por Gustavo de Prado
CINE-DVD
Título:
«HIJOS
DE LOS HOMBRES»
Dirección: Alfonso Cuarón.
Intérpretes: Clive Owen, Claire-Hope
Ashitey, Michael Caine, Julianne Moore,
Chiwetel Ejiofor.
Duración: 109 m.
Género: Drama/Acción.
La humanidad está llamada a desaparecer.
Las mujeres son estériles, el hombre más
joven (20 años) acaba de morir apuñalado, la
inmigración está descontrolada, hay
terrorismo islámico, atentados de grupos
nacionalistas y los Estados son
prácticamente dictaduras. Theo es un
funcionario apático e indiferente. Un día,
su ex-mujer, una activista, le secuestra y
le pide ayuda para trasladar a una chica en
una situación… peculiar.
Esta es la clásica película que no ha
recibido especiales parabienes de la crítica
en los festivales por los que ha pasado
pero, a cambio, ha recibido el apoyo
incondicional del público. Quizá la crítica
esperaba de Cuarón algo más sesudo, quizá
algo más progre, quizá algo más de izquierda
de toda la vida. Y ciertamente no se trata
de una película con un mensaje abundante al
estilo de “Gattaca” o de una búsqueda
esteticista como “IA: Inteligencia
Artificial”.
Cuarón es un contador de historias, un
seguidor de vidas, un cariñoso fisgón de los
caracteres humanos. Es lo que ha hecho en
cualquier género que tocara ya fuese en “La
princesita”, “Grandes esperanzas” o en
“Harry Potter y el prisionero de Azkaban”.
“Hijos de los hombres” es una película de
acción, una persecución, en la que van
apareciendo temas interesantes contemplados
desde una óptica más interesante aún.
El mensaje de la película se reduce a una
sola idea y a las consecuencias derivadas de
ella. Esa ausencia de niños, esa esterilidad
universal es una metáfora para hablar de la
falta de esperanza en la sociedad. Cuarón
observa los problemas de la actualidad y los
proyecta 21 años hacia el futuro, como una
denuncia de lo que acabará sucediendo si no
confiamos en la vida, si perdemos la fe en
el futuro, la esperanza en las generaciones
venideras.
Seguimos los pasos de Theo y Kee. Huyen de
esta distopía preapocalíptica en que se ha
convertido el mundo. Y buscan un lugar donde
poder empezar de nuevo, un barco, dicen,
llamado Mañana en el que viajan unos
científicos a cargo del Proyecto Humano. Y,
en su huida conoceremos a una galería de
variados personajes.
La humanidad sobrevive en un mundo donde los
Estados reparten Quietus, las
pastillas para el suicidio que garantizan
una muerte relajada. La trama no nos
aclarará grandes cosas: ni la causa de la
esterilidad, ni las pandemias, ni las
formaciones terroristas, ni la forma exacta
en que funcionan los gobiernos. Pero eso no
importa. El introducirnos en la situación,
sin explicaciones, ayuda a la credibilidad:
como si tuviésemos que estar al tanto de lo
que dice el último periódico. No sabemos si
ponernos de parte de los Estados
dictatoriales, de los activistas o, al
menos, de determinados activistas. Theo y
Kee encontrarán amigos y enemigos en todos
los bandos.
Lo mejor de la película es su poderosa
estética. Cuarón realiza largos
planos-secuencia. Esto hace que, en
ocasiones, decaiga el ritmo. Pero, a cambio,
logra con ello momentos de una fuerza
tremenda.
El plano de apertura es todo un ejercicio de
cine: la cámara filma sin cortes y ambienta
perfectamente el tiempo, el espacio y las
circunstancias en que nos vamos a mover.
Sintético, sobrio, estremecedor. Algo
similar se puede decir del asalto al coche,
del comienzo de la fuga o de otros momentos.
Sin duda, los 20 minutos finales son
absolutamente impactantes. Una larguísima
secuencia, muy ensayada, con una multitud de
extras, demuestra, además, la solvencia del
reparto para filmar sin interrupciones. Nos
encontramos con los protagonistas en medio
de una batalla urbana entre los activistas y
el ejército. Entre ambos contendientes hay
muchos inocentes y la balas cruzan de un
lugar a otro. Y, entonces, la esperanza.
Película tan interesante como entretenida
para cualquiera que busque algo más que
simple acción.
Arvo Net,
20/03/2007