estamos asistiendo a un
importante resurgir de trabajos científicos
y divulgativos en torno a Jesús y los
orígenes del cristianismo. Algunos
resucitan la crítica racionalista de¡ siglo
pasado; otros toman los datos históricos sin
excluir la fe; los hay también que se
aproximan al fideísmo. En cualquier caso,
libros recientes sobre Jesús han alcanzado
amplia difusión en muchos países. Con
ocasión de la pasado Pascua, varios revistas
internacionales (Time, Newsweek, U.S.
News & World Report) han llevado a sus
portadas la persona de Jesús. Es verdad que
en parte esos reportajes recogen temas o
libros sensacionalistas; pero no deja de ser
sintomático que la figura de Jesús siga
teniendo tanto atractivo.
Hay razones que explican esta floración de
trabajos sobre Jesús en una sociedad, por
otra parte, tan materialista y secularizada:
- Una es la proliferación de sectas
fundamentalistas y la abundancia, sobre todo
en América, de telepredicadores que con
escaso rigor científico presentan los
Evangelios como dictados letra a letra por
Dios, menospreciando con malos modales la
labor científica de la exégesis: "Si lees el
Evangelio de Mateo --decía uno de estos
predicadores--, puedes emplear dos tardes, y
sacarás algún provecho y claridad. Pero si
escuchas a un estudioso del mismo Evangelio,
necesitarás meses y terminarás cada día más
confuso". Irónico, pero lamentable.
- Otra razón, quizá la más relevante, es la
novedad que han aportado los recientes
descubrimientos de textos antiguos, tanto de
la época inmediatamente anterior y
contemporánea a Jesús (Qumrán: ver servicios
99 y 102/94), como de los primeros siglos de
la Iglesia (apócrifos del Nuevo Testamento,
textos gnósticos de Nag Hammadi, etc.). A
partir de estos textos se conoce mejor la
Palestina del siglo I y el ambiente del
Imperio Romano en que se implantó la
Iglesia. Además, hoy más que nunca, las
universidades y centros de estudio tienen a
su alcance medios técnicos que agilizan el
uso de textos hebreos, arameos, griegos o
coptos.
- Un dato más es que la investigación de
primera línea se ha trasladado en los
últimos veinte años del área germana
(Schweitzer, Bultmann, Käsemann, etc.) al
ámbito anglo-norteamericano. Quizá esto
explica la difusión entre el gran público de
hipótesis que en otro tiempo no traspasaban
los límites de los especialistas.
Temas en discusión
Muchos de los autores contemporáneos son
deudores de los planteamientos de principios
de siglo. Desde entonces está sobre el
tapete la relación entre ciencia y fe, a
veces planteada en términos de cultura y
fe. Aplicando ese binomio a la figura de
Jesús, surgen varias preguntas. ¿El Cristo
de la fe, es decir, el que creemos a partir
de lo que sus discípulos nos trasmitieron
tras su muerte y a la luz de la fe en su
resurrección, es el mismo que el Jesús de la
historia, el Jesús de Nazaret que predicó,
se hizo seguir por unos discípulos y murió
en la cruz? ¿Se puede demostrar
científicamente la historicidad de lo que
narran los Evangelios y de lo que confesamos
en el Credo?
Otro tema que subyace en las cuestiones
actuales es la relación entre la figura de
Jesús y el cristianismo. Cuanto más
profundo parezca el foso de separación entre
Jesús y el "movimiento religioso" que
promovieron sus discípulos, más parecería
tambalearse el cristianismo que profesan los
bautizados. De ahí las preguntas: ¿Tenía
Jesús conciencia de ser el Mesías y el Hijo
de Dios?; ¿era Jesús un personaje con
especiales dotes de curación o era de verdad
el Salvador y el Redentor de todos los
hombres?
Testimonios acerca de Jesús
Para mostrar científicamente la historicidad
de un acontecimiento de la antigüedad hay
que tener en cuenta tres tipos de
testimonios: los arqueológicos, los
literarios externos y los literarios
internos.
Los testimonios arqueológicos sobre Jesús
son muy escasos, pues los cristianos
tuvieron que abandonar precipitadamente
Jerusalén y Palestina en el año 70. No
pudieron conservar ni lugares ni objetos
pertenecientes a Jesús. Es prácticamente
imposible encontrar la casa de Nazaret, o la
tumba en Jerusalén. Únicamente hay vestigios
(piedra del Gólgota, templo herodiano de
Jerusalén, disposición de casas o calles,
etc.) que concuerdan con los datos
geográficos de los Evangelios, y con
antiguas tradiciones culturales en tomo a
esos lugares.
Los testimonios literarios son, por tanto,
prácticamente los únicos de que disponemos
sobre Jesús. Éstos son muy importantes y
variados. Los más relevantes son los
considerados como canónicos, es decir,
Evangelios, Hechos de los Apóstoles y
Epístolas. Pero también hay que tener en
cuenta la literatura extra-canónica, a
saber, las alusiones que hacen el
historiador judío Flavio Josefo y otros
historiadores romanos. Estos datos se
comparan con fuentes literarias judías
(apócrifos del Antiguo Testamento,
manuscritos del Qumrán, los targumim
o traducciones arameas de la Biblia, la
literatura rabínica), con fuentes
helenísticas (papiros mágicos, textos
retóricos greco-romanos, escuelas
filosóficas griegas) y con fuentes
cristianas no canónicas (como apócrifos del
Nuevo Testamento o textos gnósticos de Nag
Hammadi, entre los que hoy muchos autores
destacan el Evangelio de Tomás).
Cuatro búsquedas
La búsqueda (quest en inglés) del
Jesús histórico se puede dividir en cuatro
periodos:
1) Old quest.
En 1778, con la publicación de la obra
póstuma de Reimarus se inicia una etapa en
la presentación de un Jesús distinto del que
hasta entonces ofrecían el Nuevo Testamento
y la tradición de la Iglesia. Esta obra de
carácter antidogmático, marca el comienzo de
una búsqueda caracterizada por la
subjetividad de las investigaciones sobre
Jesús y cuyo ejemplo clásico es la Vida
de Jesús de D.F. Strauss (1835).
2) No quest.
A partir de 1921 se abre con Rudolf Bultmann
una segunda etapa. La distinción entre el
Jesús histórico y el Cristo de la fe que él
propugnaba disocia el uno del otro al
afirmar que lo que conocemos de Jesús es la
imagen de un Jesús mitificado por sus
discípulos. Esta postura llevó a pensar que
la búsqueda del Jesús histórico era
prácticamente imposible.
3) New quest.
En 1953, E. Kásemann reacciona contra su
maestro Bultmann. Se da comienzo así a una
nueva etapa en la que se subraya la
continuidad entre el Cristo de la fe y el
Jesús histórico. Aunque su postura supuso
una reacción a la negación anterior, durante
la década de los 60 y 70 hay todavía un
cierto predominio de una actitud escéptica.
Se sigue manteniendo que es poco lo que
podemos saber sobre Jesús.
4) Third quest.
Más recientemente, en tomo a los años
'finales de los 70 y en la década de los 80,
se ha producido una revitalización de la
búsqueda del Jesús histórico. Como ya se ha
señalado, esto se ha debido en parte a la
aparición de nuevas fuentes y a los nuevos
métodos de interpretación aplicados a la
Biblia. Como consecuencia, se ha llegado a
un consenso generalizado de que no sólo
Jesús realmente existió, sino que
ciertamente sabernos bastante o mucho de lo
que Él hizo y dijo. Ahora bien, no hay ni
mucho menos un acuerdo sobre el cuánto y el
cómo de lo que hizo y dijo.
Sin embargo, todavía en muchos ambientes
sigue abierta la zanja entre el Jesús
histórico y el Cristo de la fe. En
consecuencia, predomina el interés por
"depurar" los Evangelios canónicos de
cualquier afirmación que contenga un mensaje
de fe, mientras que se acepta con menor
exigencia crítica el testimonio de escritos
extrabíblicos, judíos o profanos, que se
toman como fuente fiable de conocimiento
sobre Jesús y sobre las primeras
generaciones cristianas. Con todo, hoy en
día, en el campo de los estudios bíblicos se
acepta que el Jesús histórico no tiene que
ser necesariamente distinto del Cristo de la
fe.
Es destacable el consenso en el carácter
judío de Jesús -en parte por los estudios de
Geza VerTnes (1), ex sacerdote católico de
origen judío y en la actualidad profesor en
Oxford, para quien Jesús es simplemente un
judío más- y en el papel que jugó en la
sociedad de su tiempo. En este sentido se
ha generalizado una perspectiva sociológica
-iniciada principalmente por Gerd Theissen
(2) a finales de los 70-, que presta una
especial atención a la "identidad social" o
al "tipo social" de Jesús, es decir, a la
categoría en que los contemporáneos de Jesús
le habrían colocado.
Sensacionalismo
Aprovechando el valor y la novedad de la
investigación de los últimos años se
entiende que aparezcan obras de carácter
sensacionalista, divulgando lo más llamativo
de algunas hipótesis todavía no
demostradas. Entre ellas destaca el libro
"Los cinco Evangelios", editado por el
Jesus seminar. Este seminario, llamado
así por los que lo fundaron en 1985, Robert
W. Funk y John Dominic Crossan (3), está
constituido por algunos estudiosos (incluido
Paul Verhoeven, más conocido por ser
director de películas como Instinto
básico o Showgirls), que pretenden una
nueva búsqueda del Jesús histórico.
Después de examinar más de 1.500 dichos
atribuidos a Jesús en los cuatro Evangelios
y en el Evangelio de Tomás, decidieron por
votación qué palabras fueron realmente
dichas por Jesús (en cuyo caso se presentan
en rojo), cuáles puede dudarse si se
originaron en Jesús (en rosa), aquellas que
no son de Jesús pero contienen algunas ideas
que son cercanas a él (en gris), y las que
han sido embellecidas o creadas por sus
seguidores, o tomadas de la sabiduría
popular común (en negro). El resultado fue
que en "Los cinco evangelios" sólo un 18%
del texto aparece en color rojo. En un
futuro próximo publicarán los "Hechos de
Jesús" conforme al mismo procedimiento y, al
parecer, con los mismos resultados.
Funk es un ex predicador evangélico
preocupado por hacer llegar al gran público
lo que se discutía en el mundo de la
investigación. Figura aún más destacada del
seminario es Crossan, irlandés afincado en
EE.UU., que fue religioso servita durante
bastantes años y, gracias a su buena pluma y
a una retórica formidable, ha conseguido
vender miles de ejemplares de sus obras
(4). La figura de Jesús que presentan no
tiene nada en común con la imagen que nos
ofrecen los Evangelios. Para Crossan, por
ejemplo, Jesús era un campesino que siguió
el modelo de los maestros itinerantes
cínicos, predicando un programa de
renovación social. No hay espacio aquí para
una crítica de su obra, pero en realidad el
producto no difiere mucho de las
subjetividades de la Old quest.
Investigadores más serenos han formulado
severas recriminaciones al método y al
resultado del Jesus seminar.
Invenciones y fantasías
En una línea también revolucionaria se
encuentra Marcus Borg (5), que comenzó
siendo luterano, pero, tras pasar por el
budismo y el ateísmo, ha vuelto a un nuevo y
personal cristianismo. Borg propugna que
Jesús fue una persona muy espiritual, un
sabio subversivo, un profeta social fundador
de un movimiento, una especie de curandero o
un santón, un místico judío.
Hay otros libros basados en imaginaciones de
los autores, a pesar de sus pretensiones
académicas, como la obra de Barbara Thiering
(6), que a partir de los manuscritos del Mar
Muerto mezclados con datos de otras fuentes
describe cómo Jesús no sólo no murió en la
cruz, sino que se casó con María Magdalena,
tuvo dos hijos, y después se divorció para
casarse con Lidia, y morir quizá en Roma.
Merece una mención especial un libro que, si
bien no puede calificarse de
sensacionalista, está causando, sobre todo
en Estados Unidos, cierto revuelo. Tal es
la obra de John Meier, sacerdote católico,
profesor de la Universidad Católica de
América en Washington (7). En ella afirma
que sólo hay datos suficientes para dibujar
un boceto de lo que Jesús hizo y dijo. Sin
embargo, a pesar de su aparente erudición y
cuidado en el manejo de los datos recogidos
en un libro de 1.600 páginas, llega sin
demostración convincente a conclusiones tan
llamativas como que Jesús nació en Nazaret,
no en Belén, y tuvo al menos cuatro hermanos
y dos hermanas. Otras muchas de sus
afirmaciones son también muy discutibles.
Reacciones peligrosas
Ante semejantes posturas surgen reacciones,
igualmente sensacionalistas, de personas que
se presentan como defensoras de la verdad
del Evangelio. Tratan de refutar los
argumentos de autores como los arriba
mencionados con igual apasionamiento y
sirviéndose también del mismo estilo
divulgativo. Este es el caso de Luke
Timothy Johnson, que ha arremetido sin
piedad contra los "nuevos descubrimientos"
sobre Jesús (8). Johnson, que dejó el
sacerdocio para casarse con una divorciada y
a quien se le había prohibido enseñar en
escuelas católicas, a la vez que muestra
certeramente muchos de los puntos débiles de
la investigación sobre Jesús, deja entrever
una actitud antihistoricista que favorece
posturas acientíficas y fideístas. Defiende
ciertamente que los Evangelios y las cartas
de Pablo y otros pocos textos no canónicos
proporcionan una historia creíble de Jesús;
pero también asegura que eso no tiene
especial interés, pues lo que importa es el
mensaje de Jesús y lo que significa para la
vida de cada persona.
Otra reacción igualmente peligrosa es
presentar como incontestables algunos
testimonios que no están suficientemente
probados. Así, Carsten Peter Thiede viene
divulgando la existencia de un texto de
Marcos en Qumrán, o que unos fragmentos de
un papiro del Evangelio de Mateo hasta ahora
datado en el siglo II, son realmente del año
70 d.C. (9). Sus afirmaciones, no obstante,
se apoyan en argumentos muy débiles y en un
método inadecuado.
Para saber enjuiciar
Ante esta situación, cabe alegrarse por el
auge de los trabajos en torno a la figura de
Jesús. Ahora bien, para no caer en
actitudes simplistas y saber enjuiciar obras
como las que han aparecido recientemente y
otras que probablemente se publicarán, puede
ser conveniente recordar algunos criterios
que sirvan como referencia.
a) La separación entre el Jesús histórico
y el Cristo de la fe induce a error. La fe
de la Iglesia cree en un solo Jesucristo, el
Hijo de Dios, nacido de María Virgen, que
murió y resucitó.
b) Los estudios científicos sobre la vida
de Jesús proporcionan nuevos detalles que
ayudan a una mejor comprensión de lo que
Jesús hizo y dijo, o de quién o cómo era
Jesús a los ojos de sus contemporáneos.
Pero el carácter científico de un libro que
presente como novedad datos que contradigan
a los Evangelios cae bajo sospecha. Los
testimonios de los Evangelios y las cartas
de San Pablo son fiables para un cristiano
no sólo por la fe en la Iglesia, sino porque
están avalados históricamente como más
fiables que los otros.
e) A la hora de leer los Evangelios se ha
de tener en cuenta que hay dos posibles
lecturas compatibles entre sí. La lectio
divina o lectura que se hace de los
Evangelios como palabra de Dios, que tiene
por objeto central a Jesucristo, el Hijo de
Dios encarnado, sus obras, sus enseñanzas,
su pasión y su glorificación; y una lectura
científica, que no se opone ni contradice a
la primera, sino que la completa al estudiar
los Evangelios como documentos de la
antigüedad, en orden a una mejor comprensión
e interpretación. Para ello se aplican los
métodos histórico-críticos, que permiten una
mayor profundización y conocimiento de las
Escrituras.
Ambas lecturas compaginan la realidad de lo
que son los Evangelios: relatos
procedentes de discípulos testigos de la
resurrección de Jesús, escritos con una
ayuda especial del Espíritu Santo, y
destinados a proclamar el mensaje cristiano
a unas comunidades concretas. Por
tanto, los cristianos no van a rechazar los
estudios que traten de exponer de manera
científica lo que se contiene en los
escritos canónicos, ni van a tener miedo de
que su lectura desde la fe de la Iglesia
vaya a ser una lectura fundamentalista que
entienda el texto al pie de la letra en
todos sus detalles. Al contrario, con la
ventaja que proporciona la seguridad de que
no hay oposición entre fe y razón, los
cristianos acogerán todo lo que la ciencia
aporte como una ayuda para un mayor
conocimiento del Jesús terreno, el Hijo de
Dios hecho hombre.
*Santiago
Ausín
y Juan Chapa
son profesores de Sagrada Escritura de
la Universidad de Navarra.
(1) G. Vermes, Jesus the Jew,
Nueva York, 1973 (Jesús el judío,
Barcelona, 1977); Jesus and the World of
Judaism, Londres, 1983; The Religion
of Jesus the Jew, Londres, 1993 (La
religión de Jesús el judío, Madrid,
1996). (2) G. Theissen, Studien zur
Soziologie des Urchristentums, Tubinga,
1979 (Sociología del movimiento de Jesús,
Santander, 1985); La sombra del
Galileo. Las investigaciones históricas
sobre Jesús traducidas a un relato,
Salamanca, 1988.
(3) R.W. Funk, R.W. Hoover and the Jesus
Seminar, The Five Gospels. The Searchfor
the Authentic Words of Jesus, Sonoma,
1993.
(4) J.-D. Crossan, Historical Jesus.
The Life of a Mediterranean Jewish Peasant,
San Francisco, 1991 (Jesús: vida de un
campesino
judío,
Barcelona, 1994); Jesus.
A Revolutionary Biography,
San Francisco, 1994; Who killed Jesus?,
San Francisco, 1996.
(5) M.J. Borg, Meeting Jesus Again
for the First Time, San Francisco, 1994.
(6) B. Thiering, Jesus and the Riddle
of the Dead Sea Scrolls. Unlocking the
Secrets of His Life Story, San
Francisco, 1992.
Para una crítica de este libro, cfr. 0. Betz-R.
Riesner, Jesús, Qumrán y el Vaticano,
Barcelona, 1994, especialmente pp. 139-156
(ver servicio 53/95).
(7) J.P. Meier, A Marginal Jew:
Rethinking the Historical Jesus (2
vols.), Nueva York, 1991-1995.
(8) L.T. Johnson, The Real Jesus: The
Misguided Quest for the Historical Jesus and
the Truth of the Traditional Gospels,
San Francisco, 1996.
(9) C.P. Thiede, Rekindling the Word:
In Search of Gospel Truth, Leominster
(U.K.)-Valley Forge, PA (USA)-Alexandria
(Australia),
1995; C.P. Thiede-M. D'Ancona, The Jesus
Papyrus, 1996.
Sugerencias de lecturas
René Latourelle,
A Jesús el Cristo por los Evangelios.
Hístoria y hermenéutica,
Sígueme, Salamanca, 3ª ed., 1992; t.o.:
L'accés á Jésus par les Évangiles.
Histoire et herméneutique. Escrito desde
la perspectiva de la teología fundamental,
con carácter histórico y hermenéutica, busca
la posibilidad de alcanzar un conocimiento
sólido de Jesús a través de los Evangelios.
Tienen especial interés las páginas 9-126.
José Caba,
De los
Evangelios al Jesús Histórico,
BAC,
Madrid, 2ª ed., 1980. Introducción a la
cristología desde el punto de vista bíblico
(de 1970; bibliografía actualizada en la 2.ª
edición).
José María Casciaro,
Jesús de Nazaret, Alga
Editores, Murcia, 1994.
Obra de carácter divulgativo dirigida a toda
clase de públicos (ver ACEPRENSA, servicio
169/94).