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ACCIÓN, FILOSOFÍA DE LA (J. Hourton Poisson)

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ACCIÓN, FILOSOFÍA DE LA

Por acción, en el sentido blondeliano, hay que entender la entera actividad humana desde su surgimiento natural y cósmico hasta su integral despliegue espiritual. Envuelve el pensar, el ser y el actuar en una unidad sintética.

Por J. Hourton Poisson*




Expresión con la cual el filósofo francés Maurice Blondel (1861-1949) aceptó denominar su filosofía, después de la publicación, en 1893, de su tesis doctoral L"Action.

Ya desde 1882, cuando aún era alumno de la École Normale Supérieure, Blondel comenzó a reflexionar sobre algunos temas como la praxis y la energeia, que encontró en la metafísica y en la ética de Aristóteles. Pero fue sobre todo su preocupación apologética, es decir, su deseo de superar el racionalismo y alcanzar una filosofía cristiana, lo que lo condujo a ahondar en el tema de la acción y a situarlo en el mismo corazón de la filosofía. El término acción recibió así una acepción precisa y original.

Por acción, en el sentido blondeliano, hay que entender la entera actividad humana desde su surgimiento natural y cósmico hasta su integral despliegue espiritual. Envuelve el pensar, el ser y el actuar en una unidad sintética. Se sitúa más acá de las tradicionales oposiciones entre: actuar y hacer (agere y facere); acción y contemplación; pensar y querer (orden especulativo y orden práctico). De ahí que su filosofía se exprese en forma de una dialéctica propulsiva que incluye a los opuestos a la vez que aspira a superarlos y trascenderlos, desde el momento en que quiere, no tanto reflejar la vida en el dominio del puro pensar, sino constituir la vida misma en su verdadera realidad concreta.

Históricamente, el esfuerzo blondeliano se sitúa también en la prolongación del subjetivismo cartesiano y kantiano, con el deseo de trascenderlo. Más allá del cogito cartesiano que privilegia el puro pensar para desembocar en el idealismo, la acción blondeliana aspira a devolver todos sus derechos al querer, constitutivo esencial del actuar y, por ende, del «ser humano». Más allá de la dualidad kantiana entre la razón pura y la razón pura práctica, la acción blondeliana desea reintegrar en la unidad dialéctica las mutuas implicaciones del pensar y del querer en el actuar. De otra parte no quiere constituir un nuevo idealismo que acompañe al hegeliano y al husserliano en la línea poscartesiana, sino que se presenta a sí mismo como un «intelectualismo» y un «realismo integral», donde el ser no se construye en y por el pensamiento, sino por la opción libre del actuante.

De este modo, la filosofía de la acción quiere ser una «science totale», es decir, el nudo común de la ciencia, la moral y la metafísica, apta para enfrentar y asumir eficazmente «el problema de la vida», fijar las relaciones entre el conocimiento y la realidad y, por consiguiente, develar «el sentido del ser». Ni quiere tampoco limitarse a ser un vago moralismo ni una espiritualidad dinamizante y «existencialista», ni un pragmatismo edificante, sino que aspira a ser una metafísica bien introducida por una fenomenología positiva. Notemos, por último, que, si bien esta expresión filosofía de la acción es apta para denominar al pensamiento blondeliano, no es exclusiva y suficiente. Blondel mismo no se preocupó de poner una etiqueta definitiva sobre su obra, atendiendo más a filosofar que a crear un sistema. Por lo demás si bien las aspiraciones blondelianas son inmejorables, sus realizaciones no han encontrado una acogida universal; más aún, algunos de sus planteamientos han sido criticados viendo en ellos residuos de agnosticismo o de fideísmo, o un no acertado enfoque del tema de la inmanencia.




*En Gran Enciclopedia Rialp (GER), tomo 1, pp.115


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31/05/2005 ir arriba
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