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ADMIRACIÓN (J. García López)

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ADMIRACIÓN

Descartes, en su obra Les passions de l’âme, considera a la admiración como una de las seis pasiones primitivas o fundamentales, y la describe como «la súbita sorpresa del alma que la lleva a considerar con atención los objetos que le parecen raros y extraordinarios»

Por J. García López*




Según Platón y Aristóteles, la admiración es el principio u origen de la filosofía. El primero escribe: «el admirarse es un sentimiento propio del filósofo, y la filosofía no tiene otro origen que la admiración» (Teeteto, 155d). Y Aristóteles afirma: «por la admiración comenzaron los hombres a filosofar en un principio y siguen ahora filosofando» (Metafisica, Bk982b11 ss.). Por su parte, Descartes, en su obra Les passions de l’âme, considera a la admiración como una de las seis pasiones primitivas o fundamentales, y la describe como «la súbita sorpresa del alma que la lleva a considerar con atención los objetos que le parecen raros y extraordinarios» (o. c., II, art. 70).
 
      La admiración comporta un primer momento de retracción o encogimiento del ánimo por lo inesperado, insólito y extraordinario del hecho que la provoca. Pero este primer momento, que es propiamente el pasmo o el estupor, viene inmediatamente seguido de otro en el que el hombre, movido por el deseo de saber que le es connatural, tiende a descubrir la causa de aquel hecho mediante una investigación conveniente; y es precisamente este movimiento de búsqueda el que queda indicado en el prefijo ad de la admiratio. Se comprende así por qué la admiración es el principio de la filosofía y de la ciencia en general, mientras que el solo estupor en manera alguna podría hacerla nacer. La admiración surge en presencia de un hecho grande e imprevisto, cuya existencia es indudable, pero cuya causa desconocemos. Hay, pues, en la admiración un ingrediente de ignorancia, y para huir de esa ignorancia, o por el puro afán de saber (no con la mira puesta en alguna utilidad pragmática), el hombre se esfuerza por descubrir la causa que habrá de explicarle el hecho de que se asombra. Pero la filosofía es precisamente esa búsqueda de las causas de las cosas con el solo afán de librarnos de la ignorancia o, dicho positivamente, por el solo deseo de saber.     




*En Gran Enciclopedia Rialp (GER), tomo 1, pp. 229-230


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31/05/2005 ir arriba
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