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ARQUETIPO (C. Monedero Gil)

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ARQUETIPO

Los arquetipos, concepto propio de la psicología de Jung, son elementos constituyentes del inconsciente colectivo, que representan las experiencias vividas por la Humanidad en tiempos remotos. Estas formas típicas, antiquísimas, de elaborar la experiencia exterior se repiten de unos hombres, y de unos pueblos, a otros. Los arquetipos son, pues, una serie de complejos innatos, que estructuran los elementos psíquicos en imágenes arquetípicas, y a los que tenemos acceso de una manera indirecta por los efectos comunes que producen.

Por C. Monedero Gil*

 

 

Los arquetipos, concepto propio de la psicología de Jung, son elementos constituyentes del inconsciente colectivo, que representan las experiencias vividas por la Humanidad en tiempos remotos. Estas formas típicas, antiquísimas, de elaborar la experiencia exterior se repiten de unos hombres, y de unos pueblos, a otros. Los arquetipos son, pues, una serie de complejos innatos, que estructuran los elementos psíquicos en imágenes arquetípicas, y a los que tenemos acceso de una manera indirecta por los efectos comunes que producen.

Los arquetipos, el inconsciente y el instinto.

La imagen que tiene el niño del padre o de la madre no es una reproducción exacta del padre o de la madre real; el inconsciente juega un papel importante en su formación. Lo que ocurre es que el niño proyecta una serie de temáticas de su inconsciente colectivo, en las cuales las figuras parentales ya habían sido elaboradas de una forma determinada, experiencia que el niño aprovecha para relacionarse con las figuras de sus padres concretos. Los arquetipos, como estructuras de inconsciente colectivo, son precisamente los responsables de las especiales elaboraciones que el hombre hace de la realidad exterior. Son formas primitivas e innatas de comportamiento vivencial.

El arquetipo es una imagen original que existe en el inconsciente colectivo, ajena a la experiencia personal y que se transmite de generación en generación. El dragón, por ejemplo, representa una imagen arquetípica. Para que una imagen pueda ser calificada de arquetípica debe mantener constante su simbolismo a lo largo de la historia del hombre.

Como habrá podido comprenderse, los arquetipos no son simplemente una serie de imágenes atávicas o ancestrales, sino que cumplen la importante misión de ordenar e integrar la actividad psíquica. Si en los primeros trabajos de Jung la noción de arquetipo se refería fundamentalmente a aquellas motivaciones que venían a cristalizarse en imágenes arquetípicas, posteriormente el concepto fue ampliándose, para considerarse que los arquetipos eran los ordenadores de todos los procesos y comportamientos psíquicos. Los arquetipos representan el sedimento de las experiencias hechas por la Humanidad en el transcurso de su vida. En este sentido hay que comprender el arquetipo como un patrón de conducta que el hombre aplica para resolver su problemática vital. Al mismo tiempo que nos sirve para ordenar la realidad, puede apartarnos de ella si sus simbolismos se imponen implacablemente. Los arquetipos se manifiestan en los diversos mitos y ritos primitivos representados hoy día en algunas actividades religiosas.

Sin embargo, los arquetipos no deben confundirse con las acciones instintivas. Aquéllos son las formas típicas que ha tenido la Humanidad de constituir la experiencia vital, que va transmitiendo a su descendencia. Esto explicaría la comunidad de estructura de unos hombres con otros y de las representaciones de unos pueblos con otros.

La noción de arquetipo, bastante confusa, ha despertado una gran cantidad de críticas, puesto que al considerar los comportamientos humanos como arquetípicos, los priva de su carácter original y libre. El arquetipo es algo que se impone al hombre, puesto que va unido a su propia esencia. La actividad simbólica se encuentra íntimamente ligada a los arquetipos. El profundo sentido de los símbolos se nos escaparía si olvidásemos la intensa influencia de los arquetipos. El tipo de psicoterapia preconizado por Jung se propone analizar el valor arquetípico de los símbolos del paciente. Mediante esta actividad se logra transformar su personalidad.

Los diversos arquetipos.

Jung ha descrito diversos arquetipos poniendo de manifiesto la importancia que tienen para una mejor comprensión del hombre. Vamos a describir algunos.

El anima es el arquetipo que el hombre tiene del sexo opuesto. El anima representa para el hombre tanto la madre primitiva como, al mismo tiempo, su ideal de mujer. La constitución de este arquetipo la verifica el niño en sus primeras vivencias infantiles y sexuales, que están íntimamente implicadas en el inconsciente colectivo. El anima no es solamente el arquetipo que el hombre se forma de la mujer, sino que representa también una divinidad femenina que aparece en las diversas religiones en diferentes momentos. El estudio del anima puede seguirse en múltiples creaciones literarias en las que podemos ver cómo los diversos literatos constituyen el arquetipo femenino: Andrómaca, Elisa, Laura, Kundry, etc. Cuando el hombre se refiere a la mujer que espera o quiere, se refiere a una constante transmitida por el inconsciente colectivo. La psicología femenina elabora su arquetipo masculino de una forma análoga. Para la mujer, su arquetipo masculino -el animus- es tanto la imagen del padre como del hombre ideal. Si en el anima estaba comprometido el sentimiento, en el animus estará comprometida la razón. La persona dominada por los arquetipos del sexo opuesto presentará un comportamiento primitivo e infantil. Jung hace la hipótesis de que el anima y el animus puedan tener también un soporte genético en los genes recesivos del sexo opuesto. Esta actividad recesiva de dichos genes mantendría a sus arquetipos propios en íntima relación con el inconsciente y explicaría que las motivaciones surgidas del inconsciente tengan siempre los caracteres del sexo opuesto.

Otro arquetipo es la cuaternidad. Esto ilumina el profundo simbolismo del número cuatro, del cuadrado, de la necesidad de cuatro elementos para encontrar la piedra filosofal en la alquimia, etc. En los sueños aparecen situaciones relacionadas con las conjuras de la alquimia; en ellas se confiere también un carácter preponderante al número cuatro. En tiempos antiguos se habló de los cuatro elementos, los cuatro puntos cardinales, los cuatro temperamentos, etc. Se trata de proyecciones arquetípicas en la forma de elaborar la realidad, en las que no hemos de ver solamente su manifestación anecdótica, sino comprender su contenido vivencial.

El árbol es un arquetipo que simboliza la persona humana. Lo mismo que el hombre, el árbol tiene raíces en la tierra y tiene aspiraciones que le conducen al cielo. También nace, crece y muere. Unas veces descubre su estructura interior, otras se cubre de hojas y se oculta. Esta identidad consigo mismo es la que vivencia el hombre cuando planta un árbol al nacimiento de un niño. Está viviendo un paralelismo de la vida del hombre con la imagen del árbol. El árbol produce fruto, se distancia enormemente de sus raíces, etc. La imagen arquetípica del árbol está íntimamente ligada a otros arquetipos: el dragón, la serpiente, los pájaros, etc.

Toda la doctrina de Jung sobre los arquetipos está en íntima relación con el inconsciente colectivo y, a su vez, aclara sus teorías sobre él. Se ha dicho y repetido que si Freud hizo el descubrimiento del inconsciente personal, Jung amplió el descubrimiento hasta el colectivo. Ambos descubrimientos no se contraponen. Es más, desde un punto de vista ideal, se complementan. Pero las doctrinas de Jung pecan de confusionismo, necesitan una clarificación y reelaboración para que puedan ser aplicables en la psicoterapia. 

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*En Gran Enciclopedia Rialp (GER), Tomo 3, páginas 32 y s


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Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

08/06/2005 ir arriba
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