|
Por J. M. Guasch Borrat*
Palabra de origen griego que significa aquello que está puesto frente a algo. El término adquiere especial relieve filosófico cuando lo usa Kant en la Crítica de la Razón Pura, dentro de la Dialéctica Trascendental. Las célebres antinomias de la razón pura que ahí se exponen constan de una tesis y de una antítesis. Ambos juicios, que son contradictorios, muestran la vaciedad de los conceptos puros de la razón que carecen del refrendo de la experiencia. En esa incapacidad encontrará Kant el fundamento para negar el valor de la Metafísica como ciencia. El rasgo de la antítesis es, en Kant, la imposibilidad de ser trascendida. Además, es algo propio de lo trascendental que no afecta a la realidad. Hegel no usará el término antítesis más que una vez. Lo hace en las Lecciones de Historia de la Filosofía y para criticar a Kant. Sin embargo, el ritmo ternario de su dialéctica legitima el que sus comentaristas usen la expresión antítesis para designar el momento real que, estando en contradicción con el anterior, lo completa. La discrepancia entre ambos autores se funda en la concepción hegeliana de que todo lo real es racional. Por tanto, la antítesis no es un juicio de la razón, insoluble, sino la contradicción real, un momento, que lleva a la superación en una ulterior síntesis. Así, por ejemplo, cuando indica que el ser es idéntico con la nada, esta nada es la antítesis que da a entender que el ser sin determinación alguna es puramente vacío: igual a la nada. Lo mismo ocurre en la relación siervo-señor. Un señor no es tal sino en la medida que lo es de un siervo, y viceversa: un siervo lo es porque está supeditado al señor.
La antítesis queda perfilada como ese momento que, negando la tesis, la dota de algún sentido. El vocablo, pues, requiere para su justa comprensión que se remita a otros términos del pensar dialéctico.
Fichte es también un pensador dialéctico. La antítesis es el segundo principio de su Doctrina de la ciencia. Segundo principio que se podría formular diciendo que a todo A se puede oponer su contrario. Principio evidente, que se alcanza de inmediato mediante una intuición tan necesaria, primitiva y universal, como la que posee el primer principio: A = A. El primer principio es el de identidad; el segundo, el de contradicción. Es algo de suyo manifiesto que una cosa es idéntica consigo misma y contraria a lo que se le opone. Pues bien, del mismo modo que en la intuición del Yo, el ser puesto por el Yo en nada difiere del acto que lo pone, al Yo divisible, finito, se le opone el no-Yo divisible, también finito, que es el mundo. La oposición, la antítesis, es el no-Yo. En la medida que ese no-Yo limita desde fuera al Yo finito se hace comprensible la interioridad del Yo.
Marx y el marxismo trasponen la dialéctica hegeliana del espíritu a la materia, aunque mantienen el método y su ritmo ternario. Se levanta antitéticamente la lucha de clases, necesaria como momento para la evolución social, frente a una sociedad primitiva. Marx pensaba que la humanidad en su primitivo estadio conoció la propiedad privada, pero poseyendo cada hombre los escasos medios de producción. Engels, por el contrario, creía que existió ya en un principio una forma rudimentaria de propiedad colectiva. La situación de paso en que la lucha de clases consiste ha conocido tres etapas: esclavitud, feudalismo y capitalismo. La antítesis marxista es la lucha de clases que será superada por una sociedad sin clases, con una propiedad colectiva evolucionada, llamada sociedad comunista.
___________________________________________________________________
*Gran Enciclopedia Rialp (GER), Tomo II, página 400. Editorial Rialp, S.A., Madrid.
|